Una de las Hermanas de la Caridad que cuidan a los pobres enfermos en Angers1
1 de agosto (1641)
Mi querida Hermana:
¡Bendito sea Dios porque se encuentra usted mejor de salud! Cuídese por su santo amor, y crea que uno de los medios es estar alegre, conformándose enteramente con la santísima voluntad de Dios, sin inquietarse por nada; diga con sencillez las cosas que necesita y no se aflija pensando que sus dolencias la hacen a usted inútil, porque nadie fuera de usted piensa tal cosa.
He tenido gran satisfacción en hablar con el bueno del señor Avril. Ruego a nuestro buen Dios que continúe concediéndoles las gracias que les otorga a todas. Encargo a usted que anime a las Hermanas a perseverar y sobre todo a tener entre ellas una paz grande y cordial.
La agradezco la hermosa cuchara de oro2 que me ha enviado; me sirvo de ella con gusto. No dude nunca de mi amistad en el amor de nuestro amado Jesús Crucificado, que ya sabe usted es la unión de nuestros corazones, y esto me hace estar con frecuencia a su lado; pídale mucho por mí querida Hermana. Aconséjese del señor Abad acerca de cómo debe usted portarse en lo que dice de Sor Magdalena3 y siga amorosamente su consejo. Le deseo de todo corazón la perfección en el santo amor, en el que soy, mi muy querida Hermana, su humilde hermana y servidora.
- C. 54 Autog. en San Nicolás de Metz.
- Se trataba sin duda de una cuchara de cobre, lo que en aquel entonces era todavía un lujo casi desconocido. Aparte los cubiertos de plata, en las casas de los grandes, lo que se usaba corrientemente eran cucharas de madera de boj.
- Magdalena Mongert, que sucedió a Isabel Martín al frente de la Comunidad.







