Luisa de Marillac, Carta 0213: Al señor Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

CREDITS
Author: Luisa de Marillac .
Estimated Reading Time:
[agosto 1647]

Señor:

Ayer me excusé con el señor Leroy1 de transmitir a usted un recado de su parte; pero me parece debo decirle todo lo que me dijo y lo que yo le contesté, aunque me será muy difícil hacerlo. Lo principal es que expone que él es el director y administrador del Hospital de los Niños y que como tal pretende ir allí cuando le parezca a hacer la instrucción; poner un sacerdote y responder de toda la atención espiritual; le agradaría le buscasen un sacerdote y se lo presentasen para que él le pusiera al corriente; que tiene en más estima este cargo que un obispado o un cardenalato; y que si se le negara esto, iría a quejarse al señor Procurador General2 y dimitiría del cargo de administrador que se le había conferido.

Yo le manifesté mi extrañeza de que no hubiera hablado de esto antes, y le dije que las señoras habían cuidado siempre hasta ahora con el mismo interés de lo espiritual que de lo temporal, como puede verse por los bautizos, confesiones en Pascua y preparación para la Primera Comunión, la preocupación porque se celebrara la Santa Misa tanto para los niños como para las nodrizas, y que yo creía que los señores del Cabildo se habían desentendido de la dirección de la obra, descargándola por completo en las señoras, a excepción de las mil doscientas libras de que debían rendirles cuentas; y que en más de cincuenta años que los señores del Cabildo habían tenido a su cargo la obra, no parecía hubieran llevado otra administración fuera de la de dicha cantidad; que, de todas formas, yo le hablaba sin haber oído decir nada de esto a las señoras a las que veía muy poco, y sólo le exponía cosas de sentido común. Se quejó de que no se le hubiera pasado aviso sobre Bicêtre.3 Le expuse que probablemente a las señoras ni se les había ocurrido que tenían que hacerlo y que además la cosa fue muy precipitada. Me dijo muchas más cosas y yo también a él, que ahora no puedo recordar; tampoco dejó de alegrarme la respuesta dada por Sor Genoveva4 a esos señores a pregunta de ellos y le expliqué el sentido en que ella la dio.

Si alguna alma buena pudiera conseguir de la Reina ese puesto para un establecimiento de la Misión, se evitarían muchas contradicciones y se haría un gran bien. Se me olvidaba decirle que, ante mi negativa a hablarle a usted, el señor Leroy se decidió ir a ver a las señoras y hablarles con entereza. Si su caridad tiene a bien ver la carta de la señora de Romilly5 y lo juzga conveniente, se la enviaré.

Tenga la bondad de bendecirnos y créame, señor, su muy obediente servidora y muy agradecida hija.

P.D. Acordándome de pronto de la gran necesidad,6 le dije que temía que las señoras se vieran pronto en la precisión de entregar toda la obra a quien pudiera sostenerla. Los dos quedamos buenos amigos porque yo le hablé como neutral.

Me parece que sería necesario pensar cuanto antes en lo del vino.

7
  1. Señor Leroy, sacerdote administrador de la Obra de los Niños Expósitos.
  2. Procurador General: Magistrado de alta categoría que tenía por oficio defender ante los tribunales supremos los intereses y derechos de los particulares y de los pueblos y comunidades. A la sazón era Blas de Meliand, hermano de la señora de Traversay, que ocupó el cargo de 1641 a 1650. Desde su alto puesto apoyó a San Vicente y Santa Luisa en la obra de los Niños Expósitos… (Notas del P. Castañares a esta carta y a la n. 62).
  3. Sobre el traslado de los niños al castillo de Bicêtre.
  4. Genoveva de Poisson (ver C. 97, n. 2).
  5. Señora de Romilly, de soltera Luisa Goulas, Señora de la Caridad que se interesó especialmente por la obra de los Niños Expósitos.
  6. La gran necesidad y pobreza que padecía el asilo de Bicêtre (Nota del P. Castañares a esta carta).
  7. Probablemente la venta del vino de que habla en C. 229. Privilegio que para ayuda de la obra de los Niños Expósitos había concedido el Parlamento de París, de vender vino sin pagar impuestos. El uso de este privilegio causó serios disgustos a las hermanas por parte de los taberneros de París… (Nota del P. Castañares a esta carta).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *