Los votos de la Congregación de la Misión

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

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Author: · Source: Anales españoles 1972.
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LOGO CMIntroducción.

En este tema, ligeramente vidrioso, es bueno insistir en la ra­zón de nuestro intento de reestudio. Somos miembros de un gru­po que tiene por finalidad promover estudios acerca de los más importantes problemas de la comunidad (Const 54, decreto 2). Cada uno de nosotros trae la representación de una región y su propia competencia. Para lo primero necesitamos hallar un medio de oír a los misioneros, de conocer sus ideas para que sean teni­das en cuenta. Seguidamente podremos aportar nuestra personal experiencia y competencia. Al mandar estos estudios a las pro­vincias esperamos hallar un eco en los compañeros que nos esti­mulen y orienten.

I. Naturaleza de los votos en la Congregación.

Nuestros votos, según la Asamblea General última los definió, son perpetuos, simples, privados (Const. 52). Rumores públicos, aunque oficiosos, indican que la comisión de reforma del Código de Derecho Canónico va a innovar la terminología, dando el valor de público a cuanto se ‘relaciona con la profesión de una comuni­dad aprobada por la Iglesia. Y por ello nos dice: «Le voeu est pu­blic s’il est reconnu par l’Eglise, si sa matiére est définie par des statuts ou constitutions approuvées, s’il fait partie de l’engage­ment dans un Institut approuvé par l’Eglise, et si la dispense de ce voeu est reservé au Superieur… ou au Souverain Pontifice.» Por esto el grupo mantuvo una discusión sobre este aspecto.

Hemos de tener en cuenta que muchos misioneros de todas las provincias de la Congregación se oponen a todo cambio en nues­tros votos, no sea que insensiblemente acabemos siendo religio­sos. Por ello nos sentimos impulsados a rogar a la Comisión de Reforma del Código que evite ese procedimiento de vocabulario. Y aun cuando no logremos este intento ante la Comisión, cree­mos necesario insistir en que forme parte de dicha Comisión algún representante de las sociedades de vida común, al menos como consultor. Y esto es importante no sólo para esta cuestión.

En lo que afecta a la «publicidad» de los votos, el grupo no le da mucha importancia, tal como lo plantea actualmente la Co­misión. Porque la misma Comisión gradúa la publicidad y man­tiene la distinción entre los institutos religiosas, las comunidades de vida común y los institutos seculares. Por todo esto, aun cuan­do fallaran nuestros intentos de evitar tal vocabulario, la distin­ción es neta entre los diversos grupos y nosotros seguiríamos siendo no-religiosos. Lo que sí interesa es que clara y distinta­mente, y con toda precisión, determinemos y definamos qué ex­presan nuestros votos según la mente de San Vicente, que acep­tamos y queremos seguir manteniendo.

2. Necesidad de los votos en la Congregación.

La necesidad de los votos en la Congregación, de darse, se fundaría en la misma naturaleza jurídica de la comunidad o en la intención y mente del Fundador, o en la voluntad actual de los misioneros. El grupo dedicó algún tiempo a la investigación de cada una de estas posibles fuentes.

a) La naturaleza jurídica de la Comunidad.

El Concilio Vaticano II (L. G. 44) reconoce que existen insti­tutos jurídicamente sin votos y con otros vínculos que los hacen equivalentes a los votos. Pero el Concilio afirma un hecho, y es un hecho que la Congregación existe con votos. «Ecclesiae Sane­tae», sin embargo (Sec. II, p. 1, 6; cf. Const., sec VIII, Decreta temporaria II), determina que «el Capítulo General tiene derecho a cambiar ciertas normas de las Constituciones «ad experimen­tum», con tal que el fin, la naturaleza y la índole del Instituto se guarden. Si estos estatutos dan libertad de cambiar y aun eliminar los votos, el grupo no logró una opinión unánime. Unos piensan que tenemos esa libertad; otros lo niegan, porque los votos per­tenecen a la índole, si no a la naturaleza, de la Congregación; otros piensan más, que la Asamblea General, al determinar la emisión de los votos (Const. 51, 52), ya excluyó de la competencia de este grupo el estudio de tal hipótesis de eliminación.

Y así, cada uno abunda en sus sentimientos.

b) La mente de San Vicente.

San Vicente manifestó diversos sentidos sobre los votos. (No hablemos en este momento del voto de estabilidad.) Algunas ve­ces, principalmente en los primeros años, presentó los votos como un medio de dar estabilidad a los misioneros en la vida y trabajo de la Congregación. Otras veces los presenta como medios de santificación y de configuración con Cristo. Otras, incluso como constitutivo de alguna consagración total. Esta diversidad posible­mente indique una evolución de su mentalidad bajo el influjo de la realidad y de las cambiantes circunstancias. En todo caso, San Vicente tuvo a los votos como medios. Se pregunta, pues, si el fin se puede obtener con otros medios. Pero si los votos afectan a la índole de la Congregación, creemos que los votos deben rete­nerse mientras no se hallen otros medios mejores y notablemente superiores para la consecución de nuestros fines.

c) La voluntad de los misioneros.

La gran parte de los misioneros se opone a todo cambio de los votos; y hasta se extrañan que se piense siquiera en la elimi­nación de los votos. Y, por cierto, con alguna razón, pues son muy pocos los misioneros que quieran eliminarlos. Si, pues, la voluntad de los misioneros se toma como criterio, los votos deben ser declarados necesarios.

3. Utilidad de los votos en la Congregación.

Pero ¿qué dan los votos al ejercicio de los consejos evangéli­cos, a la vida de comunidad, al apostolado en la Congregación? En la respuesta a esta cuestión el grupo no es uniforme. Algunos creen que los votos, al menos tal como los hemos vivido, ofuscan las exigencias más hondas de los consejos evangélicos y los as­pectos más humanos de nuestra vinculación a la Comunidad; por ello cuestionan la utilidad y eficacia de los votos. Otros, recono­ciendo esa dificultad, que atribuyen no a los votos, sino a la in­adecuada formación, creen que los votos son elementos consti­tutivos de unidad y de consagración vicenciana, que de otra for­ma no se conseguiría.

En la práctica, todos estamos de acuerdo: la formación e institución de los misioneros debe llevar consigo una investigación y búsqueda del núcleo, de manera honda y da la, de la natura­leza evangélica y teológica de los consejos evangélicos en toda su amplitud. Y dando de lado al máximo a todo juridicismo, los votos han de ser entendidos y explicados en ese contexto y sólo en él.

4. Algunas observaciones sobre el voto de estabilidad.

El grupo estudió muchas cuestiones acerca de la estabilidad, las que incluimos en los siguientes puntos:

a) Motivo que llevó a este voto.

Que San Vicente instituyó los votos en la Congregación para lograr mayor estabilidad, lo admitimos todos. En años sucesivos percibió otros valores, incluso intrínsecos y por propia experien­cia, pero sin detrimento del sentido y primer motivo.

b) Qué comprendía el voto de estabilidad.

Haciendo voto de pobreza, castidad y obediencia ante Dios, los primeros misioneros nada explícitamente prometieron con voto acerca de la duración y trabajo estable en la Congregación. Para que el vínculo con la Congregación fuera más firme y explícito, San Vicente estableció el voto por el que todos explícitamente se comprometían ante Dios a permanecer y trabajar toda la vida en la Congregación. Lo que concretamente esto significa se deter­minaba en las Constituciones y Reglas de la Congregación.

Se pregunta: ¿el voto de estabilidad, según la mente de San Vicente, tuvo una relación directa y explícita con aquel fin de la Congregación que consiste en la evangelización de los pobres? Unos responden afirmativamente, otros no. Aquéllos fundamentan su opinión en palabras del mismo San Vicente; éstos piensan que no era entendido ya desde el principio, dada la diversidad de obras existentes.

c) Las interpretaciones de la Asamblea General.

Dadas las interpretaciones de la Asamblea General sobre el cuarto voto, se pregunta si estas interpretaciones son verdaderas y auténticas o si el grupo debe elaborar estudios para que ese voto se interprete según la mente de San Vicente; o si la Asam­blea General próxima debe interpretar este voto según las exi­gencias y necesidades de este tiempo. Algunos de nosotros res­pondieron afirmativamente a lo primero y tercero, y negativa­mente a lo primero y tercero. La Asamblea General tiene poder de interpretar auténticamente las Constituciones. Pero una inter­pretación por auténtica que sea puede ser falsa, y así la materia ya interpretada queda sujeta a nuevas interpretaciones de las Asambleas siguientes. Si la Asamblea General estudia la estabi­lidad, debe buscar interpretarla según la mente de San Vicente.

Por ello, el grupo se da cuenta de la necesidad de estudios y de un mayor trabajo para aclarar esta cuestión.

 

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