(hacia 1646)
Señor:
Acaba de salir de aquí la señora Marquesa de Mortemart,1 la cual me ha rogado suplique a usted muy humildemente de su parte recuerde el preceptor para su hijo.2 Sigue teniendo a un buen sacerdote de Roule, que empezó a enseñarle los primeros rudimentos; pero duda de su capacidad y no le ha ocultado que está allí provisionalmente. Dicho sacerdote se llama señor Lafon; la señora Marquesa ruega a usted, si le es posible, haga el favor de informarse acerca de él, porque si estuviera en igualdad de condiciones que otros, se le tendría en cuenta con los demás al deliberar. Agradezco humildemente a su caridad el bien que me ha hecho. Me parece que cuando me dejo llevar por mis temores, que me ponen en estado de verdadera aflicción, necesito que se me trate con un poco de dureza; verá usted por la carta de mi hijo, que le incluyo, por un lado mi debilidad y por otro, el motivo de mi dolor, siempre presente, que me hace tener tanta necesidad de su caritativa ayuda y de ser siempre, señor, su muy agradecida hija y muy humilde servidora.







