Hoy, 19 de julio (1645)
Señor:
Me olvidé ayer de decirle que la señora Chavenas quiere que nuestras Hermanas de San Gervasio1 perciban los 5 sueldos que las señoras que se encargan de preparar la comida para los pobres daban como salario a la mujer que llevaba el puchero antes de que fuesen las Hermanas a esa parroquia; y que cree que un trozo de carne de vaca que echaban a ese puchero para la misma mujer sea también para ellas, con dos panes que les da; ahora todo revierte en provecho de los pobres porque dicha señora Chavenas toma de las hermanas los 5 sueldos, todos los días, y el resto lo da a los pobres. Las Hermanas están disgustadas con esto porque las señoras les preguntan si están a sueldo y si la señora Chavenas no quiere digan que le dan ese dinero. Le ruego, señor, me diga lo que he de decirles deben hacer, pues la señora Chavenas me había dado esperanzas de que las cosas no seguirían así. Estoy también preocupada por si debemos mantener a Sor Jacqueline en Santiago2 o bien traerla aquí: es la que estaba en San Lupo 2. Sería preciso decirle a usted todas las dificultades pero no me atrevo a pedir hablar con usted sin saber que está usted de acuerdo. Ambas cosas son urgentes. ¡Cuánta necesidad tengo de que su caridad se ejerza en mi miseria! ya que no puedo tener otra ayuda que la dirección que me ha dado la voluntad de Dios, en la que soy, señor, su muy indigna hija y agradecida servidora.
P.D. Le suplico muy humildemente haga el favor de decirme si su caridad ha dado dinero a mi hijo, y también si le parece que vaya esta mañana a las Hijas de Dios3, a un funeral por una tía de la señora Verthamont que me ha pasado aviso, esto en el caso de que pueda tener su carroza.







