La relación de los principios de las Hijas de la Caridad en Colonia es la historia del grano de mostaza: ¡tan humildes y pobres son sus comienzos! Mas puede también asegurarse que es asimismo la historia de los primeros cristianos; tan grande era el fervor de las primeras Hijas de San Vicente en Alemania; grande también fue su abnegación y grande su amor a la pobreza, a la obediencia y a las santas reglas. ¡Ojalá sean estas virtudes prenda de estabilidad y progreso a esta amada Provincia!
1850.- –Entrada de los primeros Misioneros en el Seminario
El Origen de las Hijas de la Caridad en Colonia está íntimamente unido al de los Misioneros; diremos, pues, alguna palabra sobre el de éstos. Era en el mes de Mayo de 1850 cuando cuatro Sacerdotes jóvenes de la Diócesis de Colonia se dirigían a París a fin de ingresar en el Seminario interno de los Hijos de San Vicente de Paúl: eran los Srs. Marcos, Müngersdorf, Stroevez y Richens. Habían tenido permiso para partir de Su Eminencia el Cardenal de Geissel, con la condición de volver a Colonia, después de pasado el tiempo del Seminario, para consagrarse a la obra de las Misiones. Siguíéronles gran número de jóvenes, muchas de ellas parientes de estos Sacerdotes, para ser Hijas de San Vicente: mas como esta Comunidad no tenía Casas en Alemania ni era conocida en las Provincias del Rhin, estas primeras Hermanas, después de haber tomado el hábito, fueron colocadas en Francia, Polonia y Austria, donde acababa de unirse a la gran familia de San Vicente una rama de Hermanas de la Caridad. La Condesa Brandis, Superiora de estas Hermanas, venidas de Munich en Baviera, fue la primera Superiora de Gratz, y primera Visitadora de la Provincia de Austria.
1.851.— Llegada de los primeros Misioneros a Colonia.
Los cuatro Sacerdotes de quienes hemos hecho mérito, después de un año de Seminario regresaron a Colonia (1.851), acompañados de un experimentado Misionero alemán, el Sr. Hiel, llegado de Italia, que fue su primer Superior. Las simpatías que se captaron estos primeros Misioneros y la bendición extraordinaria con que plugo al Señor coronar sus Misiones, hizo nacer el deseo de tener también a las Hijas de este mismo Padre.
1852.— Llegada de las primeras Hijas de la Caridad a Colonia.
Al año siguiente, el respetable Párroco de Santa Úrsula de Colonia, Sr. Vill, después Canónigo de la Catedral, hizo venir a las primeras Hermanas. El 1.° de Abril de 1852, el Clero de Santa Úrsula, precedido de la cruz y estandarte y seguido de una piadosa procesión de fieles, se dirigía a su encuentro hasta la antigua puerta del Norte de la ciudad, llamada Eigelsteiner Thor, para conducirlas primero al venerable santuario de las Vírgenes mártires, compañeras de Santa Úrsula, y después a su modesta vivienda de la calle Glockenring. Ofreció esta casa una piadosa señora, que, al año siguiente, entró en el Noviciado de las Hermanas en París.
Primeras Hijas de María en Colonia. — En esta casa, pues, fue donde comenzaron las Hijas de San Vicente sus obras, una de las cuales, la Asociación de las Hijas de María, había sido ya preparada por el celoso Párroco. Este buen Sacerdote, siendo Vicario de San Severino, parroquia situada en la parte opuesta de la ciudad, estableció una Asociación de jóvenes, que se trasladó con él a Santa Úrsula cuando se le nombró Párroco de esta iglesia. Nada más natural que celebrar la primera reunión de las Hijas de María; y como éstas vivían en el extremo de la ciudad, muy luego fueron conocidas y apreciadas las Hijas de María en todos los barrios de la misma.
Primeras obras y primeras pruebas. —Además de las Hijas de María, se dedicaban las Hermanas a las obras siguientes: asilo para niños expósitos, clases de niños pobres y visitasitas a domicilio en las parroquias de Santa Úrsula y de San Gereón. La fundadora de la casa quiso que a esto agregase también la obra de criadas sin servicio; mas ensayos llevados a cabo no dieron resultado. Fuese esto a por inconstancia de carácter, muy en breve se disgutó esta señora de la vocación y dejó la Compañía, para emprender a su cuenta la proyectada obra. Fue, pues, a Francia en 1854 y retiró la donación, esto es, la casa y el mobiliario.
Ruda prueba fue esta para las nacientes obras después de dos años de existencia; mas la Providencia tenía preparado el instrumento para continuar y desarrollar su obra. El excelente Cura de Santa Úrsula, Sr. Buschkausen, sucedió al Sr. Vill, al ser éste nombrado Canónigo de Catedral, alquiló una casita junto a la iglesia de Santa Úrsula, y a pesar de la extrema pobreza de las Hermanas, seguían y prosperaban las obras. Escuchemos a una Hermana que sufrió estas privaciones y trabajos: «La casa ofrecida por el Sr. Cura—dice—se componía de un sótano, al que daban luz dos ventanillos y servía de refectorio a unos cien niños, y al propio tiempo de cocina y despensa a las Hermanas encargadas de los pobres. En el piso bajo había algunos aposentos para las Hermanas, y una sala de clases; el desván, a manera de piso alto, servía de dormitorio a los niños. En cuanto a los muebles ofrecidos por el vecindario cuando la primera fundadora se llevó los suyos, se componían de todo género de piezas heterogéneas, mesas, camas, sillas, bancos, etc., de todas formas y materias, aunque en número suficiente. A falta de cama, se acostaban los menorcitos en cajas de embalaje que se buscaban en el mercado; y cuando después de algún tiempo tuvimos el consuelo de encargarnos de dos postulantas, se vieron éstas obligadas mientras la comida a sentarse sobre un banquillo y a poner sus platos en las rodillas. La comida correspondía a lo demás. Las patatas preparadas de diversos modos constituían los principales alimentos; el pan seco y café, si merece este nombre una infusión de achicorias, completaban lo ordinario. En cuanto a la carne, apenas se usaba. Felizmente, cuando los Misioneros, que vivían a corta distancia de la casa de las pobres Hermanas, recibían de tiempo en tiempo algunos víveres, los compartían generosamente con las Hermanas.
Los 160 thalers (600 francos) que recibían las Hermanas por las clases gratuitas, aumentados con algunos penines que daban los padres de los niños, y el producto del trabajo manual de las Hermanas, no hubieran impedido que éstas y las niñas murieran de hambre, si un rico bienhechor, el Conde Clavé de Bouhaben, no les entregara una renta anual de 300 thalers (cerca de Lux) francos) que sustituyó después por un hermoso terreno sobre el cual debía construirse la magnífica casa que habitan hoy las Hermanas.
Las primeras Hermanas.—Antes de proseguir, es natural dar a conocer las buenas Hermanas que regaron con sus sudores esta primera planta, y hablar también de otra casa que se comenzó poco después de la de Santa Úrsula. La primera Hermana sirviente o Superiora fue Sor Erdmann, venida de Italia; la que no pudiendo acomodarse a vida tan dura ni al clima, volvió muy luego a regresar a Italia, siendo reemplazada por Sor Schlich, y después de la muerte de ésta, el 3 de Enero de 1853, por Sor Heuzé. Esta tampoco duró mucho tiempo; porque habiendo caído poco después enferma, volvió a París, dejando su puesto a Sor Swieteczki, venida de Colonia en otoño de 1852. Esta llegó a ser el instrumento de que se sirvió la Providencia para hacer germinar y prosperar la familia de San Vicente después de las grandes pruebas sufridas los primeros años en Alemania. Las demás colaboradoras en estos trabajos fueron las Hermanas Philippsky, Bollmann, Hirschbronn, Hundhausen, Pomp y Bruning.
Fundación de la parroquia de San Andrés.—Mientras se dedicaban de esta suerte las Hermanas de Santa Ürsula a las obras de San Vicente, en medio de trabajos y dificultades de toda suerte, el año 1852 (11 de Diciembre), fue llamnada a otra nueva colonia de Hijas de la Caridad por una Asociación de piadosas señoras de la vecina parroquia, San Andrés, en la calle Stolkgasse, precisamente en frente de la casa que iban a comprar poco después los Misioneros. He aquí cómo lo refiere Sor Richen, primera Superiora de esta fundación: «Fue —dice—una hermosa obra emprendida por una Asociación de Señoras, bajo la protección de Su Alteza la Princesa Augusta, futura Emperatriz de Alemania»
Había en ella un Asilo de niñas (escuela de guarda) un obrador junto a una escuela primaria, a la que se dedicaban diariamente dos horas de clase. En esta época era la única escuela de niñas en la parroquia de San Andrés. Recibióse de noventa a cien niñas, a las que se daba alimento y vestido, estando éstas obligadas a permanecer en la escuela hasta los catorce años, y aquéllas que después continuaban en ella por espacio de cinco recibían de la Princesa Augusta, con ocasión de su visita anual, un premio, consistente en una cruz de plata. Consignamos aquí que la piadosa Princesa, aun después de ser Reina y Emperatriz, demostró a las Hermanas mucha benevolencia y afectuosa amistad, que llegó hasta abrazar a la Hermana Richen, Superiora de esta casa, y a las que le sucedieron. Mostraba también, a pesar de ser protestante, gran afecto a las prácticas de piedad católica, y se arrodillaba en el reclinatorio que se la preparaba ante el Santísimo, lo que hace suponer a algunos que en secreto era católica.
La iglesia de los Misioneros.—Al lado de la casa de los Misioneros y situada precisamente enfrente de la de las Hermanas, como queda dicho, había una capilla protestante, que daba mucha pena a Sor Kolb. Así, pues, llevada de un sentimiento de piedad y de verdadera fe, una de las compañeras de Sor Richen, a fin de desterrar la herejía del edificio y del vecindario de los hijos de San Vicente, colocó bajo la puerta una medalla de la Santísima Virgen y rogó mucho y con gran confianza, a la que ha triunfado de todas las herejías, que se dignase convertir en iglesia católica la capilla protestante. No se engañó su confianza; muy pronto compraron los Misioneros este edificio, y después de haberles servido de capilla hasta 1868, construyeron en mu lugar una magnífica iglesia gótica, ornamento del barrio y que ha llegado a ser uno de los santuarios preferidos por los piadosos habitantes de los alrededores.






