Hoy, día de Santa Ana (26 de julio de 1645)
Señor:
Me hace el efecto de que llevo mucho tiempo sin tomarme la libertad de hablarle, y esto me disculpará ante su caridad si me atrevo a decirle que estoy preocupada por su mal1, que se me antoja más grave de lo que nos hacen creer. Si fuera usted uno de nuestros pobres, me parece que nuestra agua fuerte del señor Desner le habría curado pronto, porque los ungüentos, cualesquiera que sean, irritan el mal y lo mantienen en supuración.
No sé, muy Honorable Padre, si el buen sacerdote de las Hijas de la Magdalena2 le ha hablado a usted; él apremia para que se resuelva pronto id salida de esa joven [/note] La joven con la que Miguel Le Gras tenía relaciones.[/note] y parece estar seguro de su conversión, ya que ella afirma que ;-o quiere pensar más en la persona3 a la que se siente atada y que lo que desea es volverse a su tierra. Me he acordado después de que esa era la resolución que juntos habían tomado antes de que los cogieran, y la carta que he mostrado a su caridad deja ver que el propósito de él es asociarse, después del matrimonio, con los padres de la muchacha que tienen un negocio de venta de vino o retirarse a esa región para vivir en paz y sin hacer nada. Parece, pues, con toda probabilidad, que el pensamiento de ella es que tan pronto como salga, él irá a buscarla.
Le pido muy humildemente perdón, señor, por hablarle de este asunto que para mí es tan reciente como el primer día y en algunos momentos se me hace tan doloroso como no puedo ni expresarlo. Sigo teniendo presente el pensamiento de que se acerca mi muerte y aunque yo acepte, si tal es la voluntad de Dios, dejar todos mis asuntos deshilvanados y en mala situación, si Dios lo quiere, no dejo por ello de sufrir a ese respecto. Tampoco nuestra pequeña Compañía, se ha visto nunca más débil. En una palabra, mi muy Honorable Padre, no sé si es que nos falta desde hace tiempo su presencia, pero estamos mal. Suplico humildemente a su caridad recuerde la proposición que le hice de tener una conferencia todas las semanas y que uno de sus sacerdotes asistiera a ella; cuando se lo dije, no me pareció que lo rechazara usted y hasta me hizo el honor de nombrarme a uno. A esa conferencia vendría cada vez sólo una Hermana de cada parroquia para evitar que los pobres quedasen desatendidos. Denos, por favor, su santa bendición y concédame el bien de mirarme ante Dios como lo que soy, señor, su muy obediente hija y agradecida servidora
- Úlcera en la pierna, mal del que San Vicente habría de sufrir hasta el final de sus días.
- Monasterio fundado para las jóvenes arrepentidas. Estaba situado en la calle des Fontaines, en una casa cedida por la marquesa de Maignelay…De la Dirección y administración del convento estuvieron encargadas las religiosas de la visitación o Salesas desde 1629 a 1671, es decir, durante cuarenta y dos años (Nota del P Castañares a esta carta).
- Su hijo Miguel.







