Luisa de Marillac, Carta 0335: A mi querida Sor Juana Lepintre

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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Sierva de los Pobres Enfermos en el Hospital General

Nantes- Bretaña

Hoy, 10 de diciembre de 16501

Muy querida Hermana2

Le escribí por el correo anterior para tranquilizarla sobre la llegada en perfecta salud de nuestra querida Sor Juana de Saint-Albin,3 quien gracias a Dios continúa bien. He mostrado su carta al señor Vicente y espero que le haya escrito. Es para nosotras gran motivo de alabar a Dios, querida hermana, el que su caridad no deje de ejercerse por el bien de nuestra Compañía con el fin de que pueda cumplir la santísima voluntad de Dios, y uno de sus particulares cuidados es el de contribuir tanto como puede al interés del hospital de Nantes. Esto ha de servirle, querida Hermana, para convencerse de que cuando pasa bastante tiempo sin que reciba carta suya, después de haberle usted pedido consejo en sus dificultades, es o porque se han perdido cartas o porque verdaderamente le ha sido imposible escribirle, pues conozco muy bien qué corazón tiene para con su hija. Y puedo asegurarle, querida Hermana, que, sabiendo que él le había dado todas las soluciones necesarias, con frecuencia me he retenido yo de hacerlo, y otras veces lo he hecho atendiendo al contenido de sus cartas en las que me decía usted estaba esperando contestación de su caridad; porque bien sabe usted que una palabra de parte de él vale más que ciento de otras personas; y también que seria de temer que la diversidad de pareceres crease confusión o por lo menos hiciese perder mucho tiempo. No es, querida hermana, que por la gracia de Dios haya yo dejado de contestarle cuando ha deseado usted algo de mi.

Quisiera que viera usted mi corazón y se diera cuenta de que el alejamiento aumenta más que disminuye la estrecha unión que Dios en su bondad se ha complacido en establecer desde hace mucho tiempo entre nuestras almas, y en prueba de ello, lleve usted a bien que le advierta el que cuando haya algún disgusto con esa buena hermana4 que es un tanto difícil, a ser posible, no salga nada al exterior, ni siquiera al conocimiento de los señores Padres, ni del Administrador, a quien debe usted decir todo lo relacionado con los Pobres y el bien del hospital; pero por lo que se refiere a las pequeñas dificultades de su pequeña Comunidad, (deben quedar) entre ustedes solas, y puede usted tener la seguridad de que, así Dios bendecirá la confianza y dependencia que usted tenga de su dirección. Pero para ello hace falta mucha cordialidad y tolerancia y alegría. Le ruego me dé usted cuanto antes noticias suyas y de todas nuestras Hermanas a las que saludo con todo mi corazón, en el amor de Nuestro Señor, en el que soy, querida hermana, su muy humilde y obediente hermana y servidora.

P.D. Tengo mucha prisa. Creo que el señor Vicente le habrá contestado acerca de las confesiones.

  1. C. 335 Rc 3 It 296. Carta autógrafa.
  2. Juana Lepintre (ver C. 75, n. 1).
  3. Juana de Saint-Albin (ver C. 218, n. 5).
  4. Enriqueta Gesseaume. San Vicente había escrito de ella, después de la visita de abril de 1649: «es poco respetuosa, poco sumisa a la Hermana Sirviente, o no lo es nada» (SVP, lll, 432; Síg., lll, 393).

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