Luisa de Marillac, Carta 0120: Al señor Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Superior General de los Sacerdotes de la Misión

(hacia octubre de 1644)

Señor:

La confianza que nuestro buen Dios ha puesto en mi corazón hacia su caridad supera el temor que muy justamente debería tener de hacerme importuna, para suplicarle encarecidamente se acuerde de que se acerca el tiempo señalado para la ejecución de un artículo contenido en la minuta que le entregué antes de marchar1, y también, señor, para recordarle el deseo del señor Guillon con respecto al hospital en el que se encuentra su señora hermana. Temo se ofenda si no le damos ninguna respuesta de aquí al tiempo en el que esperaba recibir Hermanas, es decir, la fiesta de Todos los Santos. Permítame, muy Honorable Padre, que le pregunte qué debemos esperar con relación a su regreso. ¡Qué aliviada me sentiría si pudiera darle a conocer mis temores! Todos vienen a parar en el de que Dios me abandone, como creo haberlo merecido tantas veces. Le suplico humildemente me permita hacer el viaje a Chartres durante su ausencia, para encomendar a la Santísima Virgen todas nuestras necesidades y las proposiciones que le he hecho a usted. Ya es tiempo de pensar en mí y delante de Dios le aseguro que creo va en ello el interés de nuestra pequeña Compañía. La semana pasada vino una señora, viuda de un gentil hombre llamado señor Sigongne, para decirme que venía a ver si podría servir a Dios con nosotras. Tiene todavía una gran aflicción por la muerte de su marido, que la ha desprendido completamente de todo; no tiene hijos. No sé si es Dios quien la envía; me ha dado mucha compasión verla tan afligida en su amor.

En caso de que volviese, señor, ¿le parece a usted bien que la recogiéramos por algún tiempo como para, en cierto modo, hacer ejercicios, que, dado su estado, serían más bien una distracción para ella? No he creído deber decidirlo sin antes comunicárselo. Por fin, nuestro buen Dios ha permitido este largo viaje sin darme lo que le había pedido. Suplico a su bondad que lo devuelva a usted pronto con la salud completamente restablecida. Hágame la caridad de tomarse la molestia de tranquilizarme un tanto sobre su estado y de asegurarme que sigue creyendo que nuestro buen Dios quiere que yo sea verdaderamente su humilde y muy agradecida hija y servidora.

P. D. Permítame, señor, que le presente los muy humildes saludos de sus hijas, nuestras queridas Hermanas; ellas, como yo, extrañan su alejamiento. Nuestra Sor Ana2, de San Pablo, está muy enferma. Empezamos todas a resentirnos de que llevamos mucho tiempo sin tener la dicha de reunirnos ante su caridad para la conferencia3. La esperamos con todo afecto y le pedimos humildemente como preparación a ella, su santa bendición.

Hace nueve meses que esa señora se quedó viuda; es de buena y distinguida posición. Ya puede suponer que si la Beauce4 entrara en su itinerario, aprovecharía el momento de su regreso para hacer el viaje que le pido. Le ruego perdone lo importuna que he sido tantas veces sobre este asunto.

  1. El señor Vicente salió para Richelieu el 21 de septiembre. Regresó hacia el 29 de octubre
  2. Ana Hardemont. Numerosas cartas conservadas cuidadosamente por ella nos permiten seguirla. Estaba en la parroquia de San Pablo ya en 1640; fue escogida, en 1647, para la misión de Montreuil; en 1650, para la de Hennebont. Habiendo caído enferma, fue a Nantes donde permaneció hasta 1653, fecha en que fue enviada a Châlons para atender al cuidado de los heridos y después, a Sedan, en 1654. El 8 de agosto de 1655, estaba en París y firmó el acta de erección de la Compañía. Enviada a La Roche-Guyon, vuelve de allí para hacerse cargo de la responsabilidad de las «Casitas». En 1658, marcha a Ussel.
  3. No hubo conferencia desde el 11 de enero de 1644 hasta el 11 de diciembre del mismo año (ver SVP, IX, 160; Sig. IX /1, 160).
  4. Beauce: antigua región de Francia cuya capital era Chartres. Comprende llanuras muy fértiles en trigo (Nota del P. Castañares a esta carta).

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