Éste es mi testamento…
Perdón por todo lo que han tenido que sufrir, unos y otros, a través de lo que ha sido mi pobre vida.
Perdón, especialmente, por esos once años de servicio, en la Casa Madre, a toda la Compañía, durante los cuales la mediocridad de mi vida interior se ha interpuesto como un obstáculo ante el designio de Dios sobre la comunidad.
Gracias a todas y a todos. La «Familia Vicenciana» ha sido intensamente y en toda verdad mi familia espiritual.
A mi familia natural, le recomiendo que viva de fe y de confianza en Dios.
Mi deseo es que no se hable de mí y que, cuando muera, todo se haga con la mayor sencillez, según el espíritu de los Fundadores.
Doy gracias al Señor por haberme llamado a la Familia de san Vicente y, sobre todo, por haberme dado el gozo de creer en Él de manera absoluta, gracia especialísima que sin cesar ha subrayado con otras gracias de misericordia y acompañado con la casi constante de reconocerle en los pobres.
A todos aquéllos y aquéllas de los que me separo y a los que me ha unido profunda amistad, los dejo encomendados a la Virgen María:
Única Madre de la Compañía, Madre de los pobres,
Auxilio de los afligidos.
Una vez más, perdón y gracias.
SOR LUCÍA ROGÉ
Hija de la Caridad.
24 de enero de 1991








