Angers
(1640)
Mi querida Hermana:
Tomo parte de todo corazón en sus sufrimientos y alabo amorosamente a Dios por el ánimo que su bondad le comunica. Me parece que si dejara usted los medicamentos y tomase mucha agua buena, estaría usted mejor. Quédese en paz por lo que me dice; renueve sus buenos deseos y crea que delante de Dios la cosa vale como si estuviera hecha. Me encomiendo a sus oraciones y a las de todas nuestras Hermanas y soy, querida hermana, su afectísima hermana y servidora.







