Luisa de Marillac, Carta 0268: A la señorita de Lamoignon

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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Hoy, 15 de diciembre [1648)

Mi querida señorita:

Le ruego perdone no haya escrito a la señora Seguin como me había usted ordenado. Me parece que son demasiadas las veces que he expuesto ya las extremas necesidades, tanto de los pobres Niños como de las «familias nutricias», hasta el punto de haber creído me hacía importuna para algunos, afligiendo los corazones sensibles y caritativos. No me queda por decirle sino que me parece ver a las Señoras de la Compañía, más madres de esos pequeños que las suyas propias, presas del dolor de las madres de los Niños Inocentes cuando fueron degollados sin que ellas pudieran impedirlo. No obstante, hay que esperar de la bondad de la divina Providencia algún socorro importante como lo ha hecho con los pobrecitos nuevamente encontrados, por lo que Dios sea eternamente bendito. Pienso, señorita, que pronto convocará usted una gran Asamblea; ¿no sería conveniente volver a considerar la opinión ya dada de que se hagan colectas todos los sábados en Notre Dame y todos los primeros domingos de mes y en las fiestas solemnes en todas las iglesias de los distritos de la ciudad? Es posible que todas las señoras, reunidas, se ofrecieran a encargarse de ello, cada una en su distrito, o interesasen a otras personas conocidas suyas si ellas mismas no pudieran hacerlo. Las que se encargaran pedirían a sus amigas y vecinas que las ayudaran, y así no sería demasiado trabajo; esto, supuesto se obtuviera el debido permiso que no creo negaran conociendo las necesidades; es posible que se alegue que se sacaría poco, es verdad, en cada lugar, pero todo junto representaría algo; preciso es que los señores de la Oficina saquen alguna ventaja, cuando ellos no dejan de hacerlo de continuo.

Me parece también, señorita, que hablará usted de la gran necesidad de socorros para mantener la «colación» del Hospital General; es ahora más necesaria que nunca; los pobres enfermos dicen a veces que no toman otra cosa en todo el día; lo que sí es cierto es que bocado agradable no tienen otro.

¿Recuerda usted, señorita, que al principio de esta obra las señoras encargadas de la instrucción daban cuenta de todo el bien que se hacía por medio de las visitas motivadas por la colación, tanto en lo espiritual como en lo material? Y así las demás señoras tenían conocimiento del fruto que sus visitas y limosnas producían; quizá se siga haciendo, pero el temor que tengo de que esta obra llegue a faltar, me hace tomarme esta libertad; usted tendrá a bien perdonársela a quien en el amor de Nuestro Señor es, cordialmente, señorita, su muy obediente y humilde servidora.

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