Hija de la Caridad sierva de los Pobres Enfermos en el Hospital de Nantes1
Hoy, 18 de agosto (1649)
Muy querida Hermana:
Alabo a Dios con todo mi corazón porque le ha devuelto la salud; la he compadecido mucho en esta larga enfermedad, unida a sus otras penas. Muchos motivos tenemos de esperar que Dios sacará su gloria de todos estos conflictos, lo que debe ser para usted un gran consuelo. El señor Vicente alaba de todo corazón a Dios por ello y le dice a usted que hay que esperar siempre las disposiciones de la divina Providencia en este acontecimiento de las diferencias que han surgido. Si las despiden a ustedes,2 querida Hermana, es de justicia que les paguen el viaje; y si somos nosotros los que nos vemos obligados a retirarlas, el señor Vicente ya ha rogado al señor de Jonchères que les dé lo necesario; pero en todo caso, tienen que tenernos al corriente de sus noticias antes de marchar de ahí, porque nos piden Hermanas por esa región. Le ruego, querida Hermana, que manifieste a todas nuestras queridas Hermanas que el señor Vicente alaba su generosidad y fidelidad a Dios en su vocación. ¡Ah!, sí, es muy razonable, queridas Hermanas, no dejarse llevar por cualquier viento. He visto al señor de…. uno de los Padres de los Pobres del año pasado, que está lleno de benevolencia hacia ustedes. Si Dios permite que permanezcan ahí, haremos lo que nos ha manifestado ser necesario. Me ha hablado del condimento que ponen en la olla; creo que no deben ustedes encontrar dificultad en echarle un poco de clavo, puesto que tal es la costumbre del país, como también, Hermana, hacer caldos para los enfermos graves que lo necesiten, ya que los Padres lo desean, lo mismo que tomarse el trabajo de hacer algún guiso para los convalecientes. No cuesta más y con esto ellos cobran fuerzas antes; a veces es muy poco lo que hace falta para contentar a los más descontentadizos. Le ruego que salude de mi parte al buen señor Don Juan,3 y usted reciba el saludo de todas nuestras Hermanas. Nuestra querida Sor Margarita4 de Liancourt, fue enterrada el día de San Roque; le ruego que todas nuestras Hermanas ofrezcan la Santa Comunión por ella. Nuestro buen Rey5 llega hoy a París, lo que llena de alegría todos los corazones. Pidan mucho a Dios por la Iglesia y por Francia y créame en su santo amor, querida Hermana, su obediente y humilde hermana y servidora.
P.D. Le ruego presente nuestros humildes y respetuosos saludos al señor de Jonchères,6 al señor de Annemont,7 al señor de la Truchandiere y a todos nuestros buenos amigos, sin olvidar a las Señoras.
- C. 296 Rc 3 It 253. Carta autógrafa
- Han vuelto a darse las dificultades en Nantes. Los Administradores hablan de despedir a las Hermanas (ver C. 290).
- Don Juan Morisse (ver C. 180).
- Margarita de Fismes, que estaba destinada en Liancourt.
- Luis XIV, a la sazón de once años de edad (Nota del P. Castañares a esta carta).
- Señor de Joncheres (ver C. 161 n. 3).
- Señor de Annemont (ver C. 189 n. 4).







