(hacia 1645)
Señor:
Tenemos un número bastante bueno de jóvenes, pero de momento no veo a ninguna lo suficiente formada para poder empezar el servicio a los pobres de San Gervasio1 (quiero decir empezarlo ellas) porque ya sé que otras los están sirviendo; no obstante, si la señora de la Porte2 quisiera solamente prestarnos a Sor Enriqueta3 durante quince días, creo que entre tanto podríamos proporcionar alguna; pero en ese caso, me parece que tanto el Párroco de San Gervasio como las señoras tendrían que saber que la habíamos pedido prestada, para que no se dieran por ofendidos cuando al cabo de tan poco tiempo la retiráramos. Si se me ocurriera alguna otra, ya se lo diría.
Tengo muchos temores por el asunto del que le hablo en el papel que he entregado a su caridad esta mañana. Temo por el espíritu y temo por el estado de ánimo, costándome trabajo someterme en este punto a la justicia eterna; por amor de Dios suplico a su caridad ponga atención en ello y crea que soy, señor, su muy obediente y agradecida servidora







