Hoy, 21 de julio de 1645
Señor:
He pensado que debía mandarle la adjunta carta para que se tomara usted la molestia de verla. Mucho me sorprende que sea la madre quien la haya mandado escribir, después de haberle yo dado a conocer los pocos medios que tengo para favorecer a la casa, y estando en la incertidumbre de que aun eso pueda servir de algo. No es que, viviendo ella allí, no quiera yo contribuir a su mayor bien por todos los medios que me sean posibles.
Ya sé que la mayoría de las jóvenes que están allí no aportan nada; si lo que ésta dice es verdad, podría tener una dote bastante buena para una muchacha de su clase, aun cuando quedase reducido a la mitad lo que dice poseer en su tierra. Creo que esas buenas religiosas han dado demasiado crédito a las razones que les ha dicho tenía para pretender en justicia lo que se propone. Le pido perdón humildemente, señor, por molestarle con esto, mi intención es darle a conocer el estado de este enojoso asunto, para cuando su caridad pueda ir a ver a esas buenas religiosas, que dicen lo necesitan mucho1.
Quiera la divina Bondad aumentar sus fuerzas en proporción a todos los negocios con los que unos y otros le agobian. En medio de todo esto, hágame la caridad de considerar ante Dios mis necesidades y de encomendárselas, puesto que es la única ayuda que tengo para cumplir su santísima voluntad, en la que soy, señor, su muy obediente hija y agradecida servidora.







