LAS HIJAS DE LA CARIDAD DE SAN VICENTE DE PAÚL EN PORTUGAL (I)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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No dudamos que interesará a nuestros lectores saber algo acerca de la existencia de las Hijas de la Caridad en Portugal, fundadas, lo mismo que la Congregación de lá Misión, por San Vicente de Paúl. Vamos a dar, pues, al­gunas noticias referentes a ellas, ciñéndonos a los límites de un suplemento a los ANALES. Primero haremos mención de los sucesos generales de la Provincia de las Hermanas, y después hablaremos en particular de los diversos esta­blecimientos de las mismas.

ARTÍCULO PRIMERO: ACONTECIMIENTOS GENERALES

Para proceder ordenadamente, dividiremos en tres pe­ríodos estos acontecimientos, que comienzan en 1819.

PRIMER PERIODO.—LAS PRIMERAS HERMANAS PORTUGUESAS

(1819 a 1857)

Una nota histórica, redactada en 1861, resume exacta­mente la historia de las primeras Hermanas portuguesas en los siguientes términos:

«El establecimiento de las Hijas de la Caridad en Por­tugal se remonta al año 1819. El Rey Juan II autorizó en­tonces, por un decreto del 14 de Abril, la fundación en Lisboa de la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.

Según los términos del decreto, la Congregación de las Hijas de la Caridad se estableció en Portugal «conforme a las reglas y dirección dadas por San Vicente», es decir, en las condiciones normales de unión con la Casa Central y de sumisión al Superior General de la Misión, según lo exigen dichas reglas y dirección. Así fué, efectivamente, como se estableció la nueva Comunidad bajo la autoridad y dirección del Superior de los misioneros portugueses, delegado al efecto por el Superior General.

Las Hijas de la Caridad portuguesas estuvieron, por consiguiente, desde el principio, unidas a toda la Compa­ñía, como las de los otros países, sin formar una rama se­parada.

Hiciéronse ya entonces vivas instancias, repetidas des­pués muchas veces, para conseguir que vinieran algunas Hermanas francesas, a fin de formar a las nuevas en el es­píritu y funciones propias de su vocación. Con gran senti­miento suyo, la Casa Central no pudo entonces despachar favorablemente estas instancias; mas esto en nada alteró las relaciones de sumisión y dependencia de la Comunidad por­tuguesa a sus legítimos Superiores».

En 1834 la ley de supresión de las Comunidades disolvió la Congregación de la Misión en Portugal, y las Hijas de la Caridad no tardaron en sentir las consecuencias de seme­jante estado de cosas, comenzando para ellas una época difícil.

Las Hermanas portuguesas conservaron la dependen­cia de la Casa Central hasta el 1838, en el cual dejáronse guiar por malos consejeros; se separaron de la autoridad de su legítimo Superior, para ponerse bajo la obediencia inmediata del Patriarca de Lisboa. Un hecho de tanta gra­vedad no se realizó sin repugnancia de las mismas Her-manas7 viéndose obligados, por tanto, sus consejeros, en 1839, a solicitar un Breve del Papa que autorizase la se­paración, para calmar sus escrúpulos. El Breve se obtuvo, pero sólo de un modo condicional, a saber: sólo por el tiempo que durasen las actuales circunstancias (ad tempus, perdurantibus circumstantiis. Como quiera que sea, desde entonces las Hermanas portuguesas vivieron separadas del resto de la Compañía y bajo la inmediata obediencia del Patriarca; pero este acto de rebelión, como ellas mismas lo calificaron des­pués en un documento que se ha hecho público, no les proporcionó bien alguno. Su Congregación, aunque respe­tada por la ley que suprimía los Conventos y prohibía la admisión de novicios, y protegida por los personajes más eminentes, arrastraba una vida miserable. A la llegada de las Hermanas francesas, en 1857, según atestigua el Pa­triarca de entonces en uno de los documentos que se han hecho públicos, el Instituto portugués se hallaba en tal estado de decadencia, que ya no correspondía a los fines de su fundación, como una rama que, separada del árbol, se seca y muere. Las pobres Hermanas lo comprendían per­fectamente y consideraban su decadencia corno un castigo de Dios por haberse separado de la familia de San Vicente.

Así es que cuando en el mes de Junio de 1857 el señor Etienne, Superior General de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, vino a Lisboa para tratar del establecimiento de las Hermanas francesas, dirigieron una súplica a Su Eminencia el Patriarca de Lisboa, pidiéndole las autorizase para volver a la obediencia de su legítimo Superior, gracia que el Eminente Prelado concedió sin di­ficultad. De este modo se verificó el retorno de las Her­manas portuguesas a la obediencia de su propio Supe­rior».

SEGUNDO PERIODO.-LLEGADA DE LAS HERMANAS FRANCESAS: SUS OBRAS: SU SALIDA (1857-1862)

El documento cuyo principio se acaba de leer, continúa así hablando del período que comienza en 1857.

Las Hermanas francesas, como queda indicado, fueron llamadas a Portugal en 1857. A consecuencia de las des­gracias causadas por el cólera morbo en Lisboa y sus con­tornos durante el año 1856, centenares de huérfanos de ambos sexos quedaron al amparo de las Sociedades bené­ficas, que se comprometieron a cuidar de estos inocentes. La Sociedad Protectora de Huérfanos, fundada por Su Majestad la Emperatriz viuda del Brasil, Duquesa de Braganza, y algunas otras Sociedades benéficas, recurrieron entonces a París pidiendo el auxilio de las Hermanas fran­cesas para dirigir los Asilos de Huérfanos que deseaban fundar, y prestar sus cuidados a los pobres y enfermos.

El Sr. Etienne, Superior General, respondió que envia­ría gustoso las Hermanas francesas que se le pedían, a con­dición de que antes se obtuviera la autorización del Go­bierno. En efecto, con fecha 9 de Febrero y 11 de Abril se publicaron dos Reales decretos autorizando a las Socieda­des de beneficencia para traer de Francia las Hermanas de la Caridad con el fin de dirigir los establecimientos prote­gidos por aquéllas. A tenor de estos decretos, las Herma­nas francesas venían a Portugal para la enseñanza y edu­cación de los niños huérfanos, la visita y asistencia de los pobres enfermos y demás obras propias de su vocación. Conforme a estos mismos decretos los Misioneros y las Hermanas ‘estarán sujetos al Superior General en cuanto a sus personas y deberes internos de su respectivo Instituto, y a los Prelados diocesanos en cuanto a los actos y fun­ciones públicas, religiosas y eclesiásticas, con arreglo a los Cánones generales de la Iglesia.

Las Hermanas francesas llegaron a Lisboa el 23 de Oc­tubre de 1857 y fueron recibidas por toda la población con señales inequívocas de benevolencia. En muy poco tiempo, con esa inteligencia y previsión que acompañan a la caridad, organizaron las obras encomendadas a su solicitud, de un modo plenamente satisfactorio para las Sociedades de Beneficencia que las habían llamado. Durante algunos meses ejercieron en paz sus caritativos ministerios cerca de los huérfanos, pobres y enfermos; pero hacia el mes de Mayo de 1858 los diarios revolucionarios comenzaron a atacarlas con extrema violencia». Presidía, a la sazón el Ministerio Lulé, bajo el cual se tomaron muchas medidas hostiles a la Religión, y en particular a las Hermanas de la Caridad.

La caída del Ministerio Lulé (Marzo de 1859) puso fin a esta persecución, y durante el Ministerio del Duque de Terceira, que le sucedió, las Hermanas no fueron inquie­tadas por nadie; sus obras, por el contrario, se desarrolla­ron con rapidez y se decretó la fundación de cuatro esta­blecimientos nuevos.

La muerte del Duque de Terceira y la vuelta del Minis­terio Lulé en 1860 fueron la señal de nuevos ataques por parte de los diarios revolucionarios, contribuyendo a pro­vocar más sus clamores la llegada de nuevas Hermanas a fines de Agosto.»

El Ministro de Francia en Lisboa hubo de intervenir va­rias veces, a fin de obtener para las Hermanas la protec­ción que tenían derecho a esperar. En una conversación habida a fines de Marzo o principios de Abril de 1861, el Sr. Lulé viéndose obligado a dar una explicación, se ex­presó en estos términos: «La aristocracia portuguesa se está haciendo odiosa al pueblo, de quien nosotros no podemos prescindir, por la protección que dispensó a las Hermanas.» A lo cual contestó su interlocutor: «Si las Hermanas repre­sentan en Portugal al elemento aristocrático, en Francia, al contrario, pertenecen por su origen y por los servicios que prestan a cuanto hay de más liberal y popular; razón por la cual cuentan con las simpatías de la opinión pública.» Al fin, por amor a la paz, se juzgó conveniente que se retirasen, y un barco de guerra francés enviado a Lisboa condujo a Francia todas las Hermanas de la Caridad, ex­cepto cuatro que quedaron para asistir a los enfermos en el hospital de San Luis de los Franceses. La fecha de su salida fue el 9 de Junio de 1862, organizándose luego la Asociación de Señoras de la Caridad, para suplir la falta de las Hermanas en las obras que éstas tenían a su cuidado.

PERCER PERÍODO.—NUEVAS OBRAS (I862, etc.)

La tempestad fue poco a poco desapareciendo y resta­bleciéndose de nuevo las Obras, sobre las cuales parece haber echado el Señor su bendición. Estas obras se cono­cerán por el resumen que vamos a dar de las que actual­mente existen y de otras que ya han dejado de existir.

ANALES 1907

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