Las misiones parroquiales se renuevan (1964)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Veremundo Pardo · Fuente: Anales españoles, 1964.
Tiempo de lectura estimado:

Este instrumento oficial, eficaz y obligatorio de la Pastoral de la Iglesia, que son las misiones al pueblo por medio de las Pa­rroquias, aisladas o en conjunto, sigue su marcha ascendente, a3 menos en España y América, que es lo que más conozco. Al mis­mo tiempo que se trabaja con decisión en la adaptación pasto­ral de las misiones a la trayectoria marcada ya por el Concilio y a las nuevas situaciones planteadas a la Iglesia y a los hom­bres en la coyuntura actual.

ALGO DE HISTORIA

Durante los veinticinco años de la posguerra, las Comunidades misioneras, solas o en compañía del clero secular, han rea­lizado un esfuerzo gigantesco para misionar casi toda España, desde las más grandes ciudades–con algunas excepciones—has­ta los pueblos más pequeños, y varias veces, casi cada diez años, como prescribe el Derecho canónico. No es el lugar ni la hora de hacer un recuento detallado, que sería muy interesante, pero señalamos el hecho, frente a posibles campañas de silencio o de minusvaloración pastoral.

Merecen señalarse las grandes misiones en Diócesis comple­tas, y en extensas zonas homogéneas, por medio de misiones ar­ciprestales, que se han logrado organizar en fraterna colabora­ción con el clero parroquial y con un plan pastoral de conjunto, del que la Misión es el acto inicial básico. No citaré ninguna, para evitar omisiones involuntarias.

El Equipo Pontificio de Misioneros, de la Confederación Española de Religiosos, en América, ha realizado en la última déca­da una gesta pastoral heroica y fructífera por casi todas las na­ciones americanas de habla hispánica. Antes y después de la tremenda Misión de Buenos Aires—todavía sin valorar exacta­mente—, estos misioneros han recorrido, unidos a los de aquel Continente, gran parte de las ciudades y campos, en un momen­to crítico para el porvenir de la Iglesia en América, y preparar así la acción continuada de las Parroquias, Comunidades y clero secular, a través de la Hocsa, etcétera, para la batalla que alien­tan los Sumos Pontífices.

Renovarse o morir es la ley de la vida en todos los órdenes.

El proceso de revisión y renovación da las misiones instrumento obligatorio en la Pastoral Diocesana y Parroquial, está recorrien­do un largo camino, a veces oculto entre la selva y otras al des­cubierto y en rápida marcha. En estos veinticinco años pacíficos para el apostolado se ha trabajado simultáneamente en la re­novación de la Pastoral de misiones. Las Asambleas y Congre­sos de las Familias Misioneras, los tres de la Federación de la Palabra: 1956, en Loyola; 1958, en Madrid, y en 1961, en la Casa de Ejercicios de Los Negrales, hablan muy alto del común de­seo de renovarse y adaptarse. El tema de las misiones ha llega­do a las revistas de pastoral, comenzando por «Incunable», que admitió y condujo una polémica en 1956, relativa a la esencia del misionar, y tuvo su puesto de honor en el famoso Con­greso de Perfección y Apostolado. Las cátedras de Pastoral mi­sionera en los institutos de Madrid y Salamanca son otro expo­nente del anhelo renovador. Dejemos aquí la historia, en sín­tesis, y vamos a la…

RENOVACION PRÁCTICA

Desde que se sistematizan, por obra de San Vicente de Paúl y otras cuarenta Instituciones misionales del siglo XVII, las mi­siones parroquiales se ordenan a la conversión, en su triple fase, de los pueblos y ciudades, mediante una intensificación de la predicación, en sentido total, la renovación de la vida sacramen­tal y la creación o revitalización en las Parroquias de Institu­ciones apostólicas más necesarias: Asociaciones de caridad, «Ca­ridades»; Asociaciones catequísticas, marianas, eucarísticas, etcé­tera, que radican en la Parroquia y para el servicio permanente de las mismas.

Con este triple fin recibe la Jerarquía este instrumento apostólico auxiliar de las Parroquias, hasta que lo convierte en uni­versal el Derecho canónico. Siempre que se trate de una reno­vación o adaptación se han de tener presentes estos tres fines insustituibles. En unas épocas habrá que intensificar más la pre­dicación catequística, en otras la kerigmática o la moralizadora; pero no podrán ser exclusivas, ya que la Misión es revisión doc­trinal cristiana sustancial.

En este aspecto básico es donde más se ha trabajado la re­visión desde la Misión de Milán, que centra la predicación del Padre celestial y la hermandad humana y cristiana, pero no e cuida lo suficiente de la parte sacramental y moral, pasando por la de Buenos Aires, que la quiere copiar, pero dando más im­portancia a la gracia y vida sobrenatural para lo que, desgra­ciadamente, no estaba preparado el pueblo previamente, por fal­ta de sacerdotes, hasta la de Barcelona, que se hace enciclopé­dica y dispersa. Mientras tanto, las Comunidades misioneras tratan de renovar sus temarios y la orientación pastoral de los mismos en una fraternal discusión entre tradición cerrada y abierta a nuevas corrientes, o, mejor, a la fuente primitiva dog­mática y litúrgica. Se llegó a un acuerdo relativo en el Congreso de la FEDAP, de 1961, en el que se dio paso un poco estre­cho todavía a los temas centrales: Jesucristo. Gracia. Iglesia. Vida litúrgica. Caridad. Apostolado. Desde donde se ataca al pe­cado y se renueva la vida sacramental profunda.

El temario renovado, que se experimentó en la Misión de Palma, 1962, ya recibe plenamente estos temas de predicación mi­sionera, y son aceptados, con alguna excepción en la parte ke­rigmática, por los nuevos manuales de misioneros de la Herman­dad Misionera, conservando el fondo doctrinal, que se había re­visado para la famosa y capital Misión de Valencia (1949).

Omito otros ensayos que se han hecho después con temas y orientaciones monolíticos, y que han sido objeto de fuerte dis­cusión y. al parecer, de poco fruto.

ORIFNTACION PASTORAL DEL TEMARIO

Es otro punto de renovación, al compás de toda la pastoral de la palabra divina, mejor entendida y explicada. La conver­sión inicial o plena que busca la Misión se opera por la fe re­novada en la palabra de Dos y por la vida sacramental. Los tres aspectos que reviste la predicación misionera responden a las diversas etapas de esta conversión. En la Asamblea parroquial la Misión anuncia de manera extraordinaria e intensiva la Pa­labra para todos y la discrimina después por estados o situacio­nes. Se está adaptando rápidamente a la Constitución Litúrgi­ca (núm. 35.32), introduciendo el nuevo sentido de homilía para la predicación dentro de la misa, y sigue con el modo kerigmá­tico y parenético en la predicación nocturna.

El enfoque pastoral de los nuevos temarios se abre paso y se quiere conjugar con el nivel de fe y de conocimiento del miste­rio cristiano que ya haya dado la pastoral ordinaria de la Parro­quia En ambientes descreídos o amorales constituye la nueva o tal vez la primera proclamación de la salvación en Cristo y en la Iglesia. En la Misión general de Francia, la Misión constitu­ye el acto central de la pastoral, que después continúa la Pa­rroquia y los apostolados especializados. En España todavía no arraiga este concepto del todo por estar en elaboración los pla­nes pastorales.

La renovación doctrinal y práctica en los sacramentos cons­tituye una constante histórica en las Misiones parroquiales, que preparan, persuaden y realizan la vida sacramental con la ma­yor perfección. Una mayor inserción de esta vida en la liturgia y jerarquizar las «devociones» es el cometido conciliar en el que ya está trabajando la Misión como valioso auxiliar de la Parro­quia y ha solicitado varias veces la conexión íntima con las Co­misiones litúrgicas para marchar de común acuerdo, dando a la liturgia  de la palabra un puesto de relieve que tiene en la san­ta Misión, coordinada con la sacrificial y sacramental. Las misas comunitarias en la Misión cobran un valor, de Familia de Dios reunida, realmente emocionante.

Fueron y han de ser objeto preferido de interés en la santa Misión. En cada época han tratado de establecer o arraigar las instituciones más convenientes a las necesidades parroquiales y diocesanas. En el XVII y el XIX se nota una decadencia en la conexión eficaz de la Misión y la vida permanente parroquial que se ha tratado de reanudar, especialmente en este segundo ter­cio del siglo actual, y desea continuar.

Aprovechar los movimientos apostólicos para perfeccionar el instrumento misional es una gloria de la Misión parroquial. Los ejercicios ignacianos fueron llevados por los Padres Jesuitas de Italia y Portugal al pueblo en las Misiones, especialmente, aun­que no exclusivamente en su primera semana. San Vicente de Paúl, en Francia, lleva a los ejercicios—ya en tanda—a las cla­ses populares y pone como medula de la Misión el temario de ejercicios en todo lo que se puede adaptar al pueblo reunido en la Misión parroquial. Dejemos aparte la discusión de si estas Mi­siones son ejercicios abiertos (a que alude M. C. C en «Incuna­ble» de junio, pág. 26); pero es cierto que no son sólo una for­ma de predicación, sino mucho más, como se puede ver en es­tas páginas.

De los cursillos de cristiandad y de las ejercitaciones ha tomado la Misión el dar mayor importancia a la predicación de la gracia, de la caridad, del sentido comunitario de la Verdad, Jus­ticia, y, sobre todo, de Iglesia, poniendo como centro a Jesucris­to. La oración comunitaria y con sacrificio ya la tenía la Misión en los tradicionales rosarios de aurora misionales y en los actos de penitencia privados y públicos. Todo lo que se pueda llevar al pueblo no se debe dar sólo a una selección.

Las organizaciones apostólicas que se han de fomentar en la Misión dependen de la voluntad expresa del prelado y del párro­co, al compás de las necesidades de la feligresía o de toda la Diócesis. Al constituirse las unas se ha dado un paso decisivo en la unión fraterna de Iglesia, que tanto propugna la santa Mi­sión. No es fácil concretar objetivos institucionales y menos de cambio de estructura apostólica en estos momentos de crítica sol­vente y constructiva que están haciendo, gracias a Dios, las mis­mas instituciones después de un período de euforia triunfalista.

FINAL

Un examen a fondo de las Misiones, después de estos veinti­cinco arios de pacífica posesión, que ya no es tan general ni tan pacifica, en un buen sector de almas que misionar, es la conclusión práctica para renovar y perfeccionar este instrumento cele- sial. En Francia lo ha realizado, sin contemplaciones, el Centro Pastoral de Misiones Interiores, después de un decenio de expe­riencias misionales en masas descristianizadas en gran parte. No se puede dormir sobre laureles, que se pueden marchitar por la acción de nuevas situaciones psicológicas y sociales. Es la hora de una profunda renovación de los misioneros y de las Misiones.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *