Señor Séguier1
(hacia 1649)2
Excelencia:
El respeto que debo a su Grandeza me ha hecho hasta ahora servirme de personas distinguidas para recoger la caridad que se dignó prometernos en San Germán en favor de los pobres niños expósitos.
Pero al ver, Excelencia, que todo nos ha faltado, me tomo la libertad de dirigirle estas líneas, ya que me es imposible tener el honor de ir a verle personalmente, para poner en su conocimiento que cien de estos pobres niñitos, a las necesidades que actualmente tienen, ven añadirse la de carecer de pan para pasar estas fiestas. Y esta necesidad me oprime de tal manera el corazón, que temería yo hacerme culpable si dejase que cualquier consideración me impidiese recurrir a Vuestra Excelencia, que en tantas ocasiones se ha mostrado verdaderamente como el refugio de los pobres. Permítame, pues, este atrevimiento y el de referirme, con toda sumisión y respeto, en el Amor de Dios que le mueve a actuar, Excelencia, su muy obediente y humilde servidora.







