Hija de la Caridad sierva de los Pobres Enfermos
Hoy, 5 de septiembre (1648)
Querida Hermana:
Me ha proporcionado usted un gran consuelo con sus apreciadas noticias. Su primera carta me lo proporcionó doblemente, ya que me decía que toda esa querida familia estaba bien de salud; pero, al fin, nuestro buen Dios las ha probado dolorosamente en la persona de sus criaturas.1 ¡Qué felices son ustedes, queridas Hermanas; porque de sus brazos vuelan tantas almas a presentarse delante de Dios para alabarle eternamente!
Me pone usted un poco en cuidado de si la que está enferma es Sor Juana Bautista;2 si no fuera porque espero estar muy pronto de regreso, le rogaría que me diera en seguida noticias de ella; pero espero salir pronto de aquí.3 Le ruego, querida Hermana, le presente mis afectuosos recuerdos, como a todas nuestras Hermanas, a cuyas oraciones me encomiendo de todo corazón y también a las de usted, querida Hermana, de quien soy humilde servidora.







