Luisa de Marillac, Carta 0063: Al señor Abad de Vaux

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Hoy, 9 de octubre (o noviembre)1 1641

Señor:2

Bien veo que tendremos que renunciar a la esperanza de verle por aquí, puesto que la señora de Chantal3 marcha el lunes para ir a Moulins. ¡Dios sea bendito por todo!… Me extraña no haber tenido noticias de ninguno de esos buenos señores Padres de los Pobres Enfermos después de la marcha de Sor Isabel4. ¿Es tal vez que están disgustados y por eso no piden otra Hermana en su lugar? Mucho le agradeceré, señor, se tome el trabajo de decírmelo. Pido a Dios saque su gloria del establecimiento de esos buenos Religiosos5. Permítame que le diga el pensamiento que me ha sugerido lo que usted se ha tomado la molestia de decirme. ¿No le parecería a usted conveniente, para lo futuro, que si esos señores reconocen que sus pobres están bien servidos, le expongan ellos mismos al señor Obispo de Angers el estado en que se hallaban antes de que llegaran las Hermanas; y que habiendo querido para descargo de su conciencia poner remedio a tales desórdenes, intentaron probar el servicio de estas Hermanas antes de hablarle de ello? Y que habiendo hecho esa prueba por espacio de dos años y estando satisfechos desearían que el servicio continuara por orden de él y con su consentimiento, para lo que sería necesario las aprobara. No sé si estoy equivocada, pero me parece que esto nos pondría a cubierto de muchos planes que podrían hacerse; porque, habiendo Religiosos, creo que, andando el tiempo, podrían desear tener Religiosas. Y no es que, señor, yo me molestaría porque las hubiese, pero sí de que se sirviesen de nuestras Hermanas para hacerlo, por las consecuencias para nuestro humilde proyecto. Quizá sea ésta una previsión humana, pero sé muy bien a quién confío este mi pensamiento, que su caridad tendrá a bien aprobar o condenar como le plazca.

Me causa usted un poco de confusión al hablarme de esa buena condesa; ¿qué puede decirle mi ignorancia sino que no conozco a ningún Padre o director? ¿Qué le parecen, señor, los Reverendos Padres Jesuitas? De no ser ellos, ¿no conoce usted al señor Renard, uno de los primeros de esos buenos señores de las Conferencias y avezado en las Misiones? Es muy estimado como Director, y entre otras, lo es de la señora de Marillac, la joven6, que es ejemplar en virtud. Porque por lo que se refiere al señor Vicente, realmente no dispone de tiempo suficiente para atender de manera satisfactoria a un espíritu que empieza a entregarse a la devoción.

¿Puedo atreverme a pedirle una explicación sobre las últimas palabras de su carta que me hacen dudar sobre su estado: de hoy a seis meses? Las vicisitudes de esta vida tendrían que tener poder suficiente para hacernos desear la estabilidad de la eternidad, para la que tanta necesidad tengo de sus santas oraciones, así como para seguir siendo, señor, su muy humilde y obediente hija y servidora.

  1. Luisa de Marillac ha debido de equivocarse al poner la fecha, porque la señora de Chantal dejó París el 11 de noviembre de 1641.
  2. C. 63 Rc 4 It 352. Carta autógrafa
  3. Juana Francisca Frémiot, Baronesa de Chantal, Fundadora, con San Francisco de Sales de la Orden de la Visitación Nació en Dijon en 1572 y murió el Moulins el 13 de diciembre de 1641 Tanto el señor Vicente como Luisa de Marillac tenían en gran estima a esta sierva de Dios.
  4. Isabel Martin (ver C. 27, n. 1), que había marchado a descansar a Richelieu.
  5. Los Canónigos Regulares de San Agustín Reformados, (ver C. 60, n. 1).
  6. Juana Potier, mujer de Miguel de Marillac, el consejero en el Parlamento, nieto del Guardasellos (ver C. 30, n. 2).

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