(desde Liancourt), hoy 29 de agosto (1648)
Mi querido hijo:
¿Ha sido en casa del señor Oficial1 donde te has visto con la señora Mousnier que tan buenos ofrecimientos te ha hecho? Me quedé muy extrañada cuando me preguntó si tu asunto estaba hecho, no sabía si era el que tienes entre manos y nunca hubiera pensado que ella tenía tales conocimientos; es una buena amiga según me parece, y no debes temer valerte de ella, eso la obligará a guardar secreto. Me alegro de que hayas cumplido con el señor de Marillac2 y doy gracias a la bondad de Dios por el consuelo que les ha proporcionado después de la aflicción. Tengo que confesarte que he sentido mucha pena y tenido un gran disgusto por no encontrarme en París; hay que alabar y bendecir a Dios por todo y adorar las disposiciones de su divina Providencia. Regresaré lo más pronto que pueda, te lo aseguro. Si fuera necesario escribir al señor Oficial 2, ya me lo dirás. Suplico a Dios te guarde y soy siempre, querido hijo, tu afectísima madre y mejor amiga.







