Lucía Rogé: Hace diez años… nuestra Madre Guillemin

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Lucía RogéLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Lucía Rogé, H.C. .
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Marzo de 1978

Hace diez años, Nuestra Madre GUILLEMIN nos dejaba… No me resig­no a que este aniversario transcurra en el silencio. Su vida y su muerte ¡fueron de tal densidad humana y espiritual para la Compañía…!

«Poseía, realmente, el carisma de los profetas y lo compartía con toda sencillez… como hija de san Vicente».1

Y, efectivamente, es así. El profeta transmite un mensaje que en últi­mo término procede de Dios… Como pasa con todos los profetas, el mensaje de nuestra Madre parte de un juicio sobre el presente, un juicio de situación, al que sigue una llamada a la conversión y la promesa de una renovación. Escuchémosla, una vez más, expresar sus conviccio­nes sobre la vida consagrada ante la evolución del mundo. ¡Qué realis­mo en esos «pasos» que nos propone:

«…pasar:

de una situación de posesión a una situación de inserción,

de una posición de autoridad, a una posición de colaboración, de un complejo de superioridad religiosa, a un sentimiento de fraternidad,

de un complejo de inferioridad humana, a una franca participación en la vida,

de una inquietud de conversión moral, a una inquietud misionera».2

El mismo tono está lleno de firmeza, que procede de la convicción de marchar en la línea del Evangelio, y es interpelante como el de los profetas. Hace diez años, estos «cambios» representaban una situación nueva para la vida consagrada activa.

La Madre Guillemin, profundamente inserta en la actualidad, de la Iglesia en Concilio y de la Compañía en el mundo, supo plantear los verdaderos problemas de justicia, de coparticipación, de proximidad y de lo absoluto de la consagración: «La sinceridad de nuestra integra­ción es esencial, con tal de que deje transparentar los valores de la consagración».

Sus actitudes, como sus palabras, traducen el pensamiento domi­nante de su vida: Dios, a quien hemos consagrado nuestras personas y nuestra actividad por el servicio humilde y lleno de amor a los pobres, en los que lo reconocemos.

Su enseñanza espiritual es clara, unificada en torno a este eje, y siempre en estrecha conexión con la vida y los acontecimientos. Vol­viendo a la imagen del profeta, nuestra Madre Guillemin nos transmitió ese mensaje de conversión, de contemplación, de don total y de espe­ranza, a través del compromiso de toda su persona. Para ser compren­dida, no se contentó con palabras solamente, sino que tuvo el coraje de pasar a los hechos. Y transformó su mensaje en testimonio de vida misionera auténtica.

Parece que sus palabras, en esta fase preparatoria de las Asamble­as, conservan toda su fuerza: «En cada época, Dios tiene dos clases de designios sobre la Compañía: uno es permanente e inmutable a través de los tiempos: el espíritu y la vocación auténticos de la Compañía. El otro, peculiar de la época actual no es sino la expresión del primero, pero adecuado a las circunstancias, adaptado a la actualidad y, por consiguiente, sujeto a cambios» (1965).

Este trabajo de discernimiento es el que tenemos nuevamente ante nosotras. Es conveniente sentirnos en correlación con «quienes nos pre­cedieron en la fe».

En este aniversario, pidamos al Señor que nos conceda la sabiduría para afrontar los problemas de hoy y la auténtica fidelidad que Él espe­ra de nosotras en la Compañía: «Allí, donde se encuentre una Hija de la Caridad, cualquier hombre pobre debe sentirse comprendido, amado, respetado en su dignidad personal. debe encontrar una imagen viva del amor de Cristo».3

Unidas en la oración, en la búsqueda y en el afecto,

SOR LUCÍA ROGÉ
Hija de la Caridad

  1. Jean PIHAN, Suzanne Guillemin, Problemas y futuro de las religiones. Presentación, p. 7
  2. Ibídem, pp. 33-34.
  3. Sor Susana GUILLEMIN, Escritos y Palabras, CEME, Salamanca, p.179.

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