(hacia 1648)
Según tengo entendido, querida Hermana, gozan ustedes la dicha de tener ahí, en Fontainebleau, a nuestra bondadosa Reina; si su Majestad quiere hablarle, no ponga ninguna dificultad, aunque el respeto que debe a su persona le inspire temor de acercarse a ella. Su virtud y caridad infunden confianza a los más pequeños para exponerle sus necesidades; no dejen ustedes de hacerlo también, con toda verdad, con las de los pobres.
No es necesario, queridas Hermanas, que les recomiende la modestia y el recato en medio de ese gran mundo; ya sé que estiman ustedes estas virtudes; pero sí les ruego hagan por sus pobres todo lo que puedan, especialmente en relación con el servicio espiritual que les deben ustedes.







