Las Hijas de la Caridad, en Polonia (hasta 1795) (y III)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la CaridadLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Renée Lelandais · Año publicación original: 1993 · Fuente: Ecos de la Compañia, 1993.
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III. En el siglo XVIII

1. Creación y vida de la Provincia Polaca: 1717-1763

Ya en 1671 —y quizá antes, pero no queda rastro escrito de ello— se presentaron jóvenes polacas para formar parte de la Compañía. La primera que ha quedado inscrita, en 1671, como decimos, es Sor Dorota Rodogonska.

En 1712, el Padre Bonet, a la sazón Superior General, dividió la Compañía en Provincias. Una de éstas fue la de Polonia. Sor María de Bay fue la primera Visitadora. Esta Hermana estuvo dos veces en Polonia: la primera vez de 1682 1700, y la segunda, en 1711.

En total, desde 1652 hasta 1799, salieron de Francia para Polonia ochenta y ocho Hijas de la Caridad. La última llegó en 1799, tenía veintisiete años; no existe ningún dato más acerca de ella. Durante el mismo período, ingresaron en la Compañía trescientas setenta y cinco Hermanas polacas. Durante ese siglo y después de Sor María de Bay, las Visitadoras de Polonia fueron:

Magdalena Maurice (1717-1730).

Bárbara Gérard (1730-1750).

Angélica Hesnard (1750-1759) (Fue más adelante Superiora General).

Rosa Cordes (1759-1761).

Magdalena Lezurier (1762-1777).

Enriqueta Thierry (1777-1804).

En 1804 quedó nombrada la primera Visitadora polaca: Sor E. de Hundt, en el cargo hasta 1812.

Después de la invasión de los suecos y los rusos, en la segunda mitad del siglo XVII, Polonia quedó en una situación difícil, con una independencia más bien aparente que real. Tal era la situación en estos años 1717 a 1763, en los que se dieron frecuentes rebeliones de los señores feudales contra el rey.

 

2.- Las desmembraciones de Polonia: 1772-1795 Resumen histórico

Aprovechándose de tal situación —guerras, rebeliones— los poderosos vecinos de Polonia: Prusia, Rusia y Austria, se repartieron entre ellos el territorio.

 

  • Primera desmembración:

Cuando, en 1772, Federico de Prusia y Catalina de Rusia decidieron una primera partición de Polonia, María Teresa de Austria —madre de María Antonieta, que llevaba años casada con el delfín de Francia, el futuro Luis XVI— mujer honesta y piadosa, se negó a ser cómplice de aquellos «dos monstruos». María Teresa escribía:

«Yo no comprendo la política que, cuando dos se valen de su superioridad para oprimir a un inocente, permite que un tercero, alegando precaución para el porvenir y conveniencia para el presente, imite y cometa la misma injusticia«. Pero al final acabó por ceder, y el 25 de julio de 1772 se firmó en San Petesburgo el tratado de desmembración: «En el nombre de la Santísima Trinidad… por temor a que se sume la total descomposición del estado polaco…».

Era el rey de Prusia, sobre todo, el que se alarmaba al ver la facilidad con que los rusos pasaban, por el Vístula a cualquiera de sus Estados.

Por el hecho de esta desmembración, hubo casas de Hijas de la Caridad que pasaron a depender de uno u otro de estos tres países.

Tanto Prusia como Rusia habían prometido la libertad religiosa, y las primeras dificultades partieron de Austria, sobre todo para los Sacerdotes de la Misión. José II, de Austria —hijo de María Teresa, que había fallecido en 1780—, exigió que todos los miembros de las Comunidades religiosas fuesen nativos del país y dependiesen de un Vicario general, sujeto él mismo al Primado de la nación y en modo alguno a un Superior general, máxime si éste era extranjero. A estas pretensiones se ha llamado «josefismo», algo equivalente al «galicanismo» francés.

En 1793, el rey de Prusia se apoderó de todos los bienes eclesiásticos de su país.

 

  • Segunda y tercera desmembraciones, 1793 y 1795:

El 13 de enero de 1793, Rusia se llevó la parte mayor. El 3 de enero de 1795 acabó de incorporar la totalidad de Lituania. Austria tomó para sí el territorio entre el Vístula y el Bug. Prusia se quedó con el resto de Polonia.

En 1807, después de la campaña de Prusia, Napoleón, mediante el Tratado de Tilsitt, formó con toda la Prusia polaca y con otras provincias de la antigua Polonia, el Gran Ducado de Varsovia.

Después de la caída de Napoleón, este Gran Ducado quedó, en el Congreso de Viena en 1815, partido en dos. La parte occidental que comprendía Dantzig, Culm, Posen, se devolvió a Prusia, que formó con ella el Gran Ducado de Posen. La parte oriental, de dimensiones mucho mayores, se entregó a Rusia, que la anexionó a su imperio, bajo el nombre de Reino de Polonia. Sólo Cracovia quedó fuera de esta nueva partición y formó una república independiente. Pero Austria se apoderó de ella en 1846 y la incorporó a la región de Galitzia.

Polonia quedó bajo dominación extranjera hasta 1919.

 

b) Situación de la Compañía

Al efectuarse la primera partición, la Provincia de Polonia contaba con veintisiete casas, que quedaron repartidas entre los tres países.

Bajo el reinado del zar Pablo I (1796-1801), la zarina María que fue a visitar con otras personalidades de la corte los territorios de Polonia nuevamente anexionados a su corona, se fijó en los asilos y hospitales de las Hijas de la Caridad y preguntó si algunas Hermanas no podrían ir a San Petesburgo a ocuparse del asilo civil de esta ciudad. Tres Hermanas y un Sacerdote de la Misión —el P. Zygmunt— partieron, pues, en 1796. Después de dos años y medio de estancia en la capital, el ejemplo de su caridad hacia los enfermos y los pobres causó tal impacto tanto en las clases elevadas de la sociedad como en el pueblo, que todos los ojos se volvían hacia ellas. Presa de temor, el Santo Sínodo pidió al zar, y lo consiguió, que despidiera a las Hermanas…

La zarina retuvo consigo —durante tres años— al P. Zygmunt, para que enseñara el latín y el francés a sus hijos (de los cuales dos llegaron a ser emperadores: Alejandro I y Nicolás I). La zarina gustaba de conversar con él sobre la doctrina católica, y este Padre llegó a asegurar que la zarina murió en unión con la Iglesia, así como su hijo el zar Alejandro I.

La Revolución que había de estallar en Francia en 1789, no iba a facilitar las relaciones entre las Hijas de la Caridad de ambos países. Sin embargo, la situación de Francia iba a llevar a algunas Hermanas a buscar asilo momentáneo en Polonia. Tal fue el caso de dos de las Hermanas de Arras y de cuatro de Hennebont.

Al comienzo de la Revolución, la comunidad de Arras estaba formada por siete Hermanas. Una de ellas, más joven, optó por regresar con su familia. Otras dos, de unos treinta años, no querían dejar la Comunidad, pero sentían gran miedo  ante los dirigentes del «Club» de Arras. Con el consentimiento de su superiora y ayuda de algunas personas adictas, estas dos Hermanas, Sor Dabre y Sor Michaud, disfrazadas de aldeanas, salieron con un hombre de confianza, el  Sr. Cartier, que se encargó de acompañarlas hasta la frontera. Ha sido posible encontrar algunos indicios de su paso por Tournai, en febrero de 1794, y en septiembre de 1795 por el monasterio de Brenckhausen, en donde recibieron la hospitalidad durante un año. La llegada de las tropas francesas, en guerra contra Austria, Prusia y Rusia, las obligó a seguir su camino, pudiendo penetrar en Polonia y establecerse en Varsovia, en donde trabajaron con las Hermanas polacas. En 1801, la Madre Deleau dirigió una llamada apremiante a todas las Hermanas dispersas, y estas dos regresaron a Francia, siendo enviadas nuevamente a Arras, a petición de los habitantes de la ciudad.

Las cuatro Hermanas del Asilo de Hennebont, en la región de Bretaña, se vieron obligadas a salir de su casa por haberse negado a prestar el juramento a favor de la Constitución civil del clero. Como no querían abandonar a los pobres los que servían, colocaron un cañón a la puerta del Hospital para obligarlas a ir. Después de haber ido a Belle-Isle, a Vannes, a Rennes y haberse visto echadas de dichas ciudades, llegaron a París en 1792. La Madre Deleau les aconsejó que marcharan al extranjero e hicieran una fundación. Se dirigieron, pues, a Turín, en donde permanecieron por espacio de cuatro años, y en 1796, oyendo de las huestes francesas, marcharon hacia Viena, en Austria, y después hacia Polonia, en donde permanecieron dos años. De allí fueron a Praga, en ande esperaban poder hacer una fundación. Desde allí regresaron a Francia, ante el llamamiento de la Madre Deleau en 1801.

En 1795 llegó igualmente a Varsovia Sor Elena Sullier, de veintiocho años y nueve de vocación. Se quedó en el país, en el que murió.

 

IV. Algunos retratos de Hijas de la Caridad enviadas a Polonia en los siglos XVII y XVIII

 

Sor Juana Nepveu, nacida en 1635, en la diócesis de París ingresó en la Compañía en 1663. Fue destinada a Polonia. «Cuando se declaró la peste en Varsovia, cuatro mil personas quedaron afectadas. Y se las condujo al campo, e un cuarto de legua de distancia de la ciudad. Más de la mitad de aquellas personas eran pobres y tan abandonadas que no tenían a nadie que les (itera un vaso de agua». Se escogió a Sor María Clément para cuidar de los apestados. «Cuando Sor Juana Nepveu vio que no había sido ella la elegida, quiso desquitarse de alguna manera, y rogó que le dejaran a ella el cuidado de los ciento veinte enfermos que había en el hospital. De ellos murieron treinta y dos, pero no dejo a ninguno salir de este mundo sin haber recibido los sacramentos, manteniéndose) en pie junto a ellos día y noche». Cuando ella misma murió, llorada de todos, llevaba cuarenta y tres años en Polonia.

Sor Luisa Perducat nació en Langres en 1715 e ingresó en la Compañía en 1733. Antes de marchar a Polonia, estuvo destinada en Vichy y en Clermont Una vez allí, se aplicó con gran esmero —y éxito— al aprendizaje del idioma. Fue nombrada Hermana Sirviente de la Casa de Leopol. Allí murió el 30 de abril do 1747, cuando llevaba ocho meses. «Había recibido de la bondad de Dios un afecto tierno y compasivo hacia los pobres cuyo servicio era para ella su principal ocupación». El Señor Obispo se encargó personalmente y de una manera conmovedora de hacer el elogio de la difunta.

Sor Claudia de Varennes nació el 2 de abril de 1669, en Saint Rémy, diócesis de Chalons. Ingresó en la Compañía el 18 de diciembre de 1694. Al cabo de un año fue enviada a Polonia, en donde permaneció cincuenta y tres años. Allí estableció varias casas de Hijas de la Caridad, entre otros el Hospital San Roque de Varsovia. En dos ocasiones fue a cuidar a los apestados y dos veces también quedó ella misma contagiada de la peste, pero las dos veces curó.

Sor Magalena Brunet llegó a Polonia en 1724. Después de unos meses de servicio, murió víctima de la peste el 26 de noviembre del mismo año.

Sor Francisca Saulais vivió en Polonia cincuenta y nueve años. Después de treinta y nueve de servicio, fue nombrada Visitadora de la Provincia de Lituania, en donde murió el 5 de marzo de 1806.

Cuando en 1802 quedó restablecido el uso de mandar una circular el 1 de enero, tras la interrupción debida a la Revolución Francesa, se lee en la misma, en el año 1803, la relación de doce Hermanas fallecidas en Polonia, nueve polacas francesas. En 1804, son cinco las Hermanas polacas fallecidas. A partir de 1805, estos nombres de Hermanas difuntas de Polonia no se señalan ya aparte, sino que se insertan en la lista general.

Conclusión

Durante más de un siglo, nuestras Hermanas de Polonia habrán de verse repartidas en tres Provincias, de lengua diferente cada una y, sobre todo, pendientes de países distintos, con frecuencia enemigos entre sí. Esto será fuente de situaciones con mucha frecuencia dolorosas. Siempre difíciles, en medio de numerosas revueltas (1830-1846-1848-1863).

Al terminar la guerra de 1914-1918 la dislocación del Imperio Austro-Húngaro y la Revolución alemana, permitirán que quede proclamado el Estado Polaco —8 octubre de 1918—. El Tratado de Versalles —28 de junio de 1919— restaura aproximadamente la frontera polaca del oeste como lo estaba antes de la desmembración de 1772. Después de la lucha con los Soviets y la paz firmada 18 de marzo de 1921, la frontera polaca con Rusia queda igualmente fijada.

En los tres cuartos de siglo posteriores, otros muchos avatares aguardan a Polonia y —de rechazo— a la Compañía de las Hijas de la Caridad.

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