(hacia 1645)1
Señor:
El criadito de mi hijo acaba de decirme que ayer lo despidió y que no sabe dónde está; puede usted imaginarse mi dolor para el que pido a su caridad alivio y ayuda ante Dios, encomendando a su misericordia el estado en que puede hallarse en el presente y en el porvenir. Si quisiera usted hacerme la caridad de enviar a alguien de su casa para enterarse si ha dicho algo o qué ha hecho, pero sin que trascendiesen mis aprensiones ni las disposiciones que le ha comunicado a usted…; sería para mí un gran alivio saber algo. Como lo temo todo, me ha venido al pensamiento que quizá se lleve el mueble de su habitación para marcharse del todo sin que yo sepa dónde. No sabe cuánto siento darle tanta molestia, pero me es imposible buscar consuelo en nadie más; y no sólo esto, temo mucho que llegue a conocerse mi disgusto y que alguien quiera venir a traerme noticias lo que aumentaría mi pesar. ¡Qué dolor tan grande! Si Dios no tiene piedad de mí, no sé lo que haré. Ayúdeme usted a permanecer fuertemente unida a Jesús Crucificado, en quien soy, señor, su muy humilde hija y agradecida servidora.
P.D. Una palabra que dije a mi hijo a causa de mi gran pena.







