(hacia 1648)
Señor:
Creo es muy necesario quitemos de en medio hoy mismo, temprano, a esa pobre señorita,1 a la que parece Dios quiere salvar sacándola de tan lamentable peligro, con tal de que no se la abandone; porque si la dejamos en libertad, se perderá irremisiblemente, por varias razones que ya diré a su caridad cuando Dios me conceda la gracia de poder hablarle.2







