Luisa de Marillac, Carta 0142: Al señor Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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(24 de marzo de 1646)

Señor:

Muchos motivos tengo para humillarme al ver las disposiciones de Dios sobre mí, que soy indigna de la gracia que deseaba antes de nuestra querida fiesta de la Encarnación para que me sirviese de preparación. Suplico a la bondad de Dios poder conseguirla antes de que terminen las fiestas de Pascua y que, restablecido de su indisposición, pueda usted estar en perfecta salud para ello y para todo lo que nuestro buen Dios quiera de su caridad; le ruego por el santísimo amor de Jesús, que nos entregue usted de nuevo a Él y ofrezca mañana a su Santa Madre este cuadro dedicado al ornato de un altar que lleve el hermoso título de su nombre, pidiéndole nueva asistencia para mi hijo de quien no tengo noticia alguna desde el día 7 de este mes, lo que no deja de inquietarme; quizá sea también porque no he recibido ninguna noticia de la madre Superiora de la Visitación de Tours, ni del señor d’Esvre. Todo esto me llena el espíritu de temores. También le ruego humildemente, mi muy Honorable Padre, que me haga la caridad de ponernos mañana en el santo Altar a toda la pequeña Compañía, llena de faltas y dura de corazón, para que se cumpla en nosotras la santísima voluntad de Dios. ¡Oh amado Padre! Si el Señor le hace ver el motivo ¡qué espantosa tengo que parecerle! No veo nada en mí que no sea crimen, fuera de una débil voluntad de enmendarme. Ayude a su indigna hija con sus santas oraciones y caritativos avisos para que sea totalmente de Dios y obtenga de su bondad que mire con compasión a su pobre hijo.

Aquí tiene un libro que el señor Guérin, confesor de nuestras Hermanas de San Gervasio, le envía por conducto de ellas; también nos ha mandado uno a nosotras, quiera Dios que sepamos sacar provecho para gloria suya. Le pido con la mayor humildad de que soy capaz, postrada de corazón y afecto a sus pies, su santa bendición, para atraer sobre mi pobre alma las gracias que tanto necesita para ser verdaderamente, mi muy honorable padre, su muy obediente hija y muy humilde servidora.

En la víspera de la Encarnación del Hijo de Dios.

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