La enseñanza en Reus. Largas fueron las gestiones, que se hubieron de llevar a cabo, para conseguir el Real permiso para la instalación de estas escuelas. Era necesario el informe del Sr. Arzobispo de Tarragona y el de la Real Audiencia de Barcelona.
Y fueron D. Francisco Bofarull y su hermano D. José quienes, con un patriotismo y celo que les honran, pusieron todos sus empeños y todo su valimiento en la empresa. «El Ilmo. de Lérida, escribe D. José, en 30 de julio de 1795, a su amigo D. Francisco Tudó de Barcelona, dice que quien no ha tratado a las Hijas de la Caridad, no es capaz de ponderar su mérito y utilidad. Nuestro Ilmo. de Tarragona no las ha tratado ni querido ver, cuando por allí pasaron, y por consiguiente, no sé qué informe habrá dado».
En 19 de noviembre del mismo año escribía a su amigo D. Francisco Girona de Barcelona: «Me animo a escribir a Vuestra Merced, con motivo de estar encargado mi hermano José y yo del asunto de las pretensiones de estas Señoras Hijas de la Caridad para establecer, por su dirección, la enseñanza de niñas de esta Villa y, como este asunto nos le haya puesto a nuestro cuidado este magnífico Ayuntamiento, y, acordándome que V. me escribió que, tal vez, hubiera salido el informe mejor que lo que salió de ese Sr. Fiscal de Real Audiencia, si yo, entonces, lo hubiere prevenido a tiempo, y como, por el correo pasado D. Gabriel de Zabala de Madrid, con fecha 10 del corriente, me escribe con la debida reserva en la adjunta copia de carta, seguida de la copia del dictamen del Fiscal del Consejo e7 que de nuevo pide informe al de esa Real Audiencia sobre la necesidad y utilidad de estas Señoras Monjas, Hijas de la Caridad; y como sea tan necesaria la enseñanza, que es un extremo, convendría que ese Sr. Fiscal pida informe al mismo Ayuntamiento de Reus, que el más interesado en el asunto; porque, la otra vez aunque el Gobernador de Tarragona le dio muy favorable, pero como también lo pidió al Ilustrísimo. Sr. Arzobispo y éste, nos aseguran, que lo dio tan frío que no sirvió para nada, y si ahora se lo vuelve a pedir, es -rular que lo haga lo mismo, asegurándonos alguno que es por motivo del resentimiento que ruso de que, cuando estas Señoras se establecieron en Reus, no se sujetaron a él o a su Ordinario, sino sólo a estos Padres de la Casa Misión de su propio Instituto de S. Vicente de Paúl, en que las pobres Señoras ni este Ayuntamiento tienen la menor culpa, que por lo –2nto ha de procurar V. Merced que venga a otro sin perdonar gasto ni gratificación, pues se deja todo a sus manos, a fin de que se logre que ese Sr. Fiscal informe bien al Consejo, para que se vistan cuatro Señoras más para la enseñanza y que la Villa, de los propios del Común, les pague, cada año, tres mil reales de vellón, que los mil doscientos que ya hay señalados para las dos maestras seculares, compondrían la suma de cuatro mil doscientos reales, que serán congrua suficiente para mantener las cuatro Señoras maestras que entrarán que, de las seis que hay ahora, se destinarán dos para ayuda de las cuatro y que las que estarán en la enseñanza estarán exentas de cuidar a los enfermos y las clases de dicha enseñanza serán separadas del Hospital, y más todas seis Señoras que tenemos, con las demás que se vestirán, son y serán siempre españolas y así huimos de más debates, pagándose la subsistencia de ellas de los propios del común, ya que el Consejo ha despreciado el otro plan de pagarlo del tanto que se había proyectado quitar de los maestros de gramática, por aquel menor salario con que se contentaban, enseñando los frailes…»
Conocemos el otro plan primitivo, por el anterior memorial que se envió al Consejo de Castilla. Comenzaba recordando las disposiciones del nuevo Reglamento de 4 de agosto de 1783 por las que se señalan 1200 reales ardites para el salario de dos maestras de niñas y 6500 reales para un preceptor de gramática y su ayudante, y le ruegan que estos dos profesores se elijan de los Conventos de PP. Franciscanos y Carmelitas Descalzos de la Ciudad, gratificándoles a cada uno con solos 1500 reales y que la cantidad sobrante de la dotación, de que actualmente goza el Maestro de gramática y su ayudante, junto con la que estaba destinada para las maestras de labor, que formarían la suma de 4700 reales, sirviese para aumentar el número de las Hijas de la Caridad, a fin de que cuatro de ellas se pudiesen dedicar de lleno a la educación de las niñas. «Por lo que toca a los maestros, dice, siendo preciso el número de las Hermanas que en el día se halla en el Hospital para el alivio de los enfermos, deben por lo menos añadirse cuatro para este nuevo objeto, por ser muy crecido el vecindario, y porque concurrirán seguramente a su enseñanza cuantas niñas hay en la Villa, de todas clases y estados. Así se lo persuade este Ayuntamiento pues ha probado la experiencia, la exactitud con que desempeñan las nombradas Hermanas las obligaciones de su Instituto, por la puntualidad, amor y ternura con que sirven a los enfermos; y siendo también una de sus funciones, la que ahora se les quiere encargar, tiene por cierto que corresponderán, en todo, al superior concepto que, con justicia, se han granjeado; lograrían asimismo, en esta parte, una general aprobación y aumentarán cada día los sentimientos de gratitud de que se hallan penetrados todos estos moradores, por sus incesantes beneficios y piadosos trabajos.»
El Alcalde Mayor de Tarragona, a quien tuvo la Audiencia por conveniente oir sobre este asunto, informa con fecha de 31 de enero último, que se halla noticioso de la calidad de las Hijas de la Caridad de la Villa de Reus, ya por sí mismo, como por sujetos de circunstancias, que las tienen bien tratadas y observado su modo de vivir, y es constante y no puede negarse que ha logrado aquella Villa grandes ventajas en el buen arreglo de aquel Hospital de enfermos, desde el tiempo que ellas lo gobiernan, por la gran caridad en su asistencia y limpieza; que estas Hermanas, no sólo tienen por su Instituto asistir los enfermos de los Hospitales, sino también dedicarse a la instrucción de las niñas, no sólo para hacerlas buenas cristianas y enterarlas de la religión, sino también para todas las labores de su sexo y de leer y escribir, como lo practican en España que hay para ese destino en la Ciudad de Barbastro, en Aragón; en Flandes y otros reinos extranjeros quedan admitidas, con general aplauso, para uno y otro destino. Que las que se necesitan para la instrucción de las niñas de la Villa de Reus son, a lo menos, cuatro y no tiene duda sería más cabal si pudiesen ser dos más y las considera necesarias, respecto a ser tan populosa y no haber más que dos maestras de poca habilidad y un sólo párroco, que no puede emplearse, por sus ocupaciones, que da de sí la misma parroquia, con otros asuntos; que, según las Reglas que observan las dichas Hermanas, que destinan para la enseñanza de las niñas, están separadas de concurrir a la asistencia de los enfermos; que, en la Villa de Reus, tienen habitación separada de las salas del Hospital y el lugar destinado para la enseñanza de las niñas está en la misma calle, distante cien pasos de dicho Hospital y no puede haber la menor comunicación de las niñas con los enfermos ni las Hermanas tampoco, porque mañana y tarde asisten a las clases en el lugar referido».
Del interés que también los Directores de las Hermanas se tomaron por esta fundación, es testimonio la carta que con fecha 9 de marzo de aquel año 1796 escribe desde Reus D. Francisco Bofarull al P.Sobíes, recién nombrado Visitador, «dándole mil gracias por sus buenos ofrecimientos, que deseo corresponder con las mayores veras de un verdadero afecto, deseando se proporcionen ocasiones y de ver cuanto antes a V.Merced en ésta, para poder conferenciar de los adelantamientos de estas Señoras Hijas de la Caridad, que saludan a V. Merced pues, según se van disponiendo bien las cosas y lo que V. habrá visto del favorable informe que ese Real Acuerdo dio la semana pasada para el Supremo Consejo, según me ha enviado el amigo y Sr. de Tudó y el amigo D. Francisco Girona, confío en Dios y en los buenos amigos de Madrid y en particular del amigo D. José Bull, que podremos contar el triunfo para el aumento de cuatro Hermanas más, con aquella dotación que se pide y con esto fomentar esta grande obra, a mayor gloria de Dios y beneficio del público».
El informe de la Real Audiencia de Barcelona fue favorable por unanimidad y, como escribía el mismo D. Francisco Bofarull al Sr. Tudó, «después de Dios considero se debe a la piadosa protección y caritativo modo de pensar de V. S., que Dios se lo ha de premiar en ésta y en la otra vida y si salimos bien de Madrid, como confío, verá Vm. cómo, en breve experimentamos grandes progresos para mayor gloria de Dios y bien del público. Esas buenas Señoras, al tiempo de manifestarlas la favorecida de V. S. lloraban de contento». El Supremo Consejo de Castilla despachó favorablemente la petición de Reus, por Real Cédula de 27 de mayo de 1796.
En el libro de Acuerdos del Ayuntamiento, con fecha 27 de agosto de aquel año, se lee que en atención al aumento de seis Hermanas para la enseñanza, los Señores Administradores del Hospital ceden» la sala que hay sobre el Horno, en la misma calle, a fin de colocar en ella a las seis Hermanas y las clases de labor y a su vez se cede interinamente al Hospital la sala de las aulas.
Y el mismo libro, en sesión de 12 de noviembre del referido año, da cuenta de estar arregladas ya las aulas para la enseñanza de niñas, en el lugar señalado y menciona las Hermanas encargadas de las escuelas que eran: Sor Lucía Reventós, Sor María Arenas, Sor Clara Colomer, Sor Teresa Godas, Sor Inés Borrás y la novicia Sor Magdalena Ferrer.
Del interés que todos, así los Misioneros como las Hermanas, tomaron por establecer dignamente estas escuelas de Reus, es un testimonio del método de enseñar, que seguían las Monjas de la enseñanza de Lérida enviado por el Visitador P. Sobíes a la Superiora, en 15 de noviembre de 1796.
En el archivo del Hospital de Reus hemos visto, también un «método y forma de las mejores enseñanzas, que se proponen, para enseñar a las niñas de la Villa de Reus las Hijas de la Caridad». Lo dirigen éstas al Ayuntamiento.
El gran patricio D. Francisco Bofarull nos ha dejado la Relación de lo ocurrido en la primera abertura de Clases de Enseñanza de Niñas, por las Señoras Hijas de la Caridad del Santo Hospital de Reus, a la mañana del día 7 de junio de 1797, para que sirva de memoria y sea todo para mayor honra y gloria de Dios.
Considerando el Magnífico Ayuntamiento de Reus, con los Administradores del Santo Hospital, la gran necesidad que había en este numeroso Pueblo de una perfecta Enseñanza para la educación de las niñas en todas labores de una mujer bien enseñada, junto con el santo temor de Dios, catecismo y leer y escribir y que esta enseñanza ninguno la desempeñaría mejor que las Señoras Hijas de la Caridad, establecidas ya o fundadas para servir a los pobres enfermos de este Santo Hospital, desde 27 de enero de 1793, según Real permiso, fechado en San Lorenzo a 16 de octubre de 1792, por ser dicha enseñanza arreglada también al Instituto de dichas Señoras Hijas de la Caridad por el Patriarca San Vicente de Paúl, como lo acostumbran en varios reinos extranjeros, y nuevamente en España, en la Ciudad de Barbastro en Aragón, formó el dicho Magnífico Ayuntamiento con los citados Administradores una atenta súplica a su Majestad, manifestando la urgencia y pidiendo se les concediese 600 libras pagaderas anualmente de los productos de los Propios de este Común para manutención de seis Hijas de la Caridad, para maestras de dicha enseñanza de niñas, habiéndose dignado su Majestad por un afecto de su real bondad concedido la gracia de aquella súplica, con Real cédula del real y Supremo Consejo de Castilla, dada en Madrid a 27 de mayo de 1796.
Convino dicho Magnífico Ayuntamiento con los Señores Administradores del Santo Hospital, de que para poder lo más presto posible poner en práctica la dicha enseñanza, que dichos Señores Administradores mandasen obrar luego aquella casa propia del Santo Hospital, que es la del Horno de dicha calle, a distancia solamente de unos cien pasos, de cuyas obras y coste, cuando al Ayuntamiento le fuese posible, se procuraría la compensación o reintegro, y, habiéndose ya concluido las obras para clases de dicha enseñanza con una regular decencia, capaces solamente para unas trescientas niñas, acordó el magnífico Ayuntamiento, en fecha de 12 de abril del corriente año de 1797, unas ordenanzas para el buen gobierno y régimen de la citada enseñanza de que quedan encargados los dichos Señores Administradores del Santo Hospital, por comisión y poderes en ellas, del mismo Ayuntamiento, quien también acordó y mandó hacer un pregón general, haciendo saber que el 1, 2 y 3 del presente mes de junio del corriente año 1797, se alistarían aquellas niñas que quisiesen instruirse en dicha Enseñanza, como, en efecto, se alistaron, y es de ver en el presente libro, hasta 306 niñas que se anotaron por orden así como fueron acudiendo, pues, aunque a más de estas acudieron más de dos veces más, cesó el alistamiento y se despidieron con buenas razones, diciéndoles que se acudiría a Su Majestad para pedir algún caudal de los productos de los Propios de la Villa, tanto para gastar en obras, ampliación de clases y manutención, como para mayor número de maestras Hijas de la Caridad; y que, logrando esta gracia de la piedad del Rey, como se confiaba, entonces se les avisaría por otro pregón, a fin de poderlas educar a todas si fuese posible.
Siguió después, a la mañana aplazada del 7 de junio dicho, que habiéndose congregado en la misma casa de la Enseñanza el Magnífico Ayuntamiento de Bayle y Justicia, Regidores, Diputados y ambos Síndicos con los Señores Administradores, Contador, Tesorero y Secretario del Santo Hospital, junto con el Rvdo. D. Carlos Rusiñol, Prebendado y comisionado por indisposición del Rvdo. Párroco nuestro y Señor Prior y diferentes Sacerdotes, junto con muchos Señores y Gentes de la Villa se empezó a recibir las 303 niñas, que acompañaron sus madres, trayendo cada una su silla con lo necesario para la labor, y, puestas cada una en orden y división por clases, se les hizo dejar allí dichas sillas y labor, y en orden de procesión fueron conducidas a la Iglesia del Santo Hospital, esto es: la primera clase de labor de medias, redecillas, gorros y guantes, con 185 niñas precedidas de sus dos maestras, Hijas de la Caridad, Sor Inés Borrás y Sor Magdalena Ferrer; la segunda clase de encajes, con 22 niñas precedidas de su maestra Sor Teresa Godás; la tercera clase de coser, con 80 niñas, precedidas de otra maestra Sor María Arenas y la cuarta clase de bordar, con 19 niñas, precedidas de su maestra Sor Clara Colomer: y para el gobierno y ayuda de todo Sor Lucía Reventós, también para primera maestra y Superiora de las Señoras Hijas de la Caridad.
Llegada que fue la procesión de las niñas a la Iglesia del Santo Hospital, todas arrodilladas con el mejor orden y edificación, oyeron el Santo Sacrificio de la Misa y luego después, el citado Rvdo. prebendado Rusiñol les hizo una tierna plática, animándolas a la obligación y aplicación, tanto a sus labores como al temor de Dios, catecismo y demás que sus maestras les enseñasen con su buen ejemplo; concluida la plática, con el mismo orden de procesión, se volvieron a la casa de enseñanza y, enseguida, bendijo aquellas piezas y fueron despachadas las niñas con el mejor orden y quietud a sus casas, y a las dos de la tarde del mismo día, volvieron todas las niñas a la Enseñanza y se empezó su labor y demás de doctrina cristiana, ejercicio del catecismo de tarde y mañana con lo demás conducente.
Y observando los Señores Administradores del Santo Hospital después de dos días, que las seis maestras no eran bastante para dar abasto a la enseñanza de las citadas 306 niñas, ha sido menester destinar dos maestras más, Señoras Hijas de la Caridad, que fueron Sor Gertrudis Cusidó y Sor Antonia Ferrer; y aun siendo ocho, ahora, las maestras tienen harto trabajo, mucha fatiga, con muchísima paciencia que es menester, por ser las más de las niñas de 4 a 7 años, a excepción de las de coser y bordar, que son ya de correspondiente edad; pero también, a Dios gracias, se observa en las niñas la mayor quietud y aplicación y adelantamiento, no habiendo más que hasta hoy diez días que está abierta dicha enseñanza; siendo la mayor lástima que, por falta de medio y lugar no puedan entrar las 600 u 800 niñas que están clamando y que no tienen remedio, hasta que la piedad del Rey nos haga alguna tracia para remediar una urgencia que ha de ser para la mayor honra y gloria de Dios, si se consigue.
De todo lo referido, requerido el Escribano y Secretario del Santo Hospital por los Señores Administradores, se le pidió llevase auto, hoy en Reus, 19 de junio de 1797 = D. Francisco de Bofarull, Administrador y Director del Santo Hospital = Juan Molins, Administrador, = Pablo Pastells, Administrador. = Pablo Simó, Tesorero, = Francisco Fabregat, Contador. = D. José de Barberá, Testigo = Celedonio Vilé, Testigo = Antonio Matías Carreras y Pallarés, Escribano y Secretario del Santo Hospital de Reus, que da fe.







