Saint Denis
18 de junio (1649)1
Muy querida hermana:2
Alabo a Dios con todo mi corazón por haberle devuelto la salud, y le suplico se la aumente, para gloria suya. Le ruego que sea muy reservada en decir las faltas de los inferiores, por razones que ya le diré, y cuide de que nuestras hermanas sean muy exactas en sus gastos y en llevar cuenta de ellos. No hay que echar, como mucho, más que tres cuarterones de carne por cada enfermo y otro tanto por cada hermana, pero se viene observando la costumbre de hacer puchero aparte para las Hermanas, ya que no es razonable coman del de los enfermos, a no ser que ellas estén enfermas también. Le ruego que no dejen de lavar los pies a los enfermos cuando ingresen; de ponerles ropa limpia y tratarlos con gran dulzura y caridad; su obligación es que los enfermos tengan las medicinas y el alimento a su hora, y que nuestras Hermanas observen con exactitud su reglamento. El señor Vicente me ha contado maravillas de Sor Cecilia3 y de la observancia de nuestras Hermanas. Espero que nuestro buen Dios le concederá a usted la gracia semejante cuando le haya devuelto la salud. Soy en el amor de su Hijo, querida Hermana, su muy obediente hermana y servidora.







