LA SECULARIDAD DE LA COMPAÑÍA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD (IV)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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Algunas consecuencias que se desprenden de la secularidad

¿Qué consecuencias se desprenden del carácter secular de la Compañía? ¿En qué aspectos habrá que poner el acento para que las Hijas de la Caridad asimilen correctamente el carácter secular de la Compañía? Señalo algunas consecuencias que creo se dedu­cen de la secularidad. Pero son las Hijas de la Caridad las que con­creten en su estilo de vida su carácter secular.

  • En primer lugar es necesario que las Hijas de la Caridad tengan una comprensión clara de su secularidad. ¿Qué se quiere afir­mar cuando se dice que la secularidad es una característica de la Compañía? Según los Fundadores es que las Hijas de la Caridad no son religiosas (en el siglo XVII la vida religiosa inclu­ía la clausura) para estar más disponibles para ir a donde los pobres las necesitasen, y por su manera diferente de realizar el seguimiento de Cristo, como Evangelizador y Servidor de los pobres, sirviéndoles corporal y espiritualmente con un espíritu propio.
  • Cuando se presente el proyecto de vida de las Hijas de la Caridad a jóvenes en discernimiento vocacional o a las mismas Hermanas, que no se haga desde categorías de la vida religiosa, sino precisando claramente la identidad de la Compañía, incluidas la secularidad y la especificidad de sus votos.
  • Las palabras que san Vicente dirigió a las Hermanas enviadas a las parroquias y que recoge la Constitución 12a son, sin duda, uno de los textos claves para comprender la secularidad de la Compañía. En ese texto se expresa el sentido de la entrega a Dios de las Hijas de la Caridad, su estilo de vida y la radicalidad evangélica de este modo de seguir a Cristo.
  • La secularidad de la Compañía requiere comprender y vivir el servicio a los pobres no como una simple tarea apostólica, sino como expresión privilegiada de su entrega total a Dios. Sirviendo a los pobres en actitud de siervas, insertas en la realidad del mundo de los pobres, es como las Hijas de la Caridad aspiran a la santidad evangélica, y participan en la misión de Cristo y de la Iglesia fieles a su carisma propio.
  • El carácter secular de la Compañía no diluye ni pone en segun­do plano los demás elementos de su identidad. Las Hijas de la Caridad necesitan una vida espiritual profunda, unas «sólidas vir­tudes». Decía san Vicente: «Es necesario la vida interior, hay que tender a ella; si falta, falta todo» (SVP, XI, 429). Y una de las expresiones de esa vida interior, a la vez que su cultivo, es la oración. «Una Hija de la Caridad no puede vivir si no hace oración» (SVP, IX, 381). Algo similar podría afirmarse de la vida comunitaria, de la reflexión apostólica, de la formación, del des­canso… La tentación del activismo es una amenaza para las Sociedades de Vida Apostólica, pues uno de sus rasgos distinti­vos en la fidelidad al fin apostólico que les caracteriza. No se caerá en dicha tentación si se tiene en cuenta esta afirmación de las Constituciones: «La unión íntima con Cristo, fortalecida por la Palabra de Dios, la Eucaristía y el Sacramento de la Reconciliación, la oración y la ascesis afianzan su fidelidad. Ponen su confianza en la Santísima Virgen y encuentran su apoyo fraterno en la amistad y caridad dentro de su Comunidad» (C. 29d). La afirmación de que todo en la Compañía debe orien­tarse hacia la misión no equivale a minusvalorar las otras dimen­siones de su identidad.
  • La secularidad de la Compañía bajo ningún concepto equivale a secularismo, ni en ideologías ni en comportamientos. Las exi­gencias evangélicas, aspirando a la perfección de la caridad, son igualmente radicales para las Hijas de la Caridad que para las religiosas. Solamente que las Hijas de la Caridad aspiran a ello por un modo de vida distinto. El carácter secular de la Compañía no rebaja las exigencias del seguimiento radical a Cristo; apunta también al ideal evangélico, sin contentarse con mínimos ni instalarse en la mediocridad.
  • Las tres virtudes que constituyen el espíritu de la Compañía capacitan a las Hijas de la Caridad para mejor servir a los pobres en actitud de siervas. La Constitución 13 afirma: «Las virtudes evangélicas de humildad, sencillez y caridad son la vía por la que las Hijas de la Caridad han de dejarse conducir por el Espíritu Santo. Las Hermanas contemplan en Cristo e intentan traducir en la propia vida esas disposiciones que las acercan a los más desheredados». Por lo tanto, sin descuidar el lado espi­ritual y ascético de esas virtudes, la secularidad requiere acen­tuar su vertiente apostólica; se orientan hacia el servicio de los pobres.
  • La espiritualidad de las Hijas de la Caridad, en cuanto seculares, no debe ser una «espiritualidad de trasvase». La oración de las Hijas de la Caridad no es un tiempo para llenarse de Dios y así poder llevarlo al mundo, a su misión de servicio a los pobres, como si mundo y el servicio fuesen lugares donde no se encuen­tra Dios y hay que traerlo de otra parte. El servicio a los pobres es otro modo de encuentro con Dios. Así lo expresa la C. 10: «Las Hermanas contemplan a Cristo a quien encuentran en el corazón y en la vida de los pobres, donde su gracia no cesa de actuar para santificarlos y salvarlos». Dos convicciones de san Vicente lo confirman: Dejar al Dios encontrado en la oración para volver a encontrarlo presente en los pobres. «Una Hermana irá diez veces cada día a servir a los enfermos y diez veces cada día encontrará en ellos a Dios» (SVP, IX, 940). Para que así sea es preciso «dar vuelta a la medalla» y profundizar en la mística del servicio: por quién, por qué y cómo se sirve a los pobres. La 10b afirma: «En una mirada de Fe ven a Cristo en los pobres y a los pobres en Cristo, y le sirven en sus miembros dolientes con dulzura, compasión, cordialidad, respeto y devoción». Por lo tanto, no es el servicio a los pobres lo que identifica a una Hija de la Caridad, sino el que lo haga en actitud de sierva como resultado de la práctica de las tres virtudes que constituyen el espíritu de la Compañía.
  • La secularidad de la Compañía implica un estilo de vida cercano a los pobres. Cercanía física, afectiva y espiritual. El estilo de vida de las Hijas de la Caridad será la manera visible de encar­nar su identidad, especialmente mediante la puesta en práctica de las virtudes que constituyen su espíritu. Un estilo de vida pro­pio de unas siervas de los pobres: abierto, acogedor, disponible. El estilo de vida de las Hijas de la Caridad, en cuanto seculares, no equivale al estilo de vida de los seglares (laicos) sino al que se deduce de la puesta en práctica de sus Constituciones.
  • Las Constituciones de la Compañía pueden leerse desde distin­tos ángulos o enfoques: desde el fin, desde el espíritu, etc. Creo que también cabe una lectura desde la secularidad, pues es uno de los rasgos de la identidad de la Compañía, y ello sin forzar los textos.
  • Las conclusiones que se sacarían leyendo y explicando las Constituciones desde un enfoque secular serían muy distintas a si se leen y explican desde un enfoque religiosizante o conven­tual. Por ejemplo: en la manera de comprender y presentar los votos, la vida fraterna en común, la oración, el estilo de vida, las relaciones con los pobres, el proyecto comunitario, etc .
  • (Las palabras expresan conceptos. Las Constituciones de las Hijas de la Caridad hablan de Seminario, envío a misión, emisión de los votos, Hermana Sirviente, etc. ¿Por qué, en el lenguaje de algunas Hermanas, se siguen utilizando expresiones de la vida religiosa: noviciado, toma de hábito, juniorado, profesión, supe­riora, etc?).

Fernando Quintano, CM

CEME 2015

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