Luisa de Marillac, Carta 0099: Al señor Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

CREDITS
Author: .
Estimated Reading Time:

Hoy, 19 de agosto (1643)

Señor:

Le expongo a continuación las dificultades que se me han ocurrido y que me ha ordenado usted le escribiera; me costaría trabajo enviárselas si no fuera porque creo que no han de perjudicar al cumplimiento de los designios de Dios sobre el particular. Le suplico humildemente que me conceda el honor de poder hablarle lo antes posible acerca de mi hijo. Creo que es necesario, así como que su caridad vea en presencia de Dios sus necesidades y en la forma en que usted sabe. Es su divina Providencia la que ha puesto este aumento de carga, a todas las caridades que ha hecho usted y sigue haciendo a la que es, por su Amor, su humilde hija y obediente servidora.

Las dificultades para continuar en Bicêtre1 son, primeramente: las proporciones del edificio y lo amplio del local que habrían de pasar más de dos años para ocupar la mitad.

Los grandes inconvenientes que se dan, incluso en París, cuando las casas han sido anteriormente habitadas por personas de mala vida. Con mayor motivo son de temer en un lugar que por muchos años ha servido de retiro a toda clase de gentes poco recomendables, no sólo dentro del castillo, sino también fuera, y de día y de noche.

El peligro que ofrecen los caminos para las Hermanas, que se ven con frecuencia en la necesidad de ir y venir a la ciudad.

La imposibilidad de llevar a los niños en brazos y la gran dificultad para hacerlo a lomos de caballerías a causa, tanto de las tierras arcillosas y de los malos caminos, como de las lluvias, granizo y nevadas.

Que serán necesarias muchas Hermanas por los viajes que habrá que hacer, tanto para los niños como para las necesidades de la casa, y no disponemos de tantas adecuadas para esa obra.

Los peligros que hay en que tantos viajes que han de hacer las Hermanas, las desequilibren ya sea de momento, ya en el futuro.

El gran gasto tanto para acondicionar el local para hacerlo habitable, como para abastecerlo, ya que las provisiones tendrán que ser en mayor cantidad que en otro sitio. Esto parece considerable.

La dificultad para que las Hermanas acudan a las asambleas y puedan venir todos los meses a la Casa o para ir allí a visitar a los niños.

Y si se tratase de llevar allí a todas las Hermanas de la Caridad, me parece que sería con gran perjuicio para toda la Compañía, a causa de las visitas necesarias de las Hermanas que sirven a los pobres en París, de los ejercicios que se hacen en la Casa, tanto para atender a los pobres enfermos, curar las llagas e instruir a las niñas, como, sobre todo, para las comunicaciones necesarias con los superiores y a veces con las señoras de las parroquias.

Si, no obstante todas estas dificultades, hubiera que ir, sería necesario, por lo menos durante este invierno, que dos hombres vivan allí y que se celebre todos los días la Misa en la Capilla, en la que se podría instalar una pila bautismal para bautizar a los niños, lo que se llevaría las cincuenta libras que han dado para ello.

Sería, además, necesario contar con alguna tartana y un caballo, para el traslado de los niños y esto facilitaría mucho; uno de los hombres podría llevarla.

Siendo esto así, habría que escoger con mucho cuidado esos dos hombres, a causa del trato o comunicación con las nodrizas y las Hermanas.

  1. Bicêtre (ver C. 94 n. 4).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *