Luisa de Marillac, Carta 0210: Al señor Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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(22 de Agosto de 1647)

Señor:

Si su caridad lo encuentra bien, pienso es conveniente no marcharme de aquí1 sin haber dejado una maestra de escuela capacitada para enseñar a leer y a coser a las niñas, esto suponiendo que no haya nada urgente en casa que me obligue a regresar; para esto, tengo, señor, que hacer a su caridad una humilde súplica y es que por amor de Dios se tome la molestia de ver a nuestras cinco Hermanas a quienes he dejado haciendo retiro, sin haberme ocupado mucho de ellas y habiéndoles dejado esperar que volvería esta tarde o mañana por la mañana. Hay una de Saint Germain-en-Laye, una de Nanteuil, una del pueblo de Issy y la que creo que tendremos que despachar, de Saint Denis, porque no me parece apta. Las demás tienen grandes prisas en volver y sería necesario no demorarlo más del sábado próximo; la quinta es la que destino como maestra a nuestras niñas. Me parece, señor, que sería muy necesario que su caridad nos proporcionara pronto un sacerdote, por dos motivos, uno, para que enseñara a los niños y el otro, porque me parece, señor, que el primero que entre en posesión permanecerá después. Se nos ha muerto esta mañana un niño, y me he tomado la libertad de decir al sacerdote que ha de venir para enterrarlo, si no le causa demasiado trastorno, en vez de venir por la tarde, nos haga la caridad de venir por la mañana y así aprovechar para celebrar la santa Misa. Si cree usted necesario que las hermanas vayan a su casa para hablar con usted, le ruego humildemente se tome la molestia de decirlo antes que dejar de hablarles, aunque sería un gran consuelo para toda la familia el que lo hiciera en nuestra casa.

Si su caridad es de parecer que vayan las Hermanas a hablar con el señor Procurador General para recordarle las necesidades que ya usted le ha expuesto, creo que para ello debería ir Sor Genoveva2 porque las otras no saben hacerlo tan bien; habría que exponerle que hay que hacer la provisión completa de leña.

Nuestras señoras no han pensado en disponer un local para la escuela. Hemos visto uno en el piso bajo que sería muy indicado para los niños, a los que hay que separar de las niñas; no habría más que hacer una puerta y tapiar algunas ventanas; la de las niñas se haría en el piso de arriba. Me gustaría tuviésemos esos carteles alfabéticos que pondríamos en las paredes, es el método que tienen las Ursulinas en algún lugar; no me refiero a la escritura porque no creo convenga que las niñas aprendan a escribir. Es cierto, mi muy Honorable Padre, que se puede esperar mucho bien de esta obra si place a nuestro Dios continuar dándole sus santas bendiciones. Le pido de todo corazón por su santo Amor la suya para que se cumpla en mí, en esto, su santa voluntad, y soy, señor, su muy obediente y muy agradecida hija y servidora.

P.D. Olvidaba pedirle permiso para guardar abstinencia mañana viernes y ayunar, pues creo podré; y así lo haré si su caridad no me lo prohíbe.

  1. Luisa de Marillac había ido a Bicêtre, donde se estaba prosiguiendo la instalación de los Niños Expósitos.
  2. Sor Genoveva Poisson (ver C. 97, n. 2).

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