En la familia temporal siempre es crítico, además de angustioso, el hecho de la muerte de los padres, va que muchas veces ocasiona la dispersión de los hijos. Lo propio sucede a veces con las familias espirituales; y algo de esto se temían las Hijas de la Caridad al presentir de cerca la muerte de sus santos fundadores. El temor, a Dios gracias, no se cumplió. Para hacer más llevadero el golpe, dispuso el Señor que San Vicente sobreviviese algún tiempo a la Beata Luisa de Marillac, y que en este tiempo le fuera dado poner al frente del Instituto una Hermana que llenase la difícil misión de sustituir a la Fundadora. Sin apresuramientos, como era su máxima, convocó a las Hermanas, para enfervorizarse mutuamente con el relato de las virtudes que hubiesen observado en su buena Madre, y pasando el 27 de agosto de aquel mismo año de 166o a la elección de la nueva Superiora, puso esta pregunta en labios de las mismas Hermanas, que, sin duda, ardían en deseos de hacérsela: «Pero, señor, venid acá, me diréis: ¿a quién tenéis para Superiora y dónde hallar una buena Hija de la Caridad a propósito que ocupe dicho cargo?» «Hermanas mías, se respondió el Santo, acerca de este asunto, he aquí lo que pasó durante una de las enfermedades de la Señorita Legras (Luisa de Marillac). Díjela yo: «Señorita, ¿no os ocurre quién de vuestras hijas pueda sucederos en el cargo que ocupáis?» Ella puso los ojos ya en una, va en otra; al fin me dijo: «Señor, como vos, por la Divina Providencia, me escogisteis a mí, creo que por esta sola vez, por ser la primera, conviene que la elección no sea a pluralidad de votos, sino por designación vuestra. En cuanto a mí», hallo que Sor Margarita Chetif será muy a propósito para el caso. Es una Hija de la Caridad que en todas partes se ha portado con prudencia y salido bien. En Arras, donde se halla actualmente, no deja nada que desear, y ha dado muestras de gran resolución entre los soldados. De suerte que en esto quedamos. Así, pues, Sor Margarita Chetif será la Superiora».
Sor Margarita Chetif era aún joven. Nacida en París el año 1621, había entrado en la Congregación el 1.° de mayo de 1649. Entre las Hijas de la Caridad de aquellos primeros tiempos, quizá ninguna se pareciese tanto como ella– a la Beata Luisa de Marillac. Eran dos almas gemelas, así por su temprana y constante piedad como por la delicadeza y santos miramientos de su natural humilde, vivo y delicado.
Durante los años de su gobierno mantuvo la Congregación en el espíritu y obras de caridad que Dios le había señalado, siendo con su discreción y sus virtudes el lazo de unión entre las primeras y las sucesivas generaciones de Hijas de la Caridad. Así no es de extrañar que al terminarse los tres primeros años de su cargo volviera a ser elegida por el plazo de otros tres, que permiten los Estatutos.
Con el Rvdo. P. Almerás, que había sucedido a San Vicente en 1661, fue toda sumisión y respeto. De acuerdo con él, siguiendo sus órdenes, aumentó el Instituto en una docena de establecimientos.
Desde 1667, en que expiró el plazo de su gobierno, hasta su santa muerte, en 1694, sirvió a la Congregación en muy importantes cargos, sujetándose sin recelo, antes bien. con humilde y amable sencillez, a las Hermanas que la sucedieron en el gobierno general del Instituto.
PONCIANO NIETO.







