Señor:
Al fin la experiencia nos hará ver que no me faltaba razón para temer la instalación en Bicêtre:1 estas Señoras tienen el propósito de pedir a las Hermanas lo imposible. Escogen para ocuparlas las habitaciones más pequeñas, en las que el aire quedará en seguida corrompido, y dejan sin habitar las más espaciosas; pero nuestras pobres Hermanas no se atreven a decir nada. No quieren que se les diga allí la Misa, sino que las Hermanas vayan a oírla a Gentilly. ¿Y qué harán los niños entre tanto? ¿Quién se encargará de los quehaceres de la casa? Ahí tiene usted a Sor Genoveva,2 le ruego se tome usted la molestia de escucharla. Ella le explicará todo el trabajo y sufrimiento que tienen y las pretensiones de las Señoras. Temo que tengamos que dejar el servicio a estos pobres niños. ¡Hágase la voluntad de Dios!, por la que soy, señor, su muy obediente y muy agradecida hija y servidora.
P. D. Haga su caridad el favor de acordarse de nuestras dos señoras, que estarán preparadas para confesarse mañana por la mañana, si es posible.







