Abril, 1979
Durante las Jornadas internacionales de hermanas jóvenes
1. Sí, la alegría es importante para el servicio. Es expresión de libertad interior y de un amor colmado. Los pobres necesitan el testimonio de nuestra alegría, no de una alegría bulliciosa, sino de una especie de serenidad interior que lleva en sí la certeza de una esperanza. Es la portadora de una esperanza cierta y principal; el obstáculo a la alegría está en nosotras mismas, hay que dejar de hacer de nosotras el centro de todo.
2. Ocupar puestos de autoridad, quizá, represente para la Hija de la Caridad una dificultad para mantenerse en su espíritu. Considerar este puesto como un servicio, es la primera condición para vivir ese espíritu. Esto debe traducirse primeramente en los contactos personales: sencillez que proviene de la liberación del corazón, en el fondo del cual, no nos identificamos con el cargo, sino que lo consideramos como un servicio.
«Dios no nos ha enviado para tener cargos y tareas honorables, ni para obrar o hablar con pompa y con autoridad, sino para servir y evangelizar a los pobres».1
Por consiguiente, sencillez, no por afectación, sino sencillez que se basa en la humildad que proviene de la certidumbre de que se está dispuesto a transmitir a otros esa función en cualquier momento. Atención especial a los más pequeños. Competencia.
3. Sí, san Vicente insiste sobre la sencillez y la pureza y, muchísimo, sobre la pobreza y la humildad.
La sencillez consiste en renunciar a todo lo que no sea agradar a Dios. Si se aplica a cosas concretas afecta a todas las preocupaciones personales, afán de comodidades, de satisfacciones personales, en el vestir, la alimentación, el alojamiento. Enlaza con la humildad que nos hace pensar que todo lo recibimos de Dios.
Medio de resistir a la influencia de la ciudad es rendir culto a una actitud de sinceridad. Es rechazar en nosotras toda ambigüedad.
- No disimular la verdad.
- No tratar de ocultar la verdad.
- Tener el valor de decirse, en comunidad, la verdad, lo que hace pensar inmediatamente en «amarse lo bastante para decirse la verdad». Esto supone un clima de amistad, de un cierto calor humano, para que esta verdad se reciba, no sólo espiritualmente, sino también humanamente.
- Rendir culto a una actitud de sinceridad ante sí mismo y en comunidad.
- Necesitamos también un testimonio comunitario que, evidentemente, comienza por el nuestro. Es preciso repetirse a propósito de sus Hermanas: «Si amo a los que me aman ¿qué hago más que los paganos?».2
4. La pobreza, que vivimos, es un problema que nos está interpelando siempre. Sucedía lo mismo en tiempo de san Vicente. Todos los días estamos en camino de convertirnos en propietarios de algo, materialmente, afectivamente, espiritualmente. Vivamos la pobreza interior y reduzcamos nuestras necesidades materiales. No se puede separar lo uno de lo otro. Sí, la pobreza no habla, pero la falta de pobreza, sí.
El día que visitamos Chartres dieron ustedes muestras de sobriedad, no compraron un sin fin de recuerdos, no hablaron a la gente por la calles. Pero si hubieran invadido todos los almacenes, esto sí habría hablado mucho en el sentido de dar muestras de poder adquisitivo.
Hemos de hacernos perdonar nuestras posibilidades por el amor, la humildad y la sencillez. No hagamos ostentación de lo que tenemos, sin necesidad. Sólo, debemos servirnos de ello para servir a los pobres. Que reservemos verdaderamente nuestra competencia para el servicio y que, al utilizarla, revelemos la ternura de Cristo.
Las religiosas de la Madre Teresa son para nosotras una interpelación providencial. Su espíritu no es el mismo que el de san Vicente, en algunos puntos, pero en otros, es absolutamente idéntico. Por ejemplo,
- la visión de Cristo en el pobre,
- la radicalidad de la pobreza,
- la disponibilidad (estar dispuestas en 20 minutos).
Algunas diferencias:
- La Madre Teresa lo hace todo gratuitamente, depende, por tanto, del dinero que recibe de las limosnas.
- Vicente de Paúl quiso una cierta libertad en el servicio de los pobres. Algunas trabajarán ganándose la vida, otras lo harán benévolamente.
- San Vicente evangeliza a los ricos, abriéndolos a los pobres, los interpela e incita. Parece ser que la Madre Teresa recibe ayuda de los ricos, a partir de otras modalidades que san Vicente.
- Las religiosas de la Madre Teresa no son hijas de parroquia, primordialmente.
5. Es verdad que ha cambiado la concepción del trabajo, pero hay muchas maneras de trabajar. La doctrina vicenciana me hace plantear cuestiones a nivel de utilización del tiempo libre. Se es Hija de la Caridad en todo tiempo, incluso, cuando se reposa físicamente. No hagamos de cada tiempo libre una especie de dimisión de nuestra vida consagrada. Consideremos el tiempo dedicado a escuchar a los demás como un tiempo pleno y, en cierta manera, como «trabajo misionero».
En cuanto a la pobreza, planteémonos todas las noches esta cuestión. ¿Con quién voy camino de identificarme?, ¿con qué clase social?, ¿con la clase media, pobre o rica?








