No dudamos que interesará a nuestros lectores saber algo acerca de la existencia de las Hijas de la Caridad en Portugal, fundadas, lo mismo que la Congregación de lá Misión, por San Vicente de Paúl. Vamos a dar, pues, algunas noticias referentes a ellas, ciñéndonos a los límites de un suplemento a los ANALES. Primero haremos mención de los sucesos generales de la Provincia de las Hermanas, y después hablaremos en particular de los diversos establecimientos de las mismas.
ARTÍCULO PRIMERO: ACONTECIMIENTOS GENERALES
Para proceder ordenadamente, dividiremos en tres períodos estos acontecimientos, que comienzan en 1819.
PRIMER PERIODO.—LAS PRIMERAS HERMANAS PORTUGUESAS
(1819 a 1857)
Una nota histórica, redactada en 1861, resume exactamente la historia de las primeras Hermanas portuguesas en los siguientes términos:
«El establecimiento de las Hijas de la Caridad en Portugal se remonta al año 1819. El Rey Juan II autorizó entonces, por un decreto del 14 de Abril, la fundación en Lisboa de la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.
Según los términos del decreto, la Congregación de las Hijas de la Caridad se estableció en Portugal «conforme a las reglas y dirección dadas por San Vicente», es decir, en las condiciones normales de unión con la Casa Central y de sumisión al Superior General de la Misión, según lo exigen dichas reglas y dirección. Así fué, efectivamente, como se estableció la nueva Comunidad bajo la autoridad y dirección del Superior de los misioneros portugueses, delegado al efecto por el Superior General.
Las Hijas de la Caridad portuguesas estuvieron, por consiguiente, desde el principio, unidas a toda la Compañía, como las de los otros países, sin formar una rama separada.
Hiciéronse ya entonces vivas instancias, repetidas después muchas veces, para conseguir que vinieran algunas Hermanas francesas, a fin de formar a las nuevas en el espíritu y funciones propias de su vocación. Con gran sentimiento suyo, la Casa Central no pudo entonces despachar favorablemente estas instancias; mas esto en nada alteró las relaciones de sumisión y dependencia de la Comunidad portuguesa a sus legítimos Superiores».
En 1834 la ley de supresión de las Comunidades disolvió la Congregación de la Misión en Portugal, y las Hijas de la Caridad no tardaron en sentir las consecuencias de semejante estado de cosas, comenzando para ellas una época difícil.
Las Hermanas portuguesas conservaron la dependencia de la Casa Central hasta el 1838, en el cual dejáronse guiar por malos consejeros; se separaron de la autoridad de su legítimo Superior, para ponerse bajo la obediencia inmediata del Patriarca de Lisboa. Un hecho de tanta gravedad no se realizó sin repugnancia de las mismas Her-manas7 viéndose obligados, por tanto, sus consejeros, en 1839, a solicitar un Breve del Papa que autorizase la separación, para calmar sus escrúpulos. El Breve se obtuvo, pero sólo de un modo condicional, a saber: sólo por el tiempo que durasen las actuales circunstancias (ad tempus, perdurantibus circumstantiis. Como quiera que sea, desde entonces las Hermanas portuguesas vivieron separadas del resto de la Compañía y bajo la inmediata obediencia del Patriarca; pero este acto de rebelión, como ellas mismas lo calificaron después en un documento que se ha hecho público, no les proporcionó bien alguno. Su Congregación, aunque respetada por la ley que suprimía los Conventos y prohibía la admisión de novicios, y protegida por los personajes más eminentes, arrastraba una vida miserable. A la llegada de las Hermanas francesas, en 1857, según atestigua el Patriarca de entonces en uno de los documentos que se han hecho públicos, el Instituto portugués se hallaba en tal estado de decadencia, que ya no correspondía a los fines de su fundación, como una rama que, separada del árbol, se seca y muere. Las pobres Hermanas lo comprendían perfectamente y consideraban su decadencia corno un castigo de Dios por haberse separado de la familia de San Vicente.
Así es que cuando en el mes de Junio de 1857 el señor Etienne, Superior General de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, vino a Lisboa para tratar del establecimiento de las Hermanas francesas, dirigieron una súplica a Su Eminencia el Patriarca de Lisboa, pidiéndole las autorizase para volver a la obediencia de su legítimo Superior, gracia que el Eminente Prelado concedió sin dificultad. De este modo se verificó el retorno de las Hermanas portuguesas a la obediencia de su propio Superior».
SEGUNDO PERIODO.-LLEGADA DE LAS HERMANAS FRANCESAS: SUS OBRAS: SU SALIDA (1857-1862)
El documento cuyo principio se acaba de leer, continúa así hablando del período que comienza en 1857.
Las Hermanas francesas, como queda indicado, fueron llamadas a Portugal en 1857. A consecuencia de las desgracias causadas por el cólera morbo en Lisboa y sus contornos durante el año 1856, centenares de huérfanos de ambos sexos quedaron al amparo de las Sociedades benéficas, que se comprometieron a cuidar de estos inocentes. La Sociedad Protectora de Huérfanos, fundada por Su Majestad la Emperatriz viuda del Brasil, Duquesa de Braganza, y algunas otras Sociedades benéficas, recurrieron entonces a París pidiendo el auxilio de las Hermanas francesas para dirigir los Asilos de Huérfanos que deseaban fundar, y prestar sus cuidados a los pobres y enfermos.
El Sr. Etienne, Superior General, respondió que enviaría gustoso las Hermanas francesas que se le pedían, a condición de que antes se obtuviera la autorización del Gobierno. En efecto, con fecha 9 de Febrero y 11 de Abril se publicaron dos Reales decretos autorizando a las Sociedades de beneficencia para traer de Francia las Hermanas de la Caridad con el fin de dirigir los establecimientos protegidos por aquéllas. A tenor de estos decretos, las Hermanas francesas venían a Portugal para la enseñanza y educación de los niños huérfanos, la visita y asistencia de los pobres enfermos y demás obras propias de su vocación. Conforme a estos mismos decretos los Misioneros y las Hermanas ‘estarán sujetos al Superior General en cuanto a sus personas y deberes internos de su respectivo Instituto, y a los Prelados diocesanos en cuanto a los actos y funciones públicas, religiosas y eclesiásticas, con arreglo a los Cánones generales de la Iglesia.
Las Hermanas francesas llegaron a Lisboa el 23 de Octubre de 1857 y fueron recibidas por toda la población con señales inequívocas de benevolencia. En muy poco tiempo, con esa inteligencia y previsión que acompañan a la caridad, organizaron las obras encomendadas a su solicitud, de un modo plenamente satisfactorio para las Sociedades de Beneficencia que las habían llamado. Durante algunos meses ejercieron en paz sus caritativos ministerios cerca de los huérfanos, pobres y enfermos; pero hacia el mes de Mayo de 1858 los diarios revolucionarios comenzaron a atacarlas con extrema violencia». Presidía, a la sazón el Ministerio Lulé, bajo el cual se tomaron muchas medidas hostiles a la Religión, y en particular a las Hermanas de la Caridad.
La caída del Ministerio Lulé (Marzo de 1859) puso fin a esta persecución, y durante el Ministerio del Duque de Terceira, que le sucedió, las Hermanas no fueron inquietadas por nadie; sus obras, por el contrario, se desarrollaron con rapidez y se decretó la fundación de cuatro establecimientos nuevos.
La muerte del Duque de Terceira y la vuelta del Ministerio Lulé en 1860 fueron la señal de nuevos ataques por parte de los diarios revolucionarios, contribuyendo a provocar más sus clamores la llegada de nuevas Hermanas a fines de Agosto.»
El Ministro de Francia en Lisboa hubo de intervenir varias veces, a fin de obtener para las Hermanas la protección que tenían derecho a esperar. En una conversación habida a fines de Marzo o principios de Abril de 1861, el Sr. Lulé viéndose obligado a dar una explicación, se expresó en estos términos: «La aristocracia portuguesa se está haciendo odiosa al pueblo, de quien nosotros no podemos prescindir, por la protección que dispensó a las Hermanas.» A lo cual contestó su interlocutor: «Si las Hermanas representan en Portugal al elemento aristocrático, en Francia, al contrario, pertenecen por su origen y por los servicios que prestan a cuanto hay de más liberal y popular; razón por la cual cuentan con las simpatías de la opinión pública.» Al fin, por amor a la paz, se juzgó conveniente que se retirasen, y un barco de guerra francés enviado a Lisboa condujo a Francia todas las Hermanas de la Caridad, excepto cuatro que quedaron para asistir a los enfermos en el hospital de San Luis de los Franceses. La fecha de su salida fue el 9 de Junio de 1862, organizándose luego la Asociación de Señoras de la Caridad, para suplir la falta de las Hermanas en las obras que éstas tenían a su cuidado.
PERCER PERÍODO.—NUEVAS OBRAS (I862, etc.)
La tempestad fue poco a poco desapareciendo y restableciéndose de nuevo las Obras, sobre las cuales parece haber echado el Señor su bendición. Estas obras se conocerán por el resumen que vamos a dar de las que actualmente existen y de otras que ya han dejado de existir.
ANALES 1907







