LÉRIDA: Seis años después de la Fundación: (7 julio 1940 a 30 enero 1947)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión en EspañaLeave a Comment

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Author: Mateo Coll · Year of first publication: 1947 · Source: Anales Barcelona.
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mso16037Condensar en un artículo de cortas dimensiones seis años y medio de vida, por simple que ésta haya sido, no es tarea fácil; y, sin embargo, trataré de realizarlo.
Era el 5 de julio de 1940, primer viernes de mes, cuando el P. Padrós, promotor de la nueva fundación de Lérida, y el que suscribe, visitaban oficialmente al Excmo. Dr. Moll, Obispo A. A. de Lérida, con el fin de hacernos cargo de una iglesita de la barriada de La Bordeta. A pesar de estar todo humanamente previsto, una negativa rotunda del señor Obispo nos heló el alma. Sonaron conferencias telefónicas entre nosotros y el señor Visitador P. Comellas y entre éste y el señor Obispo y se logró el permiso de tomar posesión de la expresada iglesia. El P. Padrós regresó a Bellpuig, quedando yo instalado en una casa particular (la del Sr. J. M. Joana) que se hallaba en un estado lamentable a causa de la guerra civil recién pasada.
El 7 de julio, domingo, a las nueve y media, celebraba ante mediana concurrencia, mi primera misa corno Cura Encargado de aquella barriada. Seguidamente, y a pie, salía hacia Albatárrech, Parroquia distante cinco kilómetros, que también nos había sido confiada, con el fin de celebrar la Santa Misa. Así empezó nuestra actuación en La Bordeta.
Poco tiempo había pasado cuando mis Superiores enviaron para hacerme compañía al H. Inglés. Y en diciembre del mismo año, tras habernos encargado el señor Obispo el cuidado de las dos Parroquias de Montoliu y Sudanell, llegaba de Valencia el P. Martín Matas con este objeto. En el verano del año 1943 venía de Figueras el P. Vicente Enrich para tomar a su cuidado dos nuevas Parroquias, las de Vilanova de. la Barca y Alcoletge, las que, debido a la excesiva distancia, a la crueldad del clima y a la débil complexión del Padre, habían de ser parte en acelerar su muerte, acaecida el 7 de enero de 1945. E. P. D.
La inesperada muerte del buen P. Enrich aumentó el trabajo de los supervivientes; puesto que el señor Obispo, que ya lo era en aquel entonces el Dr. Juan Villar, nos obligó con sus ruegos a seguir cuidando siquiera la Parroquia más cercana, que lo es Alcoletge, con 1.200 almas.
Desde entonces, año 1945, el P. Matas cuidó de Sudanell, Montoliu y Albatárrech, quedando yo al cuidado de La Bordeta, Alcoletge, y, además, la Capellanía Oficial del Cementerio de Lérida con las obligaciones más importantes anejas al cargo.
Todo el cúmulo de trabajo que esto supone, se ha realizado con cristiano tesón, bendiciéndolo Dios visiblemente. Salvo en muy raras ocasiones, y a causa de impotencia física o fuerza mayor, se ha dejado a los pueblos sin misa o sin las funciones religiosas imperadas o indicadas por la Sagrada Liturgia. Viendo nuestro denuedo, los pueblos se han conmovido y muchas almas han vuelto a Dios. Los Sacramentos son más frecuentados, la Santa Misa más concurrida, la palabra de Dios, que se les ha predicado todos los domingos y fiestas, ha sido escuchada con avidez; en una palabra: puede decirse sin temor a exageración, que el bien ha aumentado en un 500%.
Las parroquias de Sudanell y Montoliu, a pesar del estado deplorable en que las dejó la revolución marxista, presentan hoy un aspecto hermosísimo, como si hubieren sido recién construidas. Y las demás han mejorado muchísimo su aspecto tétrico en que estaban sumidas, gracias a las obras en ellas rea-lizadas y a la colocación de nuevos altares, imágenes, bancos, luz eléctrica, ropaje, ornamentos y mil cosas más que las animan y dan vida. Pero lo más laudable y consolador es ver a aquellos pueblos que mataron a sus sacerdotes, que vivían alejados de la Iglesia a causa de las falsas doctrinas que les eran predicadas, volver a Dios, buscar la amistad del sacerdote en tal forma, que no dudo en afirmar que hoy podemos ir tranquilamente de casa en casa sin temor a un desprecio, siendo atentamente recibidos en todas ellas.
De estos pueblos a nosotros confiados (y esto es ya oro fino) han salido un número de vocaciones sacerdotales, misioneras y religiosas muy digno de tenerse en cuenta y que dice mucho en nuestro favor.
Todo sea para la gloria de Dios, que tan visiblemente ha bendecido la nueva fundación de Lérida, que, desde ahora, pasa al cuidado de los Padres José Pous, como Superior, y Martín Matas como Procurador de la misma, rogando al Dador de todo bien se digne guiar sus pasos por donde más redunde en su mayor gloria y bien de tantas almas a ellos confiadas.
No quiero terminar sin una pequeña observación: al cuidado de los Padres, y por espacio de dos años, ha estado el buen H. Julián Batlle, ayudando no poco a nuestra labor. Hoy, en su lugar, está el no menos ejemplar H. Eduardo Salvadó, quien, por las buenas disposiciones que demuestra y sus deseos de trabajo, será de gran alivio a los buenos Misioneros que quedan al cuidado de las Parroquias; mientras que yo, después de despedirme de todos y agradecerles sus múltiples servicios y fraternal cordialidad, me retiro, llamado por la Obediencia, a la Casa de Barcelona, siempre a sus amables órdenes.
Barcelona, 1º de febrero de 1947.
Mateo Coll, C. M.

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