La prioridad de los pobres en el Nuevo Testamento, principio de otro mundo posible I: Pablo y Marcos

Francisco Javier Fernández ChentoFormación CristianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: José Cervantes Gabarón · Año publicación original: 2014 · Fuente: Foro Ignacio Ellacuría.
Tiempo de lectura estimado:

1. La opción por los pobres en el contexto de la gran crisis

La gran crisis del momento presente no es una crisis eco­nómica sino una crisis de hegemonía de ideas. La crisis fatal que estamos sufriendo, principalmente en Europa en estos momentos, deriva de los coletazos letales que propicia la lucha titánica entre dos dragones enfurecidos por hacerse del terreno del viejo conti­nente: el mercado y la democracia. J. García Roca lo formula con precisión resaltando el antagonismo entre ambos: «El imperio del mercado comporta en sus entrañas una contradicción con el prin­cipio democrático ya que, como advierte Adam Smith, el poder de los ciudadanos (democracia) se concilia mal con el poder de la propiedad (capitalismo)»1.

Ante el fenómeno de la pobreza, como estado habitual en que se encuentran millones de seres humanos en los países en vías de desarrollo y como proceso de pauperización progresiva en el que se encuentra la vieja Europa, se deben poner en marcha diver­sas y convergentes medidas de redistribución de los bienes y recur­sos de la casa común de todos, que es nuestra tierra. «No existe menos riqueza sino menos igualdad y más diferencia entre los pri­meros y los últimos»2. García Roca señala tres rutas: 1) Una ruta ético-cultural, que actúe como horizonte de expectativas para la promoción de alternativas. Es una revolución cultural, que se pre­gunte para qué crecer y a costa de quién se crece. Ésta se desarrolla en la educación de los sentimientos y convicciones morales, como la colaboración, la solidaridad y estilos de vida sostenibles. 2) Una ruta de movilización ciudadana, que sirva como frenos de emergencia, que se activen en contacto con el sufrimiento humano, con la exclusión y con la inhumanidad. 3) La caridad requiere la ruta institucionalizada y legislativa para que nadie quede desprotegido mediante conquistas que pueden ser exigidas vía derecho: la renta de la ciudadanía, los servicios sociales, sanitarios y educativos pro­pios del estado social.

La perspectiva trazada por García Roca en su análisis tiene un punto capital, con el cual coincido plenamente y por eso creo que se puede convertir en la idea matriz que supere el antagonis­mo de aquellas dos ideas en conflicto, la del mercado y la de la democracia, mediante un principio que se debe articular en proce­dimientos ético-culturales, de solidaridad con los últimos y de alcance institucional y legislativo para llevar a cabo la propuesta bíblica de unos cielos nuevos y una tierra nueva en que habite la justicia (2 Pe 3,16). Ese principio podría ser el siguiente: «El lugar de la salida de la crisis son los últimos ya que cuando ellos tienen reconocidos sus derechos los tenemos todos»3.

En esa misma línea de reflexión y frente a este panorama desolador que va dejando por doquier la gran crisis, creo que la tradición cristiana cuenta con un mensaje primordial desde sus orígenes. Se trata de la prioridad de los pobres que constituye un aspecto fundamental del Evangelio de Jesús y de la vida de las comunidades del Nuevo Testamento. En nuestro tiempo ha sido recuperado especialmente por parte de la Iglesia Latinoamericana que lo ha formulado como «la opción preferencial y evangélica por los pobres». Ante la situación actual marcada por la gran crisis eco­nómica y sistémica parece que la prioridad por los pobres puede ser el principio generador de otro mundo posible. En esta exposi­ción querría presentar este tema partiendo de la profundidad cristológica de la teología paulina y mostrando su desarrollo en la tra­dición sinóptica.

2. Los pobres como lugar teológico

Los pobres son lugar de salvación y constituyen lugar teo­lógico por antonomasia4. Esto ha sido puesto de relieve de forma magistral por el teólogo vasco Javier Vitoria parafraseando con la fórmula latina extra pauperes nulla salus,»fuera de los pobres no hay salvación», aquella otra expresión de gran resonancia tradicional de Orígenes y Cipriano: extra ecclesia nulla salus, «fuera de la igle­sia no hay salvación». En la misma orientación teológica se sitúan muchos teólogos de nuestro tiempo, entre otros el mártir de la fe, Ignacio Ellacuría, y el obispo emérito, Pedro Casaldáliga, y todos los otros grandes teólogos latinoamericanos, capitaneados por Gustavo Gutiérrez, cuyo estímulo y ejemplo de análisis crítico de la realidad doliente de los pueblos crucificados de América Latina (y extensible a la ignorada África y la emergente Asia) sigue siendo una aportación fundamental de la fe cristiana y del evangelio en el proceso de transformación lenta y ardua de estos continentes de pobreza en espacios inéditos y misteriosos de vida digna y justa donde anida la esperanza como matriz de una nueva civilización intercultural de amor y de vida justa.

Esta orientación teológica constituye una dimensión esen­cial de la fe cristiana que está a la base de la «opción preferencial y evangélica por los pobres», vigente en la iglesia actual. Esta opción ha sido formulada y asumida en las asambleas del CELAM, desde Medellín hasta Aparecida y se ha visto ratificada, impulsada y desarrollada aún más por los últimos papas, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. J. Ratzinger, el papa emérito, lo ha hecho de manera singular al proponer toda su profundidad teoló­gica fundamentándola de forma magistral en la fe cristológica, par­ticularmente en el texto paulino de 2 Cor 8,9. Así, esta opción preferencial por los pobres que constituye la perspectiva funda­mental de los teólogos de la pobreza injusta y de la esperanza liberadora, está llamada a ser un mensaje de salvación en la nueva evangelización del mundo actual y se puede convertir desde el testimonio de vida de los cristianos que dan razón de su esperan­za en un principio básico de transformación de las estructuras económicas, sociales y políticas, cuya desigualdad, injusticia y corrupción claman al cielo desde todos los rincones de la tierra.

3. La terminología de la pobreza en el Nuevo Testamento

En el NT el término πτωχός (pobre) aparece 34 veces5, de las cuales 24 en los evangelios, siendo significativo el de Lc donde aparece diez veces, de las cuales seis en secciones propias lucanas. El sustantivo πτωχέια (pobreza) aparece tres veces (en 2 Cor 8,2.9; Apo 2,9) y πτωχεύω (hacerse pobre) una vez en 2 Cor 8,9.

El término griego utilizado para designar al pobre en el Nuevo Testamento es πτωχός, que etimológicamente se refiere al encorvado, al que se oculta con temor, al que se agacha. Designa a quien no posee absolutamente nada y tiene que proporcionarse mendigando lo indispensable para vivir6. Es el mendigo que carece de lo necesario para vivir y depende de los demás para sobrevivir. Por tanto, designa al pobre de solemnidad. Este término se diferen­cia de πενης, que indica la escasez de bienes y que se correspon­dería en la actualidad a una persona obrera de clase media baja, que necesariamente tenía que trabajar para poder vivir. Mientras que el πενης denota principalmente necesidad de trabajo, el πτωχό/ς denota un estado de indigencia caracterizado por la impo­sibilidad de satisfacer las necesidades básicas humanas. F. Camacho hace una definición lexemática de la pobreza característica del πτωχός con estas palabras: Se trata de «un estado de privación de medios de subsistencia en que se encuentra un individuo humano y que causa una dependencia respecto a los que poseen codicio­samente esos medios»7.

Estos pobres constituían el nivel más bajo de la escala social. Precisamente a estos pobres, denominados πτωχόΐ, es a quienes Jesús dirige en primer lugar su mensaje de liberación, su buena noticia de la salvación. De hecho, mientras que πτωχός es un tér­mino utilizado sistemáticamente por el Nuevo Testamento para referirse a los pobres pues en él aparece 34 veces, sin embargo es un término muy poco frecuente en la literatura profana de aquella época. Este predominio o preferencia del término πτωχός en el NT pone de relieve la importancia de este tipo de pobres en el mensaje de Jesús. Los materialmente pobres desde el punto de vista socioeconómico, y sólo por ser tales, sin ningún otra especi­ficación, son los destinatarios del Reino de Dios. Ellos reúnen por su estado de privación las condiciones fundamentales para aceptar la Buena Noticia de Jesús. Su situación de «dependencia total de otro para satisfacer las necesidades vitales básicas es por analogía el grado de dependencia que debe haber respecto a Dios»8.

La traducción griega de la Biblia hebrea, los Setenta (LXX), no ofrece una distinción clara entre el pobre-πτωχός y el pobre-πένης. En ella el término πτωχός suele traducir términos hebre­os como ‘ani, que designa al encorvado y abatido, y los ‘anawim, que son aquellas personas que, careciendo de medios de subsisten­cia, estando indefensas y a merced de los poderosos, han puesto su confianza plena en Dios. Los dos términos denotan un estado de inferioridad de unas personas respecto a otras y el segundo tiene una connotación religiosa, presente también en la literatura de Qumrán. Πτωχός traduce también otros términos hebreos como dal, que es el débil y oprimido, o ‘ebion, que es el que pide ayuda por su indigencia e indefensión, o ras, que es el pobre socio­lógico. Merece la pena destacar también entre los sujetos pobres del AT la figura del ger, el inmigrante, cuya aparición en los códigos legales del Antiguo Testamento es particularmente notoria, así como su presencia en la tríada de la pobreza: «inmigrante, huérfano y viuda». Esta tríada, a partir de la tradición del Código deuteronómico, designaba claramente a los pobres en la miseria, a los pobres de solemnidad y estuvo muy presente en las críticas radi­cales del lujo y la riqueza en las tradiciones proféticas. Éste es el trasfondo bíblico veterotestamentario en donde se inserta el sen­tido de la pobreza vigente en el término πτωχός del NT.

4. Raíz teológica de la prioridad de los pobres en el pensamiento de Pablo

La presencia y el tenor de la opción preferencial por los pobres en el último documento del CELAM, en Aparecida, debe mucho al énfasis que Benedicto XVI puso en ella en su discurso inaugural en dicha conferencia. Lo hizo colocándola, con términos claros y firmes, en el contexto teológico que le corresponde: «la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enri­quecernos con su pobreza (cf. 2 Cor 8,9)»9. La fe en Cristo es su raíz. El Documento de Aparecida lo repite: «Esta opción nace de nuestra fe en Jesucristo, el Dios hecho hombre»10. La opción pre­ferencial por el pobre es la espiritualidad específica del seguimien­to de Jesús, constituye la seña de la teología de la esperanza libe­radora y la clave de la proyección evangelizadora en el mundo actual11. Yo quisiera detenerme en el análisis y en el alcance teoló­gico de este versículo de Pablo (2 Cor 8,9) para mostrar el carác­ter cristológico fundamental de la prioridad de los pobres y con­tribuir a entender dicha opción como un principio realmente alter­nativo a las dinámicas fatalistas y letales del momento presente.

5. El texto de 2 Cor 8,9

El texto de 2 Cor 8,9 y su traducción dicen lo siguiente:

γινωσκετε γαρ την χάριν του κυρίου ημά)ν Ίησόύ Χρίστου,
ότι δι’ ύμας επτωχευσεν πλόύσιός ωv,
ινα ύμεις τη εκεινόυ πτωχειά πλόυτησητε

Conocéis pues la gracia de nuestro Señor Jesucristo,
porque por vosotros se hizo pobre, siendo rico,
para que vosotros con su pobreza os hagáis ricos.

Este versículo de 2 Cor 8,9 está formado por una doble oración causal introducida por γάρ y ότι que culmina con una ora­ción final introducida por ίνά. La segunda oración causal contiene a su vez otra subordinada causal de participio. El versículo es la ter­cera parte argumentativa y final de una exhortación a la comuni­dad de Corinto expresada al final del versículo 7: «sobresalid tam­bién en esta obra de caridad» (ίνα καί έν ταύτη τη χάριτι περισσεύητε.)

El contexto inmediato: 2 Cor 8,7-8:

Texto griego de 2 Cor 8,7-8:

7 άλλ’ ώσπερ ev παντί περισσεύετε, πίστεί καί λόγω καί γνώσεί καί πάση σπουδή καί τη εξ ημών ev ύμίν Λγάπη, ίνα καί ev ταυτη τη χάρίτί περίσσευητε.
8 Ου κατ’ επίταγην λεγώ αλλα δία της ετερών σπουδής καί το της υμετερας αγαπης γνησίον δοκίμαζών.

Traducción de Sagrada Biblia

7 Y lo mismo que sobresalís en todo -en fe, en la palabra, en conocimiento, en empeño y en el amor que os hemos comuni­cado-, sobresalid también en esta obra de caridad.
8 No os lo digo como un man­dato, sino que deseo compro­bar, mediante el interés por los demás, la sinceridad de vuestro amor.

Comenta el traductor de esta edición de la Sagrada Biblia que la colaboración en la donación a favor de los necesitados, cali­ficada por Pablo una y otra vez como gracia de Dios (χαρίς: 8,1.4.6. 7.9.19; 9,14), es un catalizador de la verdad en el amor. La colecta o donación se denomina en estos textos de Pablo unas veces como χαρίς (traducible como gracia: 2 Cor 8,1.4.9; o favor: 2 Cor 8,4; u obra de caridad: 2 Cor 8,6.7; o generosidad: 2 Cor 8,1.9, donativo: 2 Cor 8,4.7), otras veces como δίακονία (servicio, ayuda, colecta: 2 Cor 8,4; 9,1.12.13) otras como κοίνώνία (parti­cipación, comunión: 2 Cor 8,4; 9,13), y otras como λογεία (colec­ta, recaudación: 1 Cor 16,1.2). Es de destacar la concentración de los tres primeros términos en 2 Cor 8,4: μετα πολλης παρακλησεώς δεομενοί ημών την χαρίν καί την κοίνώνίαν της δίακονίας της είς τους αγίους, («nos pedían insistentemen­te la gracia de poder participar en la colecta a favor de los san­tos»), de lo cual se puede deducir la concepción de dicha donación como una experiencia de la gracia de Dios que hace posible la comunión de bienes entre las comunidades mediante la obra de caridad y la ayuda que se entrega como servicio a los necesitados. Con esta múltiple denominación se hace patente que la colecta o donación es una expresión de la riqueza de la fe que se hace ope­rativa en el amor, a través del desprendimiento generoso a favor de los pobres. Esa manifestación del estilo de vida cristiano en las comunidades se valora como gracia de Dios, se lleva a cabo comu­nitariamente y requiere la ayuda y el espíritu de servicio de cada uno de los miembros de la comunidad para participar en la obra de caridad de la Iglesia.

Los creyentes de Corinto están llamados por Pablo a sobre­salir en la obra de caridad prevista con los hermanos de Jerusalén a través de su donativo. Pablo destaca la generosidad de los cris­tianos de Macedonia, particularmente los de Filipos, Tesalónica y Berea (cf. Hech 16,6-17,15), y subraya tanto su generosidad como la entrega de sí mismos al Señor y a ellos mismos (2 Cor 8,5). Pero Pablo se fija especialmente en el valor de la caridad y de la gracia de aquellas comunidades tan solidarias en su ofrenda, precisamen­te por ser la ofrenda de los pobres para los pobres, puesto que se trataba de comunidades sumidas en una profunda pobreza econó­mica (2 Cor 8,2) que se ha desbordado en un tesoro de generosi­dad. La experiencia de la pobreza, vivida desde la fe, ha posibilita­do que las comunidades crezcan en la solidaridad compasiva hacia los más necesitados. No se trata sólo de dar una limosna, ni de hacer una colecta ocasional, sino de darse a los demás, como expresión concreta de caridad efectiva y comprometida, que es el único tesoro que se aumenta al compartirlo12. Pero toda esta capacidad ha sido dada como una gracia de Dios a las comunidades de Macedonia (2 Cor 8,1).

Pero el criterio último de verificación de la autenticidad del amor cristiano en las comunidades de Corinto ha de ser la solida­ridad de Cristo y no sólo el ejemplo de las comunidades de Macedonia. El contexto de la afirmación paulina de que Jesucristo se hizo pobre refleja la solidaridad a la que apela el apóstol entre todas las primitivas comunidades cristianas. Pablo pide que la comunidad de Corinto ayude a la comunidad de Jerusalén y le exhorta a la generosidad. Les ha puesto como ejemplo de solida­ridad y generosidad a la comunidad de Macedonia (2 Cor 8,2). Pero en 2 Cor 8,9, Pablo da un paso más: la solidaridad y la gene­rosidad de unos con otros, la caridad y el amor de los unos hacia los otros, no se basan simplemente en el buen ejemplo de la comu­nidad de Macedonia, sino en la gracia de Jesucristo, pues lo que él hizo fue hacerse pobre por la humanidad para enriquecer a los hombres con su pobreza. El ejercicio de la caridad cristiana se vin­cula con el mismo Jesús y encuentra en el misterio de Jesucristo su fundamento, no es mero altruismo, ni filantropía, sino la gracia del amor, αγαπη, transmitido por los evangelizadores a los cristia­nos y requerido ahora como consecuencia hacia los demás nece­sitados (2 Cor 8,7-8). Sin embargo la vinculación directa a Jesús tal como muestra el v. 9 es el fundamento más profundo, radical y genuino del auténtico amor cristiano en el ejercicio de la obra de caridad comunitaria a favor de los pobres.

6. Cristo se hizo pobre por vosotros

La gran paradoja de la persona de Cristo queda reflejada en la idea de hacerse pobre para hacer ricos a los demás con su pobreza. La clave de la paradoja es el complemento de ventaja «por vosotros» (δι’ υμάς)13. El amor de Cristo hacia toda persona humana (cf. 2 Cor 5,14-15) es el que justifica el proceso de hacer­se pobre, abandonando su rica dignidad, propia de su categoría divina (cf. Flp 2,6). La gracia de Dios manifestada en Cristo consis­te en el movimiento solidario de su amor que le ha llevado a asu­mir en el misterio de la encarnación la identidad del pobre, la con­dición del siervo y la naturaleza del hombre. Este movimiento soli­dario en el amor hasta hacerse pobre, siervo y hombre es el que comunica toda su riqueza divina a los seres humanos. Según Pablo, en la fe los creyentes han de tomar parte en la misma dinámica sal- vífica que ha llevado a Cristo a asumir la identidad del pobre.

Para que la colecta sea un acto de participación en ese dina­mismo salvífico es necesario que sea idéntico el motivo que impul­sa a hacerse pobre uno mismo, es decir, la caridad en relación con el prójimo (2 Cor 8,7-8)14. El amor de Cristo es el que apremia e impulsa a no vivir ya para uno mismo, sino según la voluntad de Dios (Gal 1,4; Flp 2,8; Ef 5,2). En ese dinamismo los macedonios hicieron de su donación una entrega de sí mismos al Señor. Por eso recordando el ejemplo de otros cristianos y el del mismo Cristo Pablo exhorta a llevar hasta el fin su donación, con las motivacio­nes adecuadas para que sea una expresión de auténtico amor soli­dario (2 Cor 6,8).

7. Interpretación del verbo πτωχεύω en 2 Cor 8,9

El verbo πτωχεύω es hápax en el Nuevo Testamento y un verbo poco frecuente en la literatura antigua. Según el Diccionario de L. Nida el verbo πτωχεύω indica el cambio a un estado de pobreza15. Este cambio puede tener lugar por distintos procedi­mientos. Una primera acepción del término podría entenderse en el sentido de empobrecerse por carecer de los bienes básicos de que antes se disponía, lo cual puede ser o bien un proceso forza­do por circunstancias ajenas a la voluntad de un individuo o bien por un proceso decidido y firme que nace de la voluntad libre y personal de alguien que por virtud o por atención a los otros renuncia a la posesión de bienes con el fin de compartirlos con los más necesitados. Otro sentido posible del verbo πτωχεύω es hacerse pobre, con lo cual el énfasis no se pone tanto en la renun­cia a bienes básicos para la supervivencia, como en la voluntad per­sonal de conseguir una identidad de pobre por amor solidario con los pobres de la tierra.

H.H. Esser dice acerca de este verbo que cuando Pablo usa el verbo en 2 Cor 8,9 lo hace con el significado dinámico de hacer­se pobre, (aoristo ingresivo) y sirve para recordar el autoanonada- miento de Jesucristo a favor de los hombres (cf. 2 Cor 5,19ss; Flp 2,7ss)16. La antítesis desarrollada en 2 Cor 8,9 muestra la renuncia que Cristo hace de sí mismo: Él, que era rico, se hizo pobre (£πτώχευσεν) por vosotros para que vosotros con su pobreza lle­guéis a ser ricos. La existencia misma del apóstol está caracteriza­da también por una antítesis semejante, ya que él, siendo pobre, hace ricos a muchos: 2 Cor 6,1017. En el artículo correspondiente al término pobre del Theologisches Worterbuch zum Neuen Testament18 no aparece ninguna explicación del verbo πτωχεύω, sólo dice (en alusión a 2 Cor 8,2 y 8,9) que πτωχεία es una antí­tesis de πλούσιος.

8. La pobreza de Cristo como seña de su identidad histórica

Hay diferentes interpretaciones sobre la afirmación paulina de la pobreza de Cristo. Unos piensan que ese proceso de «hacer­se pobre», en cuanto que Cristo toma la identidad del pobre, se refiere a la pobreza literal del Jesús de la historia hasta su muerte, otros creen que no se trata de la forma terrena de vida de Jesús, sino de su encarnación y muerte como un acto de gracia19. Para muchos el texto de 2 Cor 8,9 se refiere a la humillación del Cristo preexistente en la encarnación, de modo semejante al himno de Flp 2,6-1 1. Sin embargo, Dunn cree más bien que debe pensarse en una alusión al sacrificio personal de la muerte de Cristo, en cuan­to empobrecimiento que permitió experimentar a los primeros cristianos las riquezas de la gracia divina20.

Según Furnish, Pablo no presenta la gracia de Cristo como un ejemplo a imitar, pues el énfasis de 2 Cor 8,9 recae mucho más en la salvación con la que los corintios han sido enriquecidos por Cristo que en el carácter ejemplar de Cristo a través de la entre­ga de sí mismo por amor, de modo que la afirmación implícita en este versículo no es la de «haz lo que Cristo hizo», sino la de «haz por los demás lo que Cristo ha hecho por ti», es decir, «haz lo que corresponde a tu estatus en cuanto que has sido enriquecido por la gracia de Dios»21. S. A. Panimolle pone de relieve cómo el misterio de Cristo ha sido presentado en las cartas paulinas como una elección de pobreza radical, es decir, de impotencia y de humilla­ción suprema, que permite a Dios realizar la transformación de la condición de miseria en potencia, en riqueza y en gloria. Es el mis­terio pascual en su doble aspecto de anonadamiento y de glorifi­cación. Esto queda reflejado en 2 Cor 8,9, porque presenta el mis­terio de la obra salvífica de Cristo como una acción de anonada­miento para hacer a los seres humanos ricos de vida divina22.

A mi parecer el alcance de la formulación paulina al argu­mentar que «Cristo se hizo pobre por vosotros» debe abarcar la vida histórica de Jesús, durante la cual él asumió la identidad del pobre entre las múltiples opciones de que disponía para llevar a cabo el misterio de su encarnación en la historia humana y su correspondiente realización hasta el anonadamiento de la cruz como mediación paradójica de su glorificación divina manifestada en su resurrección. Pablo busca una palabra inusual en el Nuevo Testamento, el verbo πτωχεύω, para encontrar una expresión adecuada en su cristología descendente, la cual, sin desarrollar prácticamente ningún aspecto de la vida histórica de Jesús, ni de sus palabras, ni de sus milagros, ni de sus controversias y conflic­tos con las autoridades judías, sin embargo, revela, al decirnos que se hizo pobre, un aspecto muy concreto de su identidad humana. Pablo tampoco nos habla de Jesús en cuanto carpintero, ni del hijo putativo de José. Pablo no selecciona entre los datos de la huma­nidad de Jesús más que el hecho de su pobreza. Para ello ha encon­trado un verbo singular y único que permite dar una clave de la identidad de Cristo insertándolo en la tradición de los pobres de Dios, que ponen toda su confianza en él. De este modo Pablo da uno de los trazos esenciales de la personalidad de Cristo, que los evangelios sinópticos se encargarán de desarrollar, pues la pobre­za radical forma parte de los elementos más significativos entre las exigencias del Reino inaugurado por el Mesías. «El profeta de Nazaret no sólo ha mostrado con su ejemplo, fuertemente estimu­lante, que la pobreza concreta forma una condición indispensable del reino mesiánico, sino que también ha exigido a sus seguidores el abandono de todos sus bienes y ha proclamado dichosos a los pobres porque de ellos es el Reino de Dios»23. En este sentido es importante tener presente que este argumento cristológico de Pablo tiene como objetivo la orientación hacia la igualdad en el ámbito económico, como principio orientador de la vida cristiana y de las relaciones humanas (2 Cor 8,14). El verbo πτωχεύω es vivido como gracia en razón de la igualdad, y sirve al autor de la cara para fundamentar y estimular, desde Cristo, la donación de sí mismos a través de la participación económica en comunión con los pobres de Jerusalén. Esa donación de sí mismos permite a los creyentes de Corinto identificarse como pobres en solidaridad con los pobres de Jerusalén y establecer vínculos fraternos de entrega generosa que posibilita la vivencia de la igualdad entre diversas comunidades cristianas.

El hecho de que el punto de partida del proceso trazado por Pablo en este perfil cristológico sea su consideración de la divini­dad de Jesús, puesto que sólo en este sentido se puede entender el atributo de que él fuera rico, es decir por ser Dios, no significa que el sentido de hacerse pobre implique sólo la asunción de la naturaleza humana o la condición de su autovaciamiento o anona­damiento en la condición de siervo, hasta la paradoja de la muerte en cruz, tal como refleja de manera espléndida el himno de Flp 2,5ss. Creo que es justamente lo contrario, pues si se alude al atri­buto de la riqueza de Dios no es para desarrollar ningún aspecto de esa riqueza divina, sino para revelarnos el movimiento inverso, el de la identificación como pobre, en solidaridad con los pobres, mostrando así el amor generoso de Dios y su predilección por los pobres, como manifestación de la gracia divina.

De este modo la formulación de Pablo en este texto de 2 Cor 8,9 expone de forma concreta un rasgo esencial de la encar­nación de Cristo, su identidad como pobre en virtud de su identi­ficación con los pobres. Con ello, lejos de diluir el predicado sin­gular de la pobreza en aquel más genérico de la naturaleza huma­na, le da a ésta una identidad histórica que nos permite descubrir en la primera cristología del Nuevo Testamento, la paulina, un trazo excepcional de la figura de Jesús: su pobreza. Además de ello sabe­mos también, según la investigación histórica, que «Jesús era uno de los pobres que tenían que trabajar duramente para vivir»24. Por último se puede añadir también el hecho de que la expresión de versículo 2 Cor 8,9 contiene un elemento de finalidad («para que vosotros con su pobreza lleguéis a ser ricos») que le da orienta­ción salvífica y, por tanto, kerygmática, a este texto paulino. De este modo, en 2 Cor 8,9 tenemos realmente una formulación del keryg- ma puesto que un Jesús pobre nos muestra la identidad de Jesucristo como realización concreta de la encarnación del Hijo de Dios en la historia humana y en la historia de salvación25.

Así pues, creo que con toda razón y como una base teoló­gica trascendental, Benedicto XVI introdujo este texto cristológi- co de 2 Cor 8,9 como fundamento de la opción preferencial por los pobres, vigente como orientación teológica pastoral de primer orden, dándole consistencia y claridad a la misma al ponerla en el contexto teológico que le correspondía: «la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Cor 8,9)»26. Esta orientación hacia los pobres ha sido adoptada particularmente por el papa Francisco, el cual partiendo del nombre mismo, adoptado por él como sucesor de Pedro quie­re mostrar la línea matriz de su pontificado que él ha evidenciado al expresar con sus múltiples signos y con sus sorprendentes dis­cursos diciendo que quiere «una Iglesia pobre y para los pobres».

Los otros textos paulinos que hablan de los pobres son referencias directas al motivo de la colecta para los pobres de Jerusalén (Rom 15,26; Gál 2,10) o la concepción del ministerio evangelizador desde la pobreza vivida por el mismo Pablo (2 Cor 6,10).

9. La prioridad de los pobres en el Evangelio de Marcos

Un aspecto capital y muy desarrollado en el Nuevo Testamento es el lugar que ocupan los pobres en la predicación de Jesús, para lo cual hemos de acudir a las tradiciones históricas recogidas en los evangelios, donde se plasma la importancia de los pobres en la atención de Jesús en su relación con el Reino de Dios.

Los textos de Marcos relativos a los pobres son Mc 10,21, donde Jesús dice al rico: «Lo que tienes dalo a los pobres», Mc 12,42.43, el de la ofrenda de la viuda pobre en el templo, y el texto de la unción premonitoria de su muerte en Mc 14,5.7, donde Jesús dice «a los pobres siempre los tenéis con vosotros y podéis hacer­les bien».

El evangelista Marcos es el primero en hacer una recopila­ción amplia de diferentes relatos y tradiciones orales o escritas sobre los hechos y enseñanzas de Jesús que culminaron con su muerte en la cruz. Unos cuarenta años después del acontecimien­to trascendental de la resurrección de Cristo, se compuso esta pri­mera obra de las cuatro que posteriormente se denominan «evan­gelios». Una muestra de esa tarea redaccional y creativa del evan­gelista es el texto de (Mc 10, 17-31) y en el cual se pueden distin­guir fácilmente tres partes: un rico religioso y cumplidor que quie­re ganarse la vida eterna (Mc 10, 17-22), la constatación, por parte de Jesús, de la dificultad de los ricos para entrar en el Reino de Dios (Mc 10, 23-27), y las consecuencias de convertirse en autén­ticos discípulos de Jesús (Mc 10, 28-31). El hilo conductor de esta composición de escenas originariamente distintas es el tema del seguimiento. La invitación de Jesús a seguirle para entrar en la diná­mica del Reino de Dios, como propuesta alternativa a los sistemas de valores vigentes en su época y en la nuestra, es una llamada cuya radicalidad reclama nuestra atención.

Leamos el texto de Mc 10,17-22 en la versión castellana de mi Sinopsis Bilingüe de los Evangelios27:

17Y al salir él al camino, uno, corriendo y arrodillándose ante él, le preguntaba:
Maestro bueno, ¿qué haré para que herede vida eterna?
18Y Jesús le dijo:
¿Por qué me dices bueno? Nadie (es) bueno, sino uno, Dios.
19Sabes los mandamientos:
No mates, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio28, no defraudes, honra a tu padre y a (tu) madre29.
20Él le manifestó: Maestro, todo eso lo estuve guardando desde mi juventud.
21Y Jesús, fijándose en él, lo amó y le dijo:
Una cosa te falta, vete, cuanto tienes véndelo y dalo a [los] pobres y tendrás un tesoro en (el) cielo, y ven, sígueme.
22Y él, abrumado por el mensaje, se fue entristecido, pues era dueño de muchas posesiones.

La propuesta de Jesús afecta, en primer lugar, a la concep­ción de la vida religiosa, mostrando las consecuencias de una exis­tencia centrada realmente en Dios, el único bueno y todopodero­so por excelencia. Cuando Jesús responde al que era rico, en el diá­logo queda de manifiesto, desde la perspectiva de Jesús, la insufi­ciencia de toda religiosidad limitada al cumplimiento de los manda­mientos y legitimada por las tradiciones recibidas del pasado, pero incapaz de corresponder a la novedad inédita de Jesús. Pero hay muchos detalles genuinos de Marcos en esta escena de los cuales destacamos algunos: la inserción entre los mandamientos de una prohibición específica, «no defraudes» (Mc 10,19), el énfasis en la doble reacción de Jesús que «fijándose en él, lo amó» (Mc 10,21), la triple reiteración de la gran dificultad de los ricos para entrar en el Reino de Dios (Mc 10,23.24.25), el poder de Dios (Mc 10,27), la recompensa sobreabundante en este mundo y en el futuro para los seguidores del Evangelio con la nota de las persecuciones ineludi­bles en el discipulado fiel (Mc 10,30).

De este modo, el amor de Jesús que se fija en cada persona constituye el principio y la razón más profunda del cambio de vida en los que aceptan la llamada al seguimiento radical. El imperativo de Jesús puede ser creador de una nueva vida, centrada en él, pues sólo con él y desde él se puede percibir la sabiduría de su palabra, con la cual vienen todos los bienes (cf. Sab 7,1 1), pues la llamada del Señor no es una mera propuesta de vida en la renuncia y en la abstinencia, cargada de negatividad, sino que es una oferta positiva de vida nueva yendo con él y siguiendo sus pasos, y ésa es ya la recompensa, pues él es la fuente de la alegría y de la libertad. Esa nueva forma de vida tiene su origen en su inmenso amor y en su mirada penetrante.

Además, la novedad de Jesús en la concepción del Reino de Dios reclama la concentración de la vida en Dios y sólo en Dios como único Señor, la renuncia a las posesiones como centro de atención de la existencia y el seguimiento de su persona, median­te el reconocimiento de su identidad y la comunión con él, con su trayectoria y con su misión. En la respuesta al rico Jesús dice que le falta una cosa, pero cuando lo explica no se trata de una sino de varias que van tan íntimamente asociadas como paralelismos que en realidad constituyen una sola. Vender los bienes para darlo a los pobres es proclamar la entrega solidaria a los más necesitados como exigencia fundamental del discipulado. Así de radical es la opción prioritaria por los pobres en la llamada que Jesús hace. La conversión requiere un cambio de mentalidad que permita orien­tar la mirada hacia los más pobres de esta tierra, hasta convertir­los en los beneficiarios primeros de los bienes de que disponemos. La renuncia a los propios bienes en favor de los pobres e indigen­tes es condición ineludible para el seguimiento, particularmente entre los enriquecidos de la tierra. No es nada imposible, pues para Dios todo es posible, pero sí es una exigencia fundamental para entrar en el dinamismo del Reino de Dios mediante el seguimien­to de Jesús. El Reino de Dios es la metáfora utilizada especialmen­te por Jesús para hablar de Dios Padre en cuanto único Señor de la vida, cuyo amor debe regir todas las relaciones humanas, desde las personales hasta las relaciones económicas, sociales y políticas. La gran lección del maestro y Señor del Reino de Dios, Jesús, pone su centro de atención en los pobres como destinatarios indiscuti­bles del los bienes a los que se debe renunciar por parte de quien quiera trabajar por el Reino de Dios y su justicia.

Tras la retirada del rico que rechazó la invitación de Jesús, éste constata y reitera la enorme dificultad de los ricos y opulen­tos para entrar en el Reino de Dios y acoger afectiva y efectivamente el mensaje del Evangelio. La propuesta de Jesús supone una ruptura personal con el dinero y con el sistema de vida y de valo­res que éste configura. Mediante la donación de los bienes a los pobres la renuncia al dinero se convierte en algo irreversible y definitivo. De este modo los seguidores de Jesús se identifican con su maestro, se convierten también en pobres y entran plenamente en el dinamismo del Reinado de Dios. El paradigma de la entrada, si bien frustrada, en el Reino de Dios que encontramos en este texto de Marcos nos permite descubrir la necesidad de abrir pro­cesos de renuncia a los bienes, sobre todo, cuando éstos están acu­mulados en una vida de opulencia. Así, igual que Cristo se hizo pobre, es necesario anonadarse y autovaciarse para poder generar nuevas dinámicas de generosidad, solidaridad y comunión con los pobres. La instrucción de Jesús pone a los últimos de la tierra, a los pobres, en el centro de mira de los que acaparan la riqueza como condición para entrar en la nueva vida, la eterna, y para abrir cami­nos de conversión personal y de transformación de las relaciones sociales que orienten los mecanismos del engranaje económico con otras claves diferentes. Por eso también desde Marcos se puede considerar la primacía de los últimos en la perspectiva de un cambio de mentalidad y del sistema económico vigente como principio de otro mundo posible. Es lo que empezaron a hacer los discípulos, tal como refleja la tercera parte de esta sección (Mc 10,27-30), donde Pedro y los discípulos, en diálogo con Jesús, por haber renunciado a todo por la causa del Evangelio, reciben la pro­mesa de una recompensa sobreabundante en este mundo y en el futuro, aunque no exenta de las persecuciones propias del discipu­lado fiel y de la nueva mentalidad, sin duda alternativa y contra corriente respecto a las formas de vida vigentes en aquella época y en la nuestra (Mc 10,30).

El tema del pobre reaparece otra vez en Marcos en la ofren­da de la viuda pobre (Mc 12,42.43). En claro contraste con la acti­tud farisaica de los letrados el evangelio de Marcos termina esta sección con la escena ejemplar de la ofrenda de la viuda, que mues­tra su amor a Dios sobre todas las cosas, entregando todo lo que tenía para vivir (Mc 12,41-44). Mujer, viuda y pobre, ella, como la viuda extranjera de Sarepta de Sidón (1 Re 17,10-16), al darlo todo, da mucho más que los ricos. Ella no da de lo que le sobra, sino de lo que necesita para vivir. Es la ofrenda del pobre. Jesús no valora ni la cantidad de lo que se da, ni la finalidad del donativo. Para Jesús lo que vale es la calidad de la ofrenda, la gratuidad de la persona, la vida como don. Darse es mucho más que dar. Más aún, darlo todo, incluso desde la pobreza y desde la indigencia, es el gran valor que destaca Jesús en la donación de la viuda. Marcos subraya el contraste aún más que Lucas (Lc 21,1-4). Lo que tiene valor para Jesús es el amor. Ésta es, de nuevo, la lección magistral que los discípulos deben aprender de Jesús por medio de esta mujer, pobre y viuda.Y es que la única ofrenda agradable a Dios, tal como pone de relieve la nueva concepción del sacerdocio en la carta a los Hebreos, no es sino la entrega y el sacrificio de la pro­pia vida (Heb 9,24-28). Esto es exactamente lo que hizo Jesús en su pasión, libremente asumida por amor como consecuencia del conflicto planteado ante quienes ponían el acento de la vida reli­giosa en observancias externas, ritos vacíos y puras apariencias. Se puede decir que la viuda preconiza con su gesto la entrega de Jesús hasta la cruz.

En la tarea evangelizadora de la misión permanente de la Iglesia, especialmente asumida ahora en el continente latinoameri­cano, como comunidad de discípulos que escucha, aprende y anun­cia el mensaje liberador y redentor de Jesús, el Mesías e Hijo de Dios, merece una relevancia específica el valor de la gratuidad, destacado y enseñado por Jesús en la escena de la ofrenda de la viuda. Los pobres de la tierra no son solamente destinatarios prioritarios del Reino de Dios y objeto de su amor, sino que están llamados a ser «sujeto» agente de una nueva realidad histórica y portadores de nuevos valores, entre los cuales la gratuidad es radical, no sólo en la vivencia de la vida como don recibido de Dios sino en el don ejercido de la vida como amor.

La viuda pobre es un paradigma del Evangelio. Este compor­tamiento de la viuda es el colofón de la enseñanza del Señor Jesús en el templo, según Marcos. Frente a los letrados y sacerdotes, los varones del poder religioso en el corazón del templo de Jerusalén, en contra de la ostentación que manifiestan y del reconocimiento social que reclaman, Jesús proclama paradójicamente la Buena Noticia y llama la atención de los discípulos acerca de la verdad de Dios. La fórmula solemne de introducción en un dicho de Jesús aparece también aquí subrayando la importancia de una gran ense­ñanza en otro orden de valores: «De veras os digo que esta viuda pobre echó más que todos». Esta viuda, máxima expresión de la debi­lidad, de la vulnerabilidad e indefensión, pobre de solemnidad según la categorización bíblica de la tríada de la pobreza, junto al inmigrante y al huérfano, revela la grandeza de Dios en ella, mucho más que el mismísimo templo, pues su gratuidad en la entrega total, también reiterada por Marcos, la convierte en un testimonio vivo, sumamente sencillo, de la Nueva Alianza de la que Jesús es mediador único por el sacrificio de la cruz. Como aquella viuda del evangelio y como la viuda de Sarepta, todos los pobres son bene­ficiarios prioritarios del favor de Dios y pueden ser, mucho más que víctimas, protagonistas de un mundo de valores nuevo, carac­terizado por la entrega generosa de la vida, por la solidaridad sin cálculo interesado, por la gratuidad en la recepción y en la dona­ción sin medida de los bienes de la tierra, aunque sea desde la escasez y la precariedad. También en este sentido los pobres son lugar teológico en este mundo y un ámbito privilegiado para el desplie­gue del Reino de Dios y su justicia. La visión y la actuación de la pobre viuda se convierten en paradigma evangelizador para nues­tro mundo, donde el principio de la entrega total de la vida impli­ca también a los pobres como protagonistas de una nueva realidad en nuestra tierra. Éste puede ser uno de los elementos claves en la tarea misionera de la Iglesia y en el anuncio del Evangelio de Jesucristo en la Nueva Evangelización.

Por último el texto de la unción premonitoria de su muer­te en Mc 14,5.7, recoge el dicho de Jesús «a los pobres siempre los tenéis con vosotros y podéis hacerles bien». En él, lejos de poner la alternativa entre la atención a Jesús y a los pobres, más bien se subraya el señorío de Jesús, cuya presencia terrena toca a su fin, y la permanente presencia de los pobres en la historia humana como ámbito para hacer siempre el bien con ellos. No se trata de opcio­nes excluyentes sino de atenciones diferentes en el tiempo, al Jesús de la historia por la inminencia de su muerte violenta y a los pobres porque siempre son aquellos a los se les deja morir antes de tiempo y como resultado de procesos más lentos, pero no menos violentos, pues la pobreza sigue siendo la forma de violen­cia más mortal y silenciosa que existe en el mundo actual. Este texto de Marcos invita no a desatender a los pobres en aras de la atención a Jesús, sino a descubrir que el gran amor mostrado a Jesús haciéndole el bien ha de llevar a los discípulos y discípulas a amar y hacer el bien siempre a los pobres.

  1. J. García Roca, «Entrevista» en Éxodo 1 12 (2012)12-20; cf. p. 16.
  2. Idem, 16.
  3. Idem, 18.
  4. Esto ya lo he expuesto en otro lugar: Cfr. J. Cervantes Gabarrón, El evangelio y los pobres, Foro Ignacio Ellacuría, Murcia, 2008, pp. 3 1-32.
  5. Éste es el elenco y la distribución de las 34 frecuencias de πτωχός en el NT: Mt 5,3; Mt 1 1,5; Mt 19,21; Mt 26,9; Mt 26,11; Mc 10,21; Mc 12,42; Mc 12,43; Mc 14,5; Mc 14,7; Lc 4,18; Lc 6,20; Lc 7,22; Lc 14,13; Lc 14,21; Lc 16,20; Lc 16,22; Lc 18,22; Lc 19,8; Lc 21,3 Jn 12,5; Jn 12,6; Jn 12,8; Jn 13,29; Rom 15,26; 2 Cor 6,10; Gál 2,10; Gál 4,9 St 2,2; St 2,3; St 2,5; St 2,6 Apo 3,17; Apo 13,16.
  6. Cf. Helmut Merklein, Πτωχός en Balz, Horst – Schneider, Gerhard, Diccionario Exegético del Nuevo Testamento (II), Salamanca, Sígueme, 2002, 1258-1266, p. 1260
  7. Cf. F. Camacho, La proclama del Reino. 1986, p. 58
  8. Cf. E. Arens, Asia Menor en tiempos de Pablo, Lucas y Juan. Aspectos sociales y económicos para la compren­sión del Nuevo Testamento, Córdoba, El Almendro, 1995, p. 150.
  9. Benedicto XVI, Discurso Inaugural de la Asamblea de Aparecida en 2007, n. 3.
  10. Documento de Aparecida, n. 392.
  11. Gustavo Gutiérrez desarrolló esta temática en su artículo «La opción por el pobre nace de la fe en Cristo», publicado en Reseña Bíblica 59 (2008) 39-46.
  12. Cf. Franco Manzi, Seconda Lettera ai Corinzi, nuova versione, introduzione e commento, Paoline, Milano, 2002, p. 239).
  13. Cf. Idem, p. 240.
  14. Cf. F. Manzi, O. cit., 241.
  15. J.P. Louw- E.A. Nida, Greek-English Lexikon of the New Testament. Based of Semantics Domains.»to change to a state of poverty»
  16. H.H. Esser, «Pobre», en L. Coenen -E. Beyreuther – H. Bietenhard, Diccionario Teológico del Nuevo Testamento (III), pp. 380-385, cf. p. 384.
  17. Cf. Helmut Merklein, «ΠτωχΟς», en Balz, Horst – Schneider, Gerhard, Diccionario Exegético del Nuevo Testamento (II), Salamanca, Sígueme, 2002, 1258-1266. p. 1266.
  18. F. Hauck, – E. Bammel, «πτωχΟς, πτωχεία, πτωχεύω», en TWNTVI, 885-915.
  19. Cf. V. P. Furnish, II Corinthians, The Anchor Bible, Doubleday, New York, London, Toronto, Sydney Auckland, 1984, p. 417.
  20. Cf. J. D.G. Dunn, La teología dell’apostolo Paolo, Paideia, Brescia, 1999, p. 299.
  21. Cf. V.P. Furnish, O. cit, p. 418.
  22. Cf. S.A. Panimolle, «Poverta», en P Rossano, – G. Ravasi, – A. Girlanda, Nuovo Dizionario diTeologia Paoline, Milano, 1988, p. 1215.
  23. S.A. Panimolle, O. cit. 1213.
  24. J. P. Meier, Un judío marginal. Nueva Visión del Jesús Histórico, I, Estella, Editorial Verbo Divino, 1999, p. 293.
  25. Sin aludir directamente a este texto E. Staufer pone de manifiesto el alcance soteriológico de las for­mulaciones finales introducidas por «iva», [cf. E. Stauffer, «iva», GLNTIV 1025, TWNT III 328. Por eso a él se remite Bammel en F. Hauck, – E. Bammel, «πτωχός, πτωχεία, πτωχεύω», GLNT XI 709-788, cf. p. 779.] Pablo desarrolla la fórmula antitética de la pasión transformándola en una forma paradójica de la encarnación, o sea en aquel logos de la cruz que tiene el carácter de una profesión de fe, Cfr. 2 Cor 5,21, Gál 3,l3ss; 4,5; Rom 8,3ss. (cf. 1 Pe 2,24; 3,18; Heb 2,l4,ss). De este modo la explicación de la muerte de Jesús en términos de teología del martirio (Lc 24,26, Jn 10,17; Heb 2,9; Flp 2,6) es superada por la concepción soteriológica de la cruz (Heb 13,12; cf. 2,14): Jesús muere no solamente para ser elevado posteriormente a la gloria, sino en último análisis para servir a la salvación del mundo. La cruz se comprende por tanto a partir del fin, y el principio teleológico se afirma en el cora­zón mismo del mensaje y de la teología cristiana. Partiendo de este punto central la noción del fin ha entrado de lleno en el vivo de la idea de Dios, del mundo y de la historia, propia del cristianismo de los orígenes.
  26. Benedicto XVI, Discurso inaugural de Aparecida n.3
  27. Utilizo la traducción de mi libro Sinopsis bilingüe de los tres primeros evangelios con los paralelos del Evangelio de Juan, Verbo Divino, Estella, 1999
  28. Cf. Éx 20, 13-16; Dt 5, 17-20
  29. Éx 20, 12; Dt 5, 16

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *