Sus cohermanos de Amiens escribieron, algún tiempo después de su muerte: » En la conferencia que, según el uso establecido en la Congregación, sobre la vida virtuosa del Sr. Louis Dupré, superior de la casa de Amiens y muerto el 8 de octubre de 1752, hemos considerado a este querido difunto como misionero y como encargado, durante mucho tiempo, de conducir una de las casas de la Congregación, de vigilar por la observancia de las reglas y en el mantenimiento del espíritu primitivo en toda una provincia de la que era Visitador. No se hizo más que pasar ligeramente sobre las cualidades naturales que había recibido de Dios y que, según la expresión de uno de los más sabios y de los más virtuosos eclesiásticos de esta ciudad, habrían sido suficientes para hacerle llegar a un rango honorable entre los hombres más capaces de su siglo. Estaba dotado de un espíritu justo y calmado, de un juicio sólido, y a ello unía una excelente memoria. Se reconocían en él todas estas cualidades; pero lo que hacía que se le tuviera como santo, es el buen uso que hacía de ellas. Y en efecto, aunque sus conocimientos fueran muy extensos, no obstante, no le hinchaban el corazón como lo hacen a veces las ciencias, que son, por otra parte, las más útiles y las más necesarias.
Su ardiente caridad se dio a conocer en muchas ocasiones, no solo por lo que hacía para procurar la gloria de Dios, sino en particular por la compasión y la ternura que tenía para con los que sufrían. Se puede, con toda razón, asegurar que era esa su virtud dominante y el fondo de su carácter. No podía dirigir las miradas hacia un desdichado sin sentirse conmocionado, y no lo estaba nunca de una forma estéril y sin atender enseguida a estas miserias que estaba viendo y, muy a menudo, incluso más allá de sus fuerzas; ya que una caridad menos fuerte no hubiera atreverse a emprender lo que hacía.
Quedamos sorprendidos y, al mismo tiempo, grandemente edificados cuando, en 1740, en tiempo de una miseria general, fue elegido por Mons. el obispo de esta ciudad para recoger entre las gentes acomodadas los socorros necesarios para los pobres; hemos visto a este caritativo difunto, ya a cargo de la construcción de un gran edificio, pedir prestado por todas partes para acabar su obra, proponerse él mismo y toda su casa dar tanto al mes, y realizar así una suma que apenas habría podido obtener de las gentes ricas.
Por grandes que fueran sus debilidades, en los dos últimos años de su vida, parecía renacer y recobrar milagrosamente fuerzas cuando se acercaba el tiempo del retiro que se deba, en esta casa, una vez al año a los párrocos y vicarios y varias veces a los demás eclesiásticos, y se murió con el disgusto de no haber podido aumentar lo suficiente el número de las habitaciones para dar retiros a los laicos como se hace con gran fruto en la casa de San Lázaro en París. Su corazón se dilataba cuando oía que Dios se dignaba bendecir los trabajos de los operarios apostólicos. Tenía una estima tan grande de las Misiones que experimentaba un enorme consuelo en el Señor cada vez que podía acudir allí para trabajar.
Tales fueron las virtudes por las que nos ha edificado el Sr. Louis Dupré, nuestro muy digno superior y visitador; su memoria se conservará aún largo tiempo después de nosotros. No olvidaremos que había sido para los inferiores un verdadero modelo de todas las virtudes y que él se habían mostrado en todo más como un padre que como in superior (Anciennes Notices manuscrites.)







