(1641)1 Muy queridas Hermanas:2
Supongo extrañarán ustedes un poco la ausencia de nuestra querida Sor Isabel3 aunque estarán contentas de que nuestra querida Sor Magdalena4 ocupe entre tanto su puesto. Por mi parte, alabo a Dios de todo corazón y las invito a que sean con ella muy cordiales y sumisas, mirándola como aquella de quien deben ustedes recibir las órdenes para cumplir bien con su (deber). Ya sólo con esto encontrarán ustedes, queridas Hermanas ocasión de practicar muchas virtudes y adquirir una gran perfección; y descuidando este punto, no podrían hacer nada bueno; y si algunas tuviesen, a veces, alguna pequeña dificultad o disgusto, examínense sobre e,te punto y verán Hermanas cómo esa falta es la causa de todo ello, juntamente con un poco de amor propio. Es mala cosa ese amor propio, nos hace perder toda razón y a veces hasta olvidarnos de Dios. Si algunas se vieran afligidas por inquietudes o debilidades, en nombre de Dios, les ruego que acudan en seguida a la oración y a ser muy observantes de las Reglas y prácticas de virtud en las que tienen que ejercitarse. Comuniquen con puntualidad sus dificultades o penas a su director, a quien deben mirar como si ocupara el lugar de nuestro Angel de la Guarda, o bien a la Hermana encargada, pero nunca a otras. Encomiéndenme en sus oraciones.
- C. 49 Ms. A. Sr. Chétif 1, n. 7. Copia.
- Las copias hechas por Margarita Chétif, después de la muerte de Luisa de Marillac, no citan ningún nombre con el fin de guardar toda reserva y discreción, ya que la mayoría de las destinatarias de las cartas vivían todavía.
- Isabel Martín, ver C. 27 n. 1).
- Magdalena Mongert (ver C. 42 n. 1).







