Las cinco virtudes características ayer y hoy: celo por las almas (VII)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Robert Maloney · Año publicación original: 1993 · Fuente: CEME.
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29PRT5. Celo por las almas
Como los tiempos modernos demandan la promoción integral de la persona y tienden a evitar la dicotomía alma/cuerpo, la expresión de san Vicente «celo por las almas» no suena muy bien. Pero el celo es tan importante hoy como lo fue en el tiempo de san Vicente, y tiene prácticamente el mismo sentido.
a) Celo es amor ardiente, una disponibilidad a ir a donde sea a hablar acerca de Cristo, aun en circunstancias difíciles; disponibilidad para morir por él. Incluye no sólo un profundo amor afectivo por el Señor y por su pueblo sino que se debe expresar también en amor efectivo y en sacrificio.
Como en el pasado, el celo se expresa también hoy en el martirio (por ejemplo, en Centroamérica), aunque el hombre de celo, ahora y en el pasado, sabe que a veces es más difícil vivir por Cristo que morir por él. Su celo se muestra en la disponibilidad para seguir trabajando en los suburbios a pesar del desaliento que produce la visión de la terrible pobreza y de la lentitud de la burocracia. Se muestra también en la vida y el trabajo de los misioneros que luchan con la lengua, la cultura, la comida, el clima.
b) Celo es amor fiel y perseverante. Es fácil amar durante algún tiempo. Pero amar durante toda la vida es difícil. El tomar compromisos permanentes es hoy más difícil de lo que fue en el siglo XVII, sobre todo porque muchos de los apoyos sociales que ayudaban a sostenerlo en aquel tiempo hoy han desaparecido (cf. los cambios de perspectiva quinto y sexto). El celo se manifiesta hoy ante todo como fidelidad. Oro probado al fuego. Se muestra creativo en encontrar maneras de amar a pesar de los cambios. Como lo expresa san Vicente, -el amor es inventivo hasta el infinito» (XI, 65). El celo sabe acomodarse y encontrar formas nuevas, apelando a la capacitación profesional a través sobre todo de la formación permanente. En este tiempo de carreras segundas y retiros tempranos el celo sabe encontrar formas nuevas para expresar amor al Señor y amor por los pobres en servicios que puede que sean muy diferentes de los que se conocieron en la juventud. Este desafío que nos presenta hoy el celo no era desconocido por san Vicente:
«En lo que a mí se refiere, a pesar de mi edad, delante de Dios go me siento excusado de la obligación que tengo de trabajar por la salvación de esas pobres gentes; porque, ¿qué me lo podrá impedir? Si no puedo predicar todos los días, ¡bien!, lo haré dos veces por semana; si no puedo subir a los grandes pálpitos, intentaré subir a los pequeños; y si no se me oyese desde los pequeños nada me impedirá hablar familiar y amigablemente con esa buena gente, lo mismo que lo hago ahora, haciendo que se pusieran alrededor de mí como estáis .Mora vosotros» (XI, 41).
c) El celo se muestra en el deseo de encontrar trabajadores para la mies. El amor es contagioso. El fuego se propaga. Un amor ardiente busca el comunicarse a otros, atraer a otros a la misma maravillosa misión con que uno está comprometido.
Una investigación reciente’ concluye que el factor más importante que retrae a los jóvenes de la vida religiosa es la ausencia de aliento por parte de los mismos religiosos y de la propia familia. Cualquiera puede ver que hay hoy una gran escasez de trabajadores para la mies en muchos lugares del mundo. La Iglesia necesita ministros. El celo debería empujarnos a animar a otros a seguir al Señor en los varios ministerios. Nos debería mover a hablar a otros directamente y a preguntarles si han pensado en el sacerdocio o en la vida laica consagrada, masculina o femenina. Jesús no dudó en llamar directamente a los apóstoles, ni tampoco deberíamos dudar nosotros, sobre todo en este tiempo en que la propaganda bombardea a los jóvenes con otras muchas llamadas y otros diferentes estímulos. Si realmente amamos lo que estamos haciendo, el celo debe movernos a tratar de atraer a otros para hacer lo mismo.
d) Los dos extremos que san Vicente presenta como opuestos al celo tienen también formas actuales. Tal vez sea de utilidad decir una palabra sobre ellos.
1. Los existencialistas han advertido que el gran problema del hombres moderno es el desinterés. Vivimos en un mundo lleno de ruido. Tantos sonidos y estímulos llueven sobre todos nosotros que a veces es difícil distinguir los que son importantes de los que no los son. De ello resulta que la sensibilidad de la gente se embota. Se puede estar completamente ciego ante los problemas más graves, por ejemplo la siempre creciente distancia entre ricos y pobres, o la inversión creciente de recursos humanos y económicos en la producción y la venta de armas (cf. el segundo cambio de perspectiva). «Desinterés» podría ser el equivalente moderno de lo que san Vicente des-cribe como «acedia, falta de fervor y de sensibilidad, pereza».
2. El celo indiscreto se puede mostrar hoy en el trabajo excesivo y en lo que a veces se llama «un caso quemado». Hoy es tan importante como en tiempo de san Vicente’ el conocer nuestras limitaciones, aceptar nuestra condición de seres creados, y el desarrollar un estilo de vida equilibrado que incluya el suficiente descanso y el tiempo de ocio. También es importante mantenerse en buena condición física para tener la energía que caracteriza al celo.
Una última advertencia. La palabra carácter denota normalmente una señal, un signo, una marca visible por la cual alguien o algo puede ser reconocido. Las virtudes que hemos descrito en las formas propias del siglo XVII y del XX son, por usar la expresión de san Vicente, las virtudes características de sus seguidores. Son las señales por las que se puede reconocer a sus seguidores. Es de importancia vital el que cada época reinterprete estas señales para que el espíritu de san Vicente siga viviendo y se manifieste de una manera relevante para cada época histórica. El autor quiere ofrecer estas ideas como una modesta contribución para conseguir ese fin. Aceptaría gustoso las ideas de otros que quieran contribuir a enriquecerlas.

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