Lectio para Domingo de Ramos (preparada por Chuno Chávez Alva, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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Author: Chuno Chávez Alva, C.M. .
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Porque se humilló, Dios lo exaltó

LA PALABRA HOY: Marcos 11,1-10; Isaías 50,4-7; Salmo 21; Filipenses 2,6-11; Marcos 14,1-15,47

Ambientación: Una cruz desnuda, adornada con palmas o ramos de olivo, y sobre ella un cartel: “¡Hosanna!”

Cantos sugeridos: Hosanna al rey de los cielos; Tú reinarás

Ambientación

Este día acompañamos a Cristo en el camino pascual: gloria y hosanna, sí, pero al rey que triunfa desde la humildad y el sacrificio total. Poco a poco nos vamos sumergiendo en el silencio contemplativo del acontecimiento de la Cruz, de donde surge verdaderamente el canto pascual de la victoria. Hoy tenemos la oportunidad de abrirle las puertas de nuestro corazón para que entre y reine en él.

Oración inicial

Oh Cristo,
Tú entras hoy bajo el clamor de las gentes
al escenario mismo de tu pasión salvadora…
Tú, rodeado por todos,
no desechas la falsa acusación y condena
que ha de salvarnos a todos:
Atráenos hoy con el poder de tu pasión,
para que seamos en verdad discípulos tuyos,
dispuestos a acompañar toda pasión y dolor,
sufridos en inocencia e injusticia,
entregados a consolar todo tormento
y toda agonía del mundo…
Haznos aclamarte en verdad, hosanna,
Hijo de David, y salvador de los hombres,
ten piedad de nosotros.
Y por tu camino de cruz, redímenos con tu entrega y humillación,
oh Cristo, que mueres abandonado por todos,
¡Oh siervo fiel de la voluntad del Padre!

I. Lectio: ¿Qué dice el texto? – Marcos 11, 1-10

Motivación: Jesús llega a Jerusalén. En Él se cumplen las promesas hechas al pueblo de Israel, a toda la humanidad. Cristo, el Hijo de Dios, su Siervo fiel, elige la humildad, el servicio. Jesús entra en la ciudad montado en un asno. La gente aclama a Jesucristo. Su encarnación, su entrega, su solidaridad con la persona humana, su amor hasta la muerte, su vida resucitada, nos traen la Salvación de Dios. Escuchemos:

Forma de leerlo:

  1. Proclamar el texto en voz alta (todos de pie).
  2. Cada uno puede leer en voz alta el versículo que más le llamó la atención (sentados).

Preguntas para la lectura:

  • 1-7: Los preparativos de la entrada. ¿Qué manda hacer Jesús a sus discípulos?
  • Lee Zacarías 9,9-10: cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento. ¿Qué significado tiene este modo de entrar en Jerusalén? ¿Qué indica acerca de Jesús?
  • Según Marcos, ¿cómo reaccionan los discípulos y la gente en este pasaje? ¿cuáles son sus expectativas?

Otros textos bíblicos para confrontar: Is 62,11; Zac 9,9; 2 Re 9,13; Sal 118,26; Mt 21,1-11; Lc 19,29-40.

II. Meditatio: ¿Qué me dice? ¿Qué nos dice el Texto?

Motivación: Entusiasmarse con Jesús es fácil, pues su figura no deja indiferente, pero ir detrás de él pase lo que pase y mantener la fidelidad cuesta más. Meditemos sobre la calidad de nuestro seguimiento.

  • Israel esperaba un Mesías poderoso, que lo liberase y lo colocara a la cabeza de las naciones… ¿Cuál es la imagen de Dios y de su Enviado que manifiesta el texto leído? ¿Cómo es el Reino de Dios que espero?
  • Tu Rey viene a ti humilde y sentado en un asno. ¿Qué consecuencias tiene para tu vida seguir a un Mesías humilde y pacífico como Jesús? ¿La paz y la humildad son valores importantes en tu vida? ¿Cómo puedes favorecerlos en tus ambientes?
  • En tu historia de seguimiento, ¿han abundado los entusiasmos pasajeros, temporales, como los de la muchedumbre que aclama a Jesús? ¿o la fidelidad constante?

Luego de un tiempo de meditación personal, compartimos con sencillez nuestra reflexión, lo que el texto ME dice a mi propia realidad y situación personal.

III. Oratio: ¿Qué le digo al Señor motivado por su Palabra?

Motivación: No es fácil seguir a un Mesías pacífico, humilde, cuando vivimos en una sociedad que piensa y actúa distinto. Por eso elevemos nuestra voz al Padre, cuya fuerza y poder reside en el amor que nos tiene. Que Él nos configure a imagen de su Hijo.

  • Luego de un tiempo de oración personal, podemos compartir en voz alta nuestra oración, siempre dirigiéndonos a Dios mediante la alabanza, la acción de gracias o la súplica confiada.
  • Sería muy oportuno recitar o cantar el salmo 21 que corresponde a este domingo.

IV. Contemplatio: ¿Qué me lleva a hacer el texto?

Motivación: San Vicente contempla la humildad de Cristo, ve la humildad del Señor como algo que envuelve toda la vida de Jesús, quien nos dejó como “monumento” el crucifijo: “Padres, ¿qué otra cosa es su vida (la de Jesús) sino una serie de ejercicios de humildad? Es una humillación continua, activa, pasiva; él la amó tanto que no se apartó de ella en la tierra; y no sólo la amó mientras vivía, sino incluso después de su preciosa muerte, ya que nos dejó como un monumento inmortal de las humillaciones de su persona divina, un Crucifijo, para que lo recordáramos como criminal y ajusticiado, y quiso que la Iglesia nos lo presentara ante los ojos en ese estado de ignominia, muerto así por nosotros…” (XI, 485)

  • Compromiso personal: En la Semana Santa, meditar la Pasión de Jesús según san Marcos (Marcos 14,1-15,47). En el curso de la lectura, no pensemos sólo en Jesús, sino también en los millones y millones de seres humanos que hoy están en las cárceles, torturados, insultados y asesinados. Asumamos algunas de las actitudes positivas de los personajes de la pasión.

Oración final

En este día te bendecimos, Dios Padre nuestro,
porque «Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por lo cual tú, Padre,
lo levantaste sobre todo
y le concediste el nombre-sobre-todo-nombre,
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra,
en el abismo, y toda lengua proclame:
¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre». Amén.

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