Hijas de la Caridad Siervas de los Pobres Enfermos Chantilly
(enero de 1650)1
Mis queridas Hermanas:2
Alabo a Dios con todo mi corazón por la gracia que su bondad les ha concedido de ser buen olor ahí donde se ha complacido en emplearlas; pero cuiden bien de agradecérselo con la práctica de las virtudes que El pide de ustedes, sobre todo una gran cordialidad y buena inteligencia entre las dos. ¿Estoy equivocada en recomendarles esta virtud sin la que no podrían no ya ser buenas Hijas de la Caridad, sino ni siquiera buenas cristianas? Espero también que guardan ustedes lo mejor que pueden sus reglas, sin perjuicio para los pobres, ya que su servicio debe ser preferido siempre, pero de la manera que se debe y no según nuestra propia voluntad. Les hemos enviado sus estampas del año, iguales a las nuestras: esta santa es la que debe enseñarnos nuestro oficio, porque así como ella tuvo la dicha de servir a los pobres en la persona de Nuestro Señor, del mismo modo nosotras tenemos la de servir a Nuestro Señor en la persona de los pobres. Sor Genoveva, no se preocupe por las noticias de su hermana; está muy bien gracias a Dios y muy bien colocada. Si encuentra usted ocasión de escribirle, puede dirigir sus cartas a nuestras Hermanas de San Germán, porque ella está en esa feligresía. Rueguen a Dios por nuestra difunta Sor María Arnou, de Ennery3 y háganlo también por mi que soy, queridas Hermanas, su muy humilde hermana y servidora.
P.D. Pueden dejar ahí a la mujer que el Señor Obispo de Senlis ha mandado se les encomiende. Sean muy humildes. No nos envíen más jóvenes sin antes haberse asegurado de que estamos de acuerdo.







