Las Hijas de la Caridad en Africa y Madagascar (IV)

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Author: Varios · Year of first publication: 1992 · Source: Ecos de la Compañía, 1992.
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Zaire-Congo

Provincia

El 30 de junio de 1960, el Zaire accedía a la independencia política. Desde el 14 de abril de 1990, una situación de crisis generalizada afecta al conjunto de la vida nacional. El país ha pasado de la dictadura, con su monopartidismo, favorecedora de todas las desigualdades sociales e injusticias, a una aglome­ración de partidos políticos que se combaten entre sí y provo­can la explosión del desorden y de la intolerancia. Reina la in­quietud general y en muchos sectores reina la confusión. En estos momentos, la población zaireña abriga una gran esperanza en la Conferencia na­cional que, trabajosamente, se está desarrollando. La gente espera un «milagro», que no llegará de la noche a la mañana, porque el país está agotado.

La situación política repercute con violencia en el terreno económico*. Los precios de los productos de primera necesidad han aumentado en el mercado, pero no así los salarios, que no han seguido el mismo ritmo. Los pillajes que se han producido en diferentes ciudades del Zaire, en septiembre de 1991, siguen dejándose sentir en sus efectos. El desempleo, la malnutrición, la carencia de productos farmacéuticos, la escasez de algunos productos alimenticios, la penu­ria de carburantes, la espiral innecesaria de los precios, tornan cada día la vida más dramática para los simples ciudadanos y más aún para los pobres. El inge­nio inventivo y la audacia de muchos habitantes, de manera especial de las ma­dres de familia, para sobrevivir en tales condiciones, son admirables y nos dan grandes lecciones de paciencia, de tenacidad, de confianza en la Providencia.

El Congo, actualmente, atraviesa un período similar. El Ser- Vicio a los Pobres en nuestra Provincia —y durante este período de crisis— se ha convertido en algo mucho más difícil.

* * *

Volviendo al Zaire, la Compañía está presente en el oeste del país, en las re­giones del Ecuador y de Bandundu.

En la gran selva del Ecuador, las Hermanas trabajan con las tribus «bantús», que, generalmente, se dedican a la agricultura. Estas tribus viven en simbiosis con una minoría de pigmeos. En la región de Bandundu, las Hermanas trabajan más bien con una población constituida mayormente por pescadores, descen­dientes de antiguos nómadas que fueron quedando en la vida sedentaria, y des­cendientes también, parte, de tribus sedentarias de cultivadores. Los primeros, las gentes del río, pasan aproximadamente la tercera parte del año en campa­mentos instalados en las islas, fuera de sus aldeas, dedicados al trabajo de la pesca.

Las primeras Hijas de la Caridad llegaron al Congo Belga —el actual Zaire— el 8 de diciembre de 1925, bajo el impulso del Padre BETTEMBOURG, Director Provincial de Bélgica, y de Sor COUSEBANT. Las obras creadas en aquel enton­ces, en las áreas de la Enseñanza y la Sanidad, se fueron desarrollando. Desde 1974, todas las Instituciones quedaron estatalizadas y la administración de las Escuelas pasó a manos del Estado. Las consecuencias de estas medidas se hi­cieron pronto sentir y lamentablemente, porque se produjeron una degradación rápida de los niveles escolares y la pérdida de los verdaderos valores. Con ello se desencadenaron una serie de males sociales de los que los jóvenes son las primeras víctimas. Esos jóvenes que, en la actualidad, ascienden a 17.550.000, con menos de veinticuatro años, dentro de una población de cuarenta millones de habitantes.

En 1982, la Región de Congo-Brazza —en la que se hallaban implantadas las Hermanas desde 1971— quedó unida a la Provincia de El Zaire, que pasó a ser Provincia del Zaire-Congo. En el Congo existían dos comunidades; a ellas se añadió una tercera, abierta en el Norte, en 1986, en Epena, en la gran selva con­goleña, cuya población vive aislada geográficamente y, más aún, espiritual­mente.

Las vocaciones africanas han aumentado y la gran preocupación de la Pro­vincia es que las Hermanas zaireñas vayan quedando integradas en las diferentes obras. En 1981, una Hermana zaireña fue nombrada Asistenta Provincial. El Se­minario se abrió en 1972, y, desde 1987, se han establecido lazos con las regio­nes de Camerún y Ruanda, con miras a una formación común, de modo que las vocaciones de estas dos regiones van al Seminario de El Zaire.

La llamada de la Compañía, a través de su Asamblea General de 1985, ha impulsado a la Provincia a la revisión de sus obras y a elegir unas prioridades, teniendo en cuenta el número y la edad de las Hermanas, así como su prepara­ción. Las prioridades elegidas, por orden de importancia, son: la formación de las Hermanas, los cuidados primarios de salud en las zonas rurales y las consul­tas infantiles en la ciudad; la formación cristiana y profesional del personal do­cente; la acción social con las familias y con las personas en situación angustio­sa, cuyo número aumenta sin cesar. Actualmente, la Provincia cuenta con noventa Hermanas de catorce naciona­lidades, de las que treinta son africanas: veintiocho zaireñas y dos congoleñas; entre este número hay que contar con las cinco que se están formando en el Seminario, de las cuales, por primera vez, hay dos congoleñas.

Las Hermanas están repartidas en catorce comunidades locales:

  • once en El Zaire: una en Kinshasa, cuatro en Mbandaka, entre ellas, la Casa Provincial; tres en la selva y tres a lo largo del río Zaire.
  • tres en el Congo: una en Brazzaville, una en Mbanza Nganga, al su­roeste y una en la selva.

Dígnese el Señor escuchar las súplicas de su pueblo de El Zaire y de El Con­go para que se opere un verdadero cambio en la reconciliación nacional y llegue la paz. Que estos dos países, tan llenos de bellezas, puedan volver a ser «país de todos los tesoros» y «tierra de maravillas», como de ellos se ha podido es­cribir.

 

 

África Central: Burundi – Ruanda

Región de la Cuasi-Provincia de la Casa Madre

En junio de 1971, Madre CHIRON llegaba a Burundi y en diciembre del mismo año nacían las dos primeras comunidades de la Región: una en N’Tita, para el servicio a los enfermos, la otra en Kiyange, en medio de los Batwas (Pigmeos). Un año después, Madre CHI RON iba a Ruanda, a una de las regiones más desheredadas del país y, en mayo de 1973, llegaban las pri­meras Hermanas para servir a los Pobres en Mukungu.

En Burundi y por espacio de dieciséis años, las Hijas de la Caridad intenta­ron vivir la recomendación de San Vicente: «Estáis destinadas a representar la Bondad de Dios hacia los Pobres…», Pero el 31 de mayo de 1987, lo que solemos llamar «los acontecimientos de Burundi», nos obligaban —después de haber de­jado los puestos de Misión — a cerrar la comunidad de Kiyange. Momento dolo­roso, sin duda alguna, que nos hizo adentrarnos en la certeza de que la Misión es la obra de Dios-con-nosotras… y, a veces, sin nosotras.

Ese tiempo de Éxodo nos impulsó a ir más lejos y a plantar nuestras tiendas en la diócesis de Goma, al Norte de El Zaire (Lago Kivu). «… si el grano de trigo no cae en la tierra y… muere, llevará mucho fruto» (Jn. 12, 24). Es cierta esta Palabra. Sabemos que ha de llegar la Hora en la que los Hijos y las Hijas de San Vicente podrán de nuevo responder a la espera de los Pobres de Burundi.

Ruanda es un minúsculo punto en el corazón de África, que ha escapado a toda infiltración europea hasta fines del siglo XIX. Antigua colonia alemana, pasó a ser protectorado belga y reci­bió la evangelización a través de los Padres Blancos, en 1900. Hoy, sociológicamente hablando, Ruanda es un país cristiano en un setenta por ciento, porcentaje que comprende a católi­cos, protestantes y adventistas. Pero las cifras no deben llamar­nos a engaño: es urgente realizar una evangelización en profun­didad se quiere llevar a los bautizados a una Fe comprometida y que abarque los sectores de la vida.

Este «país de las mil colonias» goza de un clima agradable, a causa de su elevada altitud. Es esencialmente agrícola y se enfrenta con el problema acuciante de un elevadísimo crecimiento demográfico. Muchas familias campesinas tienen que optar por una agricultura que les permita sobrevivir simplemente y para la que con frecuencia no disponen, como única herramienta, más que de una aza­da. Y contemplan la ciudad como si de un paraíso se tratase. Desgraciadamente, la ciudad engendra nuevos males: desempleo, vagancia, delincuencia, droga…

Los niños de la calle se multiplican, viven de hurtos, de mendicidad y a veces de prostitución. El sida está resultando una verdadera plaga para ellos, aunque en realidad causa estragos en todo el país.

«De vuestro país de las mil colinas y de los mil problemas, haced un país de los mil proyectos»… Tal fue la invitación lanzada por Juan Pablo II a la juventud ruandesa, en septiembre de 1990. Desgraciadamente, menos de un mes después de la visita del Papa, estalló una guerra fratricida que todavía dura. Ha sumido a todo el país, especialmente a la parte Norte, en una inmensa miseria, con múl­tiples facetas. El proyecto que a todos nos moviliza es el de ser artífices de Paz.

* * *

Hoy somos en Ruanda treinta y siete Hijas de la Caridad, repartidas en siete comunidades:

Veinticinco proceden de «otros lugares»: tres de Bélgica, una de Brasil, ca­torce de España, tres de Francia, una de Perú y tres de Eslovenia.

Doce son Africanas: siete originarias de Burundi y cinco de Ruanda. Dos Hermanas Ruandesas están en el Seminario.

La llegada de las Hermanas Africanas constituyó un momento decisivo en la vida de la Región. Lo que nos une en profundidad es el mismo deseo de entre­garnos a Dios para el Servicio a los Pobres. Sabemos que somos complementa­rias y esto nos invita a todas a la humildad. Gracias a nuestras Hermanas Africa­nas, hemos podido descubrir formas de pobreza —y sus causas— que no sospe­chábamos siquiera. También hemos podido captar más y mejor la importancia que tiene la calidad de nuestra presencia y nuestra acogida.

El servicio a los enfermos es una prioridad de la Región. Las Hermanas lu­chan por la salud, sobre todo mediante la educación sanitaria y los cuidados prestados. Una de nuestras comunidades está totalmente dedicada a los enfermos de Sida y a sus familias… En los Centros «nutricionales» se sigue y orienta a las madres, como también se hace en las consultas prenatales y en la Materni­dad.

El acceso a la escuela —aun a la escuela primaria— resulta un privilegio del que se ven, y cada vez más, excluidos los pobres. En la medida de nuestras posi­bilidades, intentamos ocuparnos de la alfabetización, de la educación básica y de la catequesis. La juventud representa la gran mayoría de la población y consti­tuye una de las inquietudes primordiales de la Iglesia.

En nuestro Servicio a los Pobres, colaboramos con otras personas de buena voluntad, con seglares comprometidos… Y con alegría vemos crecer, junto a nosotras, un laicado vicenciano muy interesado en la promoción de los pobres. Ca­da vez más también, nos damos cuenta de que debemos actuar no sólo «para o en favor» de los Pobres, sino «con» ellos. Las visitas a domicilio y los múltiples contactos a que dan lugar son de gran valor en este sentido.

En estas regiones en que la unidad dentro del respeto a las diversidades es una conquista difícil de alcanzar, resulta primordial la calidad de nuestra vida fra­terna. Nuestros hermanos necesitan ver y palpar, por decirlo así, que es Cristo quien nos reúne… Dios hace nacer en el corazón de algunas jóvenes el deseo de entregarse a El, de comprometerse, junto a nosotras, en el Servicio a los Po­bres. El discernimiento de las vocaciones y el acompañamiento de las mismas es una tarea delicada. Vivimos de Esperanza, como los Pobres y con ellos, que saben muy bien que «Al arbusto protegido por Dios, no logra derribarlo el vien­to» (Proverbio ruandés).

 

 

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