LA PALABRA HOY: Eclesiástico 3, 2-6.12-14; Salmo 127; Colosences 3, 12-21; Mateo 2,13-15.19-23
Ambientación: Imágenes de san José, la Virgen y el Niño. Alrededor de ellos podemos poner fotos de familias, de las nuestras, de inmigrantes o los nombres de nuestros familiares.
CANTOS SUGERIDOS: Cantando la alegría de vivir; Id y enseñad
Ambientación
En medio de una familia Jesús se educó, creció y maduró. No siempre fue fácil su vida familiar, como muestra el evangelio de hoy. Pero él vino para encarnarse y para compartir todas las dificultades humanas, también las familiares. Que nuestras familias y todas nuestras relaciones se revistan del amor, para poder así superar todas las adversidades.
Clave de lectura:
Toda la vida de María y de José se convierte en un empeño, espera y esperanza, para comprender y realizar el proyecto de Dios en sus vidas. Pero no por eso, abandonaron su empeño de entender y seguir lo que su Hijo podría ir descubriéndoles.
Para nosotros también es totalmente importante conocer y seguir el proceso de búsqueda y encuentro con el Señor. El estar junto a Jesús y ser la Madre del Hijo de Dios no le exime a María del proceso difícil, que lleva a la comprensión de los planes de Dios en la vida personal.
Oración inicial
Al celebrar hoy la fiesta de la Sagrada Familia, danos, Padre, la gracia de valorar
el don inestimable y precioso que es tener una familia, para que así podamos ver y sentir tu amor, en cada uno de nosotros,
y darnos cuenta que eres Tú,
el que te haces presente en el amor,
que une a los esposos,
en el don que son los hijos,
en la gracia de tener un hogar,
en la dicha de sentirse amados,
en todo lo que Tú nos regalas continuamente, y que son presencia viva de tu amor hacia nosotros.
Danos un corazón agradecido,
para valorar lo que es el don de la Familia,
que Tú quisiste que tu HIJO, también tuviera una, la de Nazaret, con María y José. Que así sea.
I. Lectio: ¿Qué dice el texto? – Mateo 2, 13-15.19-23
Motivación: La vida de Jesús, reconocido por los paganos y rechazado por los suyos, se encuentra amenazada de muerte, pero guiada siempre por Dios. Escuchemos:
Forma de leerlo:
- Proclamar el texto en voz alta (todos de pie).
- Cada uno puede leer en voz alta el versículo que más le llamó la atención (sentados).
Preguntas para la lectura:
- ¿Qué relación encuentras entre Moisés y Jesús? ¿Qué dificultades parecidas experimentaron ambos?
- En el relato encontramos tres elementos que se repiten: orden de partida y regreso por parte del ángel, realización de la orden y cita bíblica conclusiva. ¿Qué te sugiere todo esto?
- ¿Por qué motivos la familia de Jesús se instala en un lugar distinto al que vivía antes?
Otros textos bíblicos para confrontar: Os 11,1; Ex 2,15; Ex 4,22; Ex 4,19-20; Ap 12,4-6; Lc 2.39
II. Meditatio: ¿Qué me dice? ¿Qué nos dice el Texto?
Motivación: También nosotros hemos recibido la vida, las tradiciones y la fe en medio de una familia como la que tuvo Jesús. En ella hemos aprendido a descubrir que Dios conduce la historia e ilumina su sentido con su Palabra.
- ¿Se vive un verdadero ambiente familiar en la comunidad, grupo o parroquia donde desarrollas tu fe? ¿Qué signos descubres?
- ¿Qué hago para formar una familia cristiana en mi casa y una comunidad de fe y de amor en mi parroquia?
- ¿En qué sentido te ha configurado tu familia? ¿Qué importancia ha tenido y tiene en la transmisión y vivencia de tu fe?
- ¿Conozco situaciones familiares difíciles? ¿Estoy dispuesto a ayudar? ¿Cómo?
- Dios conduce la historia de modos muchas veces incomprensibles. ¿Qué esperanzas anima en mí este modo de actuar de Dios?
Luego de un tiempo de meditación personal, compartimos con sencillez nuestra reflexión, lo que el texto ME dice a mi propia realidad y situación personal.
III. Oratio: ¿Qué le digo al Señor motivado por su Palabra?
Motivación: Muchas veces, la oración nos abre la mente para la comprensión de la Palabra de Dios y de los sucesos de la vida. Como José, queremos conducir nuestra vida conforme a la voluntad de Dios, que nos habla a través de su Palabra y de los acontecimientos cotidianos.
En el espíritu de acción de gracias y de contemplación de la vida familiar de tantos padres y madres de familia que siguen el ejemplo de José y de María, hacemos nuestro el salmo 127: Dichosos los que temen al Señor
IV. Contemplatio: ¿Qué me lleva a hacer el texto?
Motivación: Del mensaje del Papa Francisco a las Familias:
Algunas semanas atrás, en esta plaza, dije que para llevar adelante una familia es necesario usar tres palabras. Quiero repetirlo, tres palabras: permiso, gracias, y perdón. Tres palabras claves.
Pedimos permiso para no ser invasivos. En familia: ¿puedo hacer esto? ¿te gusta que haga esto? Aquél lenguaje del pedir permiso.
Damos gracias: gracias por el amor, pero dime, ¿cuántas veces al día le das las gracias a tu esposa? ¿Y tú a tu marido? ¿Cuántos días pasan sin decir esta palabra? ¡Gracias!
Y la última, perdón. Todos nos equivocamos, y a veces alguno se ofende en la familia, en la pareja; fuerte algunas veces… Yo digo «vuelan los platos», ¿eh? Se dicen palabras fuertes, pero escuchen este consejo: no terminen el día sin hacer las paces. La paz se rehace cada día en la familia. Pidiendo perdón: «perdóname» y se recomienza de nuevo.
Permiso, gracias y perdón. ¿Las decimos todos juntos? Permiso, gracias y perdón. Bien, hagamos estas tres palabras en familia, perdonarse cada día.
En la vida la familia experimenta tantos momentos bellos. El descanso, los almuerzos juntos, las salidas al parque, al campo, la visita a los abuelos, la visita a una persona enferma, pero si falta el amor, falta la alegría, la fiesta, y el amor siempre nos los da Jesús. Él es la fuente inacabable.
- ¿Qué podemos hacer para que Dios tenga un lugar en nuestra familia, para que reconozcamos y valoremos las bendiciones y las gracias que Él nos regala cada día y así agradecerle por todos sus dones y gracias?
Oración final
Te damos gracias, Padre,
porque Cristo, tu Hijo,
se hizo verdaderamente
como uno más en nuestros hogares.
Su familia de Nazaret nos muestra la existencia del creyente como actitud de éxodo hacia la patria esperada; y, de paso, nos enseña que la cruz estará presente siempre en el camino.
Su vida en familia santificó esta realidad humana, y nos muestra el valor básico y permanente de la misma: comunión de amor y de vida al servicio tuyo y de los hermanos.
Por intercesión de María y de José bendice, Señor Jesús, nuestras familias y concédenos que reflejen un poco la tuya de Nazaret. Amén.







