Hija de la Caridad, sierva de los Pobres enfermos en el Hospital San Renato Nantes
París. Hoy 4 de mayo de 16501
Mi querida Hermana:
Estoy lo más extrañada del mundo al ver que se queja usted siempre de no recibir noticias nuestras, y más desde la fecha que me dice. Creo que entre Sor Hellot2 y yo le hemos escrito más de seis veces. Es verdad que he dejado pasar unas semanas sin escribirle o mandar que le escribieran, pero ha sido durante el tiempo que sabía que el señor Vicente le había escrito. También es verdad, querida Hermana, que no he contestado a todos los puntos de sus cartas, especialmente a una que he recibido hace poco, en la que me dice que algunas Hermanas desearían inscribirse en el Rosario perpetuo. He de decirle, querida Hermana, que hace mucho propusimos esto al señor Vicente, sin que aún nos haya contestado; pero como sé que, lo mismo que otros superiores de otras Compañías, no permite que nos alistemos en tantas Cofradías, me parece que por lo que a ésta se refiere, debemos contentarnos con ser simplemente del Rosario.3
Hemos recibido dos cartas del señor Truchart4 muy diferentes una de la otra: en la primera nos apremiaba para que les enviáramos ayuda a ustedes, y en la segunda nos decía que lo difiriéramos. En esto, como en todo, querida hermana, hemos de adorar las disposiciones de la divina Providencia. La semana pasada le escribí extensamente a usted sobre este particular.
Espero que haya usted recibido mis cartas; se las envié dirigidas al señor de Annemont.5 Le ruego que salude a todas nuestras Hermanas para las que pido a Dios con todo mi corazón mucho ánimo que las haga guardarle toda la fidelidad que El pide de ellas en esta ocasión harto penosa para la naturaleza, pero que, con la ayuda de la gracia, espero nos sea muy provechosa. Así lo deseo para gloria de Dios y edificación del prójimo. No es, mi querida Hermana, que en medio de tantos obstáculos no se apoderen de su espíritu grandes penas y dificultades, tanto por la incertidumbre de los acontecimientos, como la oposición y habladurías de una parte y otra, como por no tener a una persona de confianza con quien poder desahogarse y aconsejarse; pero créame, querida Hermana, si yo estuviera en su lugar, pediría a Dios la gracia de ponerme en estado de grande indiferencia y la convicción de que no nos toca a nosotras obrar en esta circunstancia, sino ponernos en disposición de escuchar y sufrir todo lo que quieran decir, ya a favor, ya en contra nuestra, sin preocuparnos. ¡Ah!, querida Hermana, si así fuera, ¡qué consuelo sentiríamos al vernos, como el Hijo de Dios, objeto de las acusaciones y juicios de los hombres y enteramente dejadas del consuelo de las criaturas!; en tal estado es como la veré en adelante, en presencia de Dios, a quien suplico sea su fortaleza. Le recomiendo, querida Hermana, que si alguien quisiera hacerle hablar de todos estos cambios y enredos, le responda usted sencillamente: nosotras no tenemos nada que decir de todo esto, esperamos órdenes de nuestros Superiores para conocer y cumplir la voluntad de Dios. Advierta a nuestras Hermanas esto mismo; si logran todas hacerlo así, serán las mejores del mundo; en efecto, pienso que sería hacer lo que Dios les pide; en El, creáme más que nunca, en su santísimo amor, querida Hermana, su muy humilde hermana y servidora.
- C. 321 Rc 3 It 284. Letra de Sor Hellot. Carta firmada.
- Isabel Hellot, secretaria de Luisa de Marillac; ella es la que escribe esta carta.
- Probablemente quiere decir: contentémonos con rezar el rosario En este sentido va la nota explicativa 3 del P. Castañares a esta carta.
- Señor Truchart, confesor de las hermanas en Nantes.
- Señor de Annemont (ver C. 189, n. 4).







