Fundación en Lérida. La venida de las Hijas de la Caridad a España había sido providencial. La revolución espantosa francesa disolvió en Francia todas las comunidades y muy amargos días hubiesen pasado nuestras Hermanas españolas de haber continuado en aquel país, lejos de sus familias. Y no fue menos providencial su salida del Hospital de Barcelona. Si en él hubiesen permanecido, mucho se hubiera retrasado su difusión por nuestra patria, dadas las miras estrechas y localistas de aquella Junta. En cambio, la dolorosa adversidad de su salida fue como el viento que esparce su semilla para su propagación; y no terminó aquel año de 1792 sin que tres ciudades, Lérida, Barbastro y Reus dieran a las Hijas de la Caridad la más favorable acogida.
Aunque inciertas de su porvenir, las Hermanas no se hallaron desamparadas. Los Misioneros de la casa de Barcelona que, como los de Barbastro, tanto interés habían puesto en el establecimiento de ellas en España, tomaron como medida urgente, la de que se acogieran, por entonces, a las respectivas familias; y como la Superiora Sor David no podía volver a Francia, donde las Hijas de la Caridad habían sido disueltas, tomó el partido de quedarse en España y los Misioneros procuraron «que nada le faltase, a excepción de la amable compañía de sus Hermanas» como escribe el P. Sanz.
Dos de ellas, Sor María Blanc y Sor Manuela Lecina, emprendieron el viaje a su tierra aragonesa y, entrando a descansar en Lérida, fueron a entrevistarse con el P. Murillo, Superior del Seminario de Barbastro, que se hallaba en aquella ciudad dando ejercicios al clero. Presentadas las Hermanas por el P.Murillo al Ilmo. Sr. Torres, Prelado diocesano, y enterado éste de cómo habían tenido que salir del Hospital de Barcelona, en seguida el bondadoso Prelado concibió la idea de colocar en su Hospital a las Hijas de S. Vicente.
3.-Era esto a fines de junio de 1792 y, ya con fecha 12 del mes siguiente, el Obispo, la Junta administrativa del hospital y ambos Cabildos de la ciudad elevaron un memorial, pidiendo la real licencia y, antes de un mes, la consiguieron del modo más favorable. «Ha parecido bien a S.M. y aprueba este establecimiento con el número de Hermanas que se necesiten y facultad de aumentarlas con el tiempo, según se requiera. Mandándome decir a Vuestra Ilustrísima que, si hubieran de ser francesas todas o alguna, se avise para dar permiso con toda claridad». La Real Orden está fechada en San Ildefonso a 11 de agosto de 1792 y refrendada por el Conde de Aranda.
Es de advertir que esta Real Orden es el primer reconocimiento oficial en España, siendo de admirar que lo que ni las instancias de Barbastro, diez años antes, habían solicitado; ni las demandas de Barcelona habían conseguido, se lograra ahora con tanta facilidad.
Anotemos también que, por aquel tiempo, varias Congregaciones hospitalarias francesas, huidas de aquel reino, a causa de la revolución, habían pedido inútilmente su establecimiento en algunos hospitales de nuestra patria.
Era indudable el valimiento del piadoso y patriota obispo de Lérida en la Corte y tanta seguridad tenía de su demanda que ya, en 6 de agosto de aquel mismo año, tres de las antiguas probandas de Barcelona, Teresa Godás, Antonia Borgón y Clara Colomer fueron admitidas a vestir el hábito de Hijas de la Caridad.
Mientras llegaba la Real licencia de fundación en Lérida, aquellas dos Hermanas citadas, Sor María Blanc y Sor Manuela Lecina, fueron invitadas por el Sr. Obispo, a recogerse en el monasterio de Sigena, con las religiosas Sanjuanistas. Después de permanecer allí por un corto tiempo y con la licencia del prelado, continuaron su viaje a Barbastro.
Apenas recibida en Lérida la citada Real Orden de fundación, se pasó de ello aviso al P. Murillo, que se hallaba en Barbastro. Sin pérdida de tiempo y acompañado de Sor María Blanc se dirigieron a Barcelona, en busca de algunas de las Hermanas que allí habían quedado y con cinco de ellas regresaron a Lérida el 25 de noviembre. Tres iban destinadas a la fundación de Barbastro y dos a la de Lérida con Sor María Blanc, que había sido nombrada Superiora.
Entonces recibió el P. Murillo plenos poderes del P. Visitador para legalizar las fundaciones de las Hijas de la Caridad. «Convengo, dice el documento, en que el Rdo. José Murillo, Superior de la Casa de la Misión de Barbastro, junto con Sor María Blanc, Hija de la Caridad, puedan firmar los pactos que entiendan según Dios, sobre el establecimiento de las Hijas de la Caridad en el hospital de la ciudad de Lérida y todos los demás establecimientos que les quisieren fundar, conforme a su Instituto.- Barcelona, 21 de noviembre de 1792 = Rafael Pi, Visitador de la Congregación de la Misión en España de las Hijas de la Caridad del mismo reino».
«Sor Juana David, como Superiora de las Hijas de la Caridad de España, de muy buena voluntad, concedo al Rvdo. José Murillo, Sacerdote y Superior de la Casa Misión de Barbastro y a Sor Maria Esperanza Blanc, Hija de la Caridad, facultad de tratar y concordar y firmar, en su nombre, los pactos que juzguen convenientes para el establecimiento de las Hijas de la Caridad que, con permiso de Su Majestad, quieren establecerse en la Ciudad de Lérida. Y para que conste, dónde y por lo que convenga lo firmo de mi mano en Barcelona, a los 23 de noviembre de 1.792. = Sor Joanne David, Superiora des filies de la Charité». Llegadas las Hermanas a Lérida y como aun no tenían habitación preparada, el muy bondadoso Obispo Sr. Torres las alojó en su palacio por espacio de ocho Bias, y en el entretanto se acordaron las bases de aquella fundación.
Por fin, el domingo 3 de diciembre, acompañadas del prelado y del clero, en pública y solemne procesión, pasaron las Hermanas desde la Catedral al santo hospital, a cuya puerta fueron recibidas por el Sr.Gobernador y por el Ayuntamiento y, acto seguido, se posesionaron del establecimiento, cantándose para terminar, un solemne Tedeum.
Formaron la nueva Comunidad Sor María Blanc, Superiora, Sor Rosa Grau, Sor María Puig y Sor Antonia Borgón.
En 30 de noviembre había quedado ultimada, sin ninguna dificultad la escritura notarial, que fue suscrita por el P. Murillo, en nombre del Visitador de los Padres Paules, por Sor María Blanc, en nombre de Sor Juana David. Esta escritura de fundación reconoce con toda amplitud los derechos de las Hijas de la Caridad, por eso fue, a la vez que la primera, el modelo de cuantas después se han hecho en España.
El n° 4 dice: «Las Hijas de la Caridad, en cuanto al Gobierno y dirección interior y exterior de ellas, sólo deben estar inmediatamente sujetas a la Congregación de la Misión, es decir, al Visitador de la misma Congregación de la Provincia de España y del Superior de la Casa de la Congregación de la Misión de Lérida, si con el tiempo la hubiese y, no habiéndola, del Superior de la Casa más próxima de la misma Congregación y a sus Superiores.
En el n° 8: «Habrán de vestir dichas Hijas de la Caridad siempre el mismo vestido con que entren y han acostumbrado vestir desde su fundación y visten en todas partes, en color y cualidad. Observen sus Reglas propias dadas por su Santo Fundador y método de vida…»
En el caso, por el pronto y hasta que esté formado el Noviciado en España, si hubiese de vestir alguna pretendienta o probanda en este hospital de Lérida, será propio y peculiar de las Hijas de la Caridad el probarla por el tiempo que juzguen conveniente y vestirla, si la juzgan digna del hábito, y admitirla a los votos o no admitirla…
El n° de Hermanas de la Caridad será de cuatro, por ahora…
Deseando la Junta del hospital confiar también al cuidado de las Hijas de la Caridad los niños expósitos, se había dirigido con fecha 20 de octubre de aquel mismo año, pidiendo con tal fin su valimiento al Prelado, quien, en febrero de 1.793, elevaba al Ministro una petición, en la que decía: «esta dirección de los niños expósitos debe encargarse a las mismas Hermanas de la Caridad, que son las más a propósito, como lo ha acreditado la experiencia, no solamente en Francia, sino también, en Barcelona, en todo el tiempo que mantuvieron a su cargo este cuidado y el de la asistencia de los enfermos. Con uno y otro son capaces de cumplir exactísimamente.
Conseguido el Real permiso, el Sr. Obispo destinó una de las salas del Hospital para que fuesen recogidos y mantenidos por su cuenta los citados niños expósitos, que antes eran llevados a Barcelona y a Zaragoza, costeando las cunas y sosteniendo a las nodrizas, todo bajo la vigilancia y administración de las Hermanas. Allí permanecieron los expósitos hasta el año de 1819, en que fueron trasladados a la nueva casa hospicio independiente del Hospital, según se verá en otro capítulo.







