Las Hijas de la Caridad en Africa y Madagascar (y VI)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la CaridadLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Varios · Año publicación original: 1992 · Fuente: Ecos de la Compañía, 1992.
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Sierra Leona

Misión de las Provincias de Gran Bretaña, Irlanda y de Los Altos Hills (U.S.A.)

Este país es uno de los más pobres del mundo. A pesar de su riqueza en diamantes, son Compañías extranjeras las que ob­tienen los beneficios, y la mayoría de los habitantes de Sierra Leona luchan para poder sobrevivir. La esperanza de vida es de treinta y cuatro años y existen pocas, o ninguna, posibilidades de educación para la mayor parte del pueblo. El índice de alfa­betización recibe la calificación de «espantoso» en un reciente Perfil del País publicado en una revista africana. A esto se aña­de el temor permanente a los conflictos étnicos y a una invasión por parte de Liberia. En el momento de escribir estas líneas, acaba de producirse un golpe de Estado.

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Desde 1989, las Hijas de la Caridad tienen dos casas en Sierra Leona:

La Provincia de Gran Bretaña ha abierto una casa en la capital, Freetown: Las Hermanas viven en medio de la población en un barrio malsano y extrema­damente pobre. Se ocupan principalmente de los niños de la calle y de las mu­chachas jóvenes que llegan de las regiones rurales a la capital y que, de no ayu­dárseles, caerían en la prostitución. En lugar de ocuparse de ellos en una Institu­ción, las Hermanas las encomiendan a familias y este sistema está resultando muy positivo. El Servicio se ha desarrollado y las Hermanas han implantado aho­ra Programas para mujeres y para niños.

La otra casa, el Hospital de Panguma, situado en una región rural alejada es el resultado de un esfuerzo conjunto de la Provincia de Irlanda y de la Región de Nigeria. Desde agosto de 1992, la Provincia de Los Altos Hills (U.S.A.) co­labora en esta misión con la Provincia de Irlanda, a través de: envío de dos Her­manas, ayuda económica y compartir la experiencia del Sistema de Sanidad de los Estados Unidos.

El hospital atiende todas las enfermedades que suelen darse en una región tropical pobre. Se han abierto servicios especiales para el tratamiento de la tu­berculosis y de la «fiebre de Lassa», enfermedad mortal que transmiten las ratas. A partir del Hospital, se ha establecido un excelente Programa de cuidados pri­marios que se aplica en los pueblos vecinos. Lo dirige una enfermera seglar ale­mana. Al mismo tiempo que su trabajo en el Hospital, las Hermanas se intere­san, de manera general, por la salud de los habitantes de la localidad. Ponen tam­bién en marcha Programas para adultos y se ocupan de «Clubs» para niños.

En el momento presente, no hay a la vista ninguna vocación, ya que se trata de un país mayoritariamente musulmán.

 

Madagascar

Provincia

Como tantos otros países del mundo —y especialmente de África—, Madagascar ha intentado darse un «estatuto político» más democrático. Desde hace dos años, y sobre todo desde el 13 de mayo de 1991, bajo la égida del Consejo Cristiano de las Iglesias, que reúne a católicos y protestantes, el país ha hecho lo posible por implantar la Tercera República. Foros regionales y Nacional han elaborado una nueva Constitución que ha sido sometida a referendum popular el 19 de agosto último y ha que­dado adoptada con un setenta y seis por ciento de votos.

La situación económica del país es más que precaria: Madagascar ha retro­cedido desde el trigésimo segundo puesto entre los países más pobres al duodé­cimo lugar. Triste record que traduce la pobreza creciente de la población… El sur de la Isla, sobre todo el sector del Androy, en la Diócesis de Fuerte-Delfín, está pasando por una sequía extraordinaria, larga y dura En este final del si­glo XX estamos reviviendo las tremendas calamidades de las regiones de Isla de Francia y Picardía en el siglo XVII de San Vicente.

A pesar de esta situación, la Iglesia tiene una gran vitalidad: se da un cons­tante aumento del número de vocaciones sacerdotales y religiosas, una partici­pación importante de los fieles en las asambleas dominicales, con más de un sesenta por ciento de jóvenes; un laicado que se hace cargo cada vez más de sus responsabilidades en la vida de la Iglesia y en la vida diaria. La Iglesia local posee sus propias estructuras jerárquicas, y los Misioneros no dejan de desem­peñar, con mayor agrado cada vez, el papel de cooperadores de sus hermanos y hermanas autóctonos. El diálogo ecuménico está instaurado con las «Iglesias- hermanas» protestantes. La Iglesia espera mucho del próximo Sínodo de los Obis­pos para África y desea avanzar más aún en su inculturación, ya tan ampliamen­te asentada en la liturgia y la catequesis.

Desde los orígenes de la Compañía se esperaba a las Hijas de la Caridad en Madagascar: las esperaban los Misioneros del «Señor Vicente» 11, y la mayo­ría de las Hermanas hubieran deseado que no se hiciera el embarque rumbo a Madagascar sin contar con ellas. Este deseo no llegaría a realizarse hasta el 9 de mayo de 1897, cuando Monseñor CROUZET, Vicario Apostólico del Sur de Madagascar, obtuvo cuatro Hijas de la Caridad que llegaron —acompañadas de tres jóvenes inglesas, alumnas de la Escuela «Eugenia Napoleón», de París, como primeras misioneras seglares— a Fuerte Delfín, lugar preciso en que había trabajado el Padre Nacquart.

La erección de la Provincia se hizo en 1908. Ya anteriormente, en 1904, se había abierto un Seminario, para jóvenes procedentes de la Isla de la Reunión. En 1927, entraba la primera Hermana malgache. Acaba de celebrar sus sesenta y cinco años de vocación.

En el año 1934, dio comienzo la Congregación diocesana de las Hermanitas de María Inmaculada, de cuya formación se hicieron cargo las Hijas de la Cari­dad. Esta Congregación se fusionó con la Compañía en 1963, en presencia de Madre GUILLEMIN. A partir de esta fecha, la Provincia iba a tomar más específi­camente su rostro malgache, sin perder por ello su carácter internacional. Ac­tualmente, de las doscientas cincuenta Hermanas, repartidas en treinta comuni­dades locales, hay ciento setenta y cinco malgaches, y setenta y cinco de trece nacionalidades diferentes.

Dando respuesta a las llamadas de la Iglesia y a las necesidades de los Po­bres, la Provincia está implantada en seis diócesis, sobre todo en el sur de la Isla. Con una inquietud de promoción de todo el hombre y en fidelidad al espíritu de San Vicente que no separaba «servicio corporal y servicio espiritual», la Provin­cia hace hincapié en: el cuidado a los enfermos, la educación de los niños y los jóvenes, la promoción femenina, la catequesis, los Movimientos de Acción Cató­lica, la visita a domicilio, el Servicio social, las visitas a la selva, la ayuda a los presos, etc. En el contexto actual de pobreza creciente, y de los estragos de la sequía, la ayuda alimenticia es la prioridad de la acción llevada a cabo en el Sur.

Para proporcionar a los Pobres, siervas según el pensamiento de los Funda­dores, la Provincia concede un lugar primordial a la formación de las jóvenes que manifiestan señales de vocación y quieren ser Hijas de la Caridad. Se les da tiempo amplio para estudiar, conseguir una profesión, con permanencias y trabajo remunerado y para hacer más profundos sus conocimientos religiosos. Este período previo las encamina hacia el Postulantado y les permite el discerni­miento. Estas jóvenes ascienden al número de un centenar.

Actualmente, seis Postulantes hacen el Postulantado, y en el Seminario hay dieciocho Hermanas, de las cuales, doce serán enviadas pronto a misión. Hay unas treinta Hermanas que se preparan a pronunciar los Votos por primera vez.

La formación básica queda completada con la participación en diferentes cur­sillos —cursillos intercomunitarios, cursillos de catequesis, de promoción feme­nina, otros organizados por Movimientos especializados, etc. así como estudios con miras al título de catequistas, de asistentes sociales, de enfermeras o de en­señanza.

El acercarse la fecha del centenario de la Misión y más todavía la situación actual en que se halla nuestro país, nos provocan a una mayor fidelidad al testa­mento legado por Santa Luisa: «de servir a Dios de la forma que El pide de noso­tras».

 

Conclusión

A través del sufrimiento y de los esfuerzos de su Pueblo, la Iglesia se va arrai­gando cada vez más profundamente en África y reclama el derecho a vivir su propia identidad cultural. Sus cualidades características de fe sencilla, de cálida humanidad y de alegría serán un enriquecimiento para la Iglesia universal. En una de sus visitas VI al continente africano, el Papa Juan Pablo II decía:

«… África puede ofrecer al mundo, entre otros, el ejemplo de la hospitalidad generosa e incansable, el ejemplo de la solidaridad que tan fuertemente se da entre los miembros de una familia o de una misma tribu, hasta el punto de que nadie quedará abandonado, el ejemplo de un sentido religioso espontáneo que hace familiar lo invisible. Son éstos valores de los que el mundo moderno tendría gran necesidad para evitar las contradicciones y emboscadas de un humanismo privado de sus dimensiones religiosas fundamentales y para crear una convivencia feliz a todos los niveles de la sociedad…»

La Compañía tiene el privilegio de acompañar a los pueblos de África en su crecimiento hacia la libertad y la confianza en sí mismos. Las Provincias y las Regiones de África y Madagascar son para nosotras otros tantos motivos de te­ner esperanza en el futuro.

Estudio preparado por las Consejeras generales a partir de los documentos enviados por las Provincias y las Regiones.

 

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