Las mártires de Angers

Francisco Javier Fernández ChentoMaría Ana Vaillot y Odilia BaumgartenLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido .

Tal día como hoy, 19 de febrero, en el año 1984, fueron beatificadas por su Santidad Juan Pablo II dos Hijas de la Caridad: sor María Ana Vaillot y sor Odilia Baumgarten, junto a otros 97 mártires.


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Sor María Ana Vaillot

Hija de la Caridad, Virgen y Mártir (1734 – 1794)
Fiesta el dia 01 de Febrero

Maria Ana Vaillot nació en Fontenebleau y fue bautizada el 13 de mayo de 1734 por el P. Francisco Brunet, Sacerdote de la Misión. Fue hija única pues dos años antes había nacido un hermano que murió a los pocos meses de nacer y su padre, albañil, falleció el dia 8 de junio siguiente.

No se sabe nada de los años que pasó con su familia ni del origen de su vocación. A los 27 años comenzó el postulantado con las Hijas de la Caridad y el 25 de septiembre de 1761 ingresó en el Seminario de Paris. Estuvo sucesivamente destinada a Saint-Louise-en L’lle, en Fontenay-LeComte, en Vendreé, en Longué y en Saint Pierre Montlimart. También se desconoce la fecha de su llegada al Hospital de San Juan de Angers.

Sor Odilia Baumgarten

Hija de la Caridad, Virgen y Mártir (1750 – 1794)
Fiesta el dia 01 de Febrero

Odilia Baumgarten nació en el dia 19 de noviembre de 1750 en Gondescange, de Lorena. Fue bautizada al día siguiente. La habían precedido en su hogar dos hermanas y un hermano, pero los tres fallecieron apenas de un año, por lo que Odilia fue una gran alegría para su familia.

A los 24 años dejó el molino familiar por el postulantazo que hizo en Metz. Entró en el Seminario el 4 de agosto de 1775. Fue destinada a Brest en 1776 y partió para el Hospital de San Juan en Angers a comienzos del año siguiente, donde le confiaron la responsabilidad de la farmacia.

Las mártires de Angers

El hospital de Angers fue fundado en 1153 por Enrique II, Conde de Anjou y Rey de Inglaterra, en reparación del asesinato de Tomás Beckert. A finales de Noviembre de 1639, Luisa de Marillac llega con 3 Hermanas y el 6 de diciembre de 1639 se establecen en él; así se culminó la evolución de la Cofradía de la Caridad de las jóvenes, en la Compañía de las Hijas de la Caridad. El Hospital de San Juan Evangelista de Angers fue el primero del que se harían cargo las Hijas de la Caridad como hospitalarias y la primera obra importante lejos de París y de los superiores.

Lo más significativo era el hecho de que por primera vez se actuaba con independencia de las Damas de la Caridad y representaba el gran reto a la nueva Compañía. Ahí se comprobarra su capacidad, su efectividad y su futuro.

Proclamada en 1792 la República en Francia se decreta la supresión de todas las corporaciones eclesiásticas. Maximiliano Robespierre se fue apoderando gradualmente del poder hasta llegar a ejercer una verdadera dictadura. Todos los conventos fueron suprimidos y la Iglesia pasó a depender del Estado. Se crearon Comités y Tribunales que de forma arbitraria juzgaron e hicieron caer miles de cabezas, no sólo de aristócratas o privilegiados del antiguo régimen, sino de todos aquéllos que, según el partido, representasen algún peligro para sus intereses.

El 2 de septiembre, la Sociedad popular del Oeste se alborota al saber que las Hermanas siguen tranquilas en el Hospital. Se envia a la municipalidad una petición para que, lo más pronto posible, se hiciera prestar juramento a las Hermanas y se las despojase del hábito. Ante la negativa de las Hermanas y para que sirviesen de escarmiento para las demás, el 19 de enero de 1794 fueron arrestadas Sor Odilia y Sor María Ana. Ocho días más tarde comparecen ante el juez acusadas de «fanáticas y rebeldes a las leyes del país«. Las actas de sus interrogatorios van marcadas con una cruz y una «P’ que significaba que debian morir fusiladas, como los pobres, pues la guillotina era para la gente acomodada.

Amaneció el sábado 1 de febrero de 1794, y el comisario de la prisión se presenta con una larga lista en la mano y comienza a llamar a las víctimas. Nuestras Hermanas, junto al resto de prisioneros, 398 personas en total, en su mayoría mujeres, son atadas de dos en dos a una cuerda central. El largo convoy de condenados, custodiado por gendarmes, avanza hacia el campo donde serán ejecutados. Recorren los tres kilómetros del trayecto que separa la prisión del campo donde van a ser fusilados, cantando cánticos y salmos. Allí, varias descargas de fusilería terminan con sus vidas.

El día 19 de febrero de 1984, junto a otros 97 mártires, fueron beatificadas por su Santidad Juan Pablo II.

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