La nueva evangelización en Europa

Francisco Javier Fernández ChentoFormación Cristiana1 Comment

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Author: Pablo Domínguez Garatachea, C.M. · Year of first publication: 2011 · Source: Anales.
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Introducción

Una firma significativa

Vivimos hoy en un mundo globalizado, caracterizado por sociedades cada vez más multiétnicas y multiconfesionales. Los países occidentales reniegan a veces de la historia y de los símbolos religiosos, que reflejan la identidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos. Olvidan que las grandes religiones pueden constituir un importante factor de unidad y de paz y promover la convivencia civil. Así lo expresa y lo pone en escena la firma de la Constitución europea en Roma. No se quiso incluir en la Introducción de dicha Constitución la tradición cristiana de Europa y los valores cristianos que la fundamentaron, ni tampoco mencionar a Dios, confirmando la impresionante expresión de «apostasía silenciosa» que la II Asamblea Especial del Sínodo de Obispos para Europa aplicaba a la realidad religiosa que se está viviendo en nuestro continente. Sin embargo, paradójicamente, a la hora de poner la firma en la Constitución europea se hace en un escenario presidido por una colosal estatua de un Papa, testigo mudo pero elocuente de esa firma.

«Francia, país de misión». Europa, tierra de misión.

Cuando en los años sesenta Père Godin publicó el libro «Francia, país de misión» no faltó quien se escandalizara por esa afirmación, sin embargo el tiempo y la realidad le dieron la razón. Ya desde hace años, y con la voz de los pastoralistas, de los teólogos y de la gente de a pie, que lo vive en su carne, y también de los Papas, se amplía el territorio de misión a toda Europa. Hay voces que reconocen que Europa estaba cristianizada, pero no evangelizada. Y esa parece ser una de las causas del abandono progresivo de la práctica religiosa, tanto en la Europa oriental como occidental, la del norte y el sur, cuando el pensamiento único (el eclesial, catolicismo o protestantismo) se abre al gran aluvión de ideologías, de filosofías. Como ejemplo de esta afirmación puede ser significativa la evolución de Rusia, espejo de otros países de Europa que estaban en su órbita. La caída del Estado soviético, que sostenía e inculcaba el ateísmo, aportó un trágico vacío ideológico, cultural y ético. Después de la caída del comunismo (1988-1992) la religión se rehabilitó y la gente mostró interés por las Iglesias, confesiones y religiones, pero una década después esta tendencia desapareció. Como en todas las sociedades de los países occidentales, en Rusia ha empezado a prevalecer el materialismo práctico, el consumismo y un común relativismo. Y ha ido despuntando el culto de la salud, de la belleza y de la juventud.1

Y como ejemplo para la Europa occidental, nos puede servir la «católica España», que en la Semana Española de Misionología (Burgos, 2010) se reconoce, algo ya evidente, que es tierra de misión, por lo que se necesita un nuevo modo de ser y de hacer Iglesia. La Conferencia Episcopal Española en el documento «Testigos del Dios vivo» ya reconocía que «la hora actual de nuestra Iglesia tiene que ser -es- una hora de evangelización».2 Y la misma Conferencia, en su Plan de Acción Pastoral para el Trienio 1990-1993, reconoce que la evangelización es, en efecto, el mayor apremio de la situación actual de la Iglesia y de la sociedad españolas.3

Y con relación a la Congregación de la Misión, ya la Asamblea de 1992 nos llamaba a una nueva evangelización en nuestra sociedad secularizada y de rápido cambio cultural e indiferencia. Más recientemente, el «documento» Fidelidad creativa para la Misión, 2010-2016, de la última Asamblea General, al proponer líneas de acción para la creatividad en los Ministerios, señala esta distinción: «Ir a los más lejanos, Misión ‘ad gentes’, y acercarse a los más alejados, Misión ‘inter gentes’».4 Es la manera de reconocer que en los países del primer mundo es necesaria una nueva evangelización o, con palabras de Benedicto XVI, «una renovada evangelización en los países donde ya resonó el primer anuncio de la fe».5

Dos parábolas para la evangelización de Europa:

En todas las parábolas que narra Jesús siempre hay algún aspecto provocativo, también en este caso pueden parecer provocadoras y eso es bueno.

  1. Parábola de la levadura: la sociedad europea, durante muchos siglos, ha sido la masa fermentada, el pan común. La levadura había desaparecido. Parecía que se había conseguido el objetivo de cristianizar Europa. Hoy nos damos cuenta que la sociedad europea quizás ha sido cristianizada (recordemos el comienzo de esa cristianización en el siglo IV), pero no fue suficientemente evangelizada. Y volvemos a la situación de los orígenes de la Iglesia: Iglesia, como Jesucristo, perseguida por los poderes públicos, en medio de un mundo paganizado o con varios altares a los dioses, incluso al dios desconocido, enfrentada a ideologías contrarias al evangelio (culto al César, hedonismo, herejías, materialismo sempiterno, violencias manipuladas, conciencias sometidas). Hoy también la Iglesia y las diversas Iglesias cristianas se encuentran en la misma situación. Por eso dejan de ser «masa» para convertirse en levadura del mundo que nos toca vivir y transformar. Ya no podemos pensar en los números de nuestros cálculos, sino en la vida de nuestras pequeñas comunidades y de cada uno de sus miembros, que han de ser levadura metida en la masa.
  2. Parábola de la oveja perdida: Durante muchos siglos también, la sociedad europea ha sido como el redil de las noventa y nueve ovejas de la parábola. Y durante siglos se ha ido «alimentando» a esas noventa y nueve, mientras poco ha poco se iban alejando de ese redil otras (intelectuales, filósofos, obreros, jóvenes, adultos ganados por la indiferencia o el agnosticismo, incluso podemos ver hoy una desafección por parte de los adolescentes y niños), y pocos fueron los pastores que salieron a buscar a esas ovejas, mientras tanto seguían alimentando (eso sí con algunas novedades) a las cincuenta, a las treinta, a las diez y, finalmente, se ha invertido la parábola: ahora es una la que está en el redil y noventa y nueve que están fuera. Por eso la Iglesia ha de recuperar su vocación misionera y salir al encuentro de los que han ido buscando otros «pastos», para ofrecerles el verdadero Pan, que da vida para siempre, para presentarles al que es Camino, Verdad y Vida.

I.- Contexto o situación de partida

1.- El marco sociopolítico

Nos dejamos llevar por el análisis socio-religioso que se hace en una Asamblea General de la Unión de Superiores Generales en 2010. Benedicto XVI afirmó en el 2007: «La identidad propia de los pueblos de Europa es más histórico-cultural y moral que geográfica, económica o política. Es una identidad constituida por un conjunto de valores universales que el cristianismo contribuyó a forjar».6 Sin negar la verdad de esta afirmación, que salta a la vista a cualquiera que mire objetivamente la historia de Europa, nos preguntamos: ¿son hoy en día los ciudadanos europeos conscientes y, sobre todo, coherentes con esta realidad? Posiblemente tendremos que reconocer que no.

De ser un continente marcado profundamente por la cultura cristiana, ha pasado a ser un continente que reniega o, cuando menos, ignora sus propias raíces cristianas. El ciudadano europeo en su mayoría, y Europa misma, parecen no tener necesidad de Dios, y se pretende que lo religioso quede relegado a algo meramente personal e individual. Por otra parte no se puede ignorar que desde muchos y diversos frentes hay un ataque frontal a todo lo que pueda sonar a cristiano o evangélico (Una noticia reciente, de fuentes vaticanas, daba la cifra de 150.000 católicos asesinados en el año 2010 por causa de su fe o práctica religiosa). El avance de la increencia y de la desafección religiosa en nuestro continente pone en cuestión la pervivencia y la persistencia de la las Iglesias locales como realidad públicamente relevante en el futuro.

Otros muchos factores propios de la cultura actual, tales como: el individualismo, la fragmentación, el consumismo, los continuos cambios, el relativismo, en el que tanto insiste el Papa, afectan gravemente a la hora de vivir cristianamente.

Por otra parte, Europa ha estado envuelta en dos sistemas económicos, políticos e ideológicos, cada uno con sus consecuencias: por un lado el capitalismo (actualmente neocapitalismo o capitalismo liberal, o como dice Mauro Magatti: Europa está siendo dominada por un «capitalismo tecnonihilista»)7 y, por otro, el comunismo (en un tiempo socialismo soviético, marxismo, leninismo, o comunismo residual en países democráticos). Todos tenemos experiencia de lo que cada uno de esos sistemas ha ofrecido y ofrece al ciudadano de hoy, al creyente de hoy. Para lo que nos importa al hablar de la nueva evangelización, en ambos sistemas Dios es relegado o sustituido, aunque paradójicamente en el billete del dólar aparezca el nombre de Dios metido en el negocio. En ambos, la experiencia religiosa es «perseguida», directa o indirectamente. Los dos sistemas están representados en dos «muros»: el muro de Berlín (telón de acero) y el muro de Wall Street. Y ambos muros han caído, aunque parece que el neocapitalismo está ganando la batalla también en Europa.

La nueva evangelización ha de tener en cuenta las relaciones entre Iglesia y Estado, siendo conscientes de que para ser libres hay que «dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». En todos los países europeos se reconoce el derecho a la libertad religiosa. La sociedad europea es cada vez menos laicista (anticlericalismo) y más laica (sin vincularse a una religión, el Estado valora el hecho religioso por el servicio que las diversas confesiones prestan al bien común), por ejemplo los intelectuales en Francia y en Italia. En España sucede actualmente al revés: el laicismo es más agresivo, como reconoció el mismo Papa Benedicto XVI en su último viaje a Santiago de Compostela y Barcelona en noviembre de 2010.

Otro dato a tener en cuenta es que Europa se encuentra ahora atenazada por lo que algún autor llama el «integrismo laico» y por el fundamentalismo religioso.

El mensaje de Benedicto XVI para la Jornada de la Paz de este año 2011 subraya el valor de la libertad religiosa. En él se afirma que tanto el fundamentalismo como la hostilidad contra los creyentes promovida por el laicismo excluyente rechazan el legítimo pluralismo y el principio de laicidad. «En efecto, ambos absolutizan una visión reductiva y parcial de la persona humana, favoreciendo, en el primer caso, formas de integrismo religioso y, en el segundo, de racionalismo».8 Ambas posturas se parecen más de lo que se sospecha.

Finalmente, Europa está pasando por una profunda transformación cultural, que puede atribuirse al proceso de globalización, a la distancia de sus raíces cristianas y a la acogida de un gran número de inmigrantes, culturalmente diversos. Con palabras fuertes y arriesgadas de Juan Pablo II, podemos decir que «la cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera».9

2.- El marco eclesial

La Iglesia en Europa no acaba de integrar la renovación que soñaba el Concilio Vaticano II, es decir, una Iglesia-comunión (LG) para ser una Iglesia-misión, servidora del mundo (GS). Son muchos los autores, teólogos y pastoralistas, que piensan que los documentos y, lo que es peor, la vida que auguraban, se han quedado en el cajón de la mesa o en la estantería de libros. Es una Iglesia que ha de recuperar su vocación peregrina y samaritana, que tiene que hacer un éxodo, ya lo está haciendo en parte forzada por las circunstancias, de una Iglesia establecida a una Iglesia misionera, y no es tarea fácil. Una Iglesia que sea creíble para el hombre y la mujer de hoy, para el intelectual y el artista, para el joven y el adulto. «Una Iglesia que no podrá salir de su parálisis pastoral hasta que no aceptemos que estamos en un nuevo mundo, hasta que sepamos ver sus códigos y sudemos hasta lograr la alfabetización que nos demanda un mundo que ya no es lógico, sino transracional, que no es abstracto, sino mediático, que no es heterónomo, sino autoconstructivo, que no es positivista, sino postmaterialista, que no es aislado, sino interconectado».10

La nueva evangelización requiere esta «metanoia», esta inculturación, para que el mensaje y la Palabra (Jesucristo) resuenen en los oídos de quienes escuchan y transformen su vida y la sociedad. No estoy seguro de que los pasos que se van dando respondan a esa «metanoia». Más bien se puede pensar que hay una tendencia a reafirmarse en lo identitario, en la verdad poseída y que se ha de preservar. Es curioso que las nuevas generaciones del clero (aunque no se puede generalizar) se inclinen más por el culto que por la calle, por lo distintivo que por la inmersión. Llama también la atención el que los movimientos eclesiales en los que se quiere apoyar la nueva evangelización sean considerados, en su mayoría, como involucionistas, de marcado carácter tradicional, poco dialogantes con el mundo. Podemos aplicar al clero y a estos movimientos eclesiales lo que el periodista John Allen dice de una nueva generación de religiosos, a quien él llama «mileniales», una generación distinta de la del Vaticano II: «La generación del Vaticano II creció dentro de una fuerte cultura católica y, en cierta medida, reaccionó en contra de la misma, considerándola como demasiado controladora y sofocante. Sin embargo, para los «mileniales» el crisol definitivo ha sido un mundo secular desarraigado. Tienen muchos deseos de crear un fuerte sentido de identidad católica, pero no de reformarla o redefinirla. Están reaccionando, fundamentalmente, contra el mundo, no contra la Iglesia» (NCR, 14 de agosto 2009).11

Con frecuencia repetimos las mismas palabras y los mismos esquemas. Una Iglesia «mayor», «de tercera edad», tiene que hacer el esfuerzo que Jesús pedía a su amigo de confidencia nocturna, Nicodemo: hay que nacer de nuevo. Y también, como a Nicodemo, nos hace falta más valor para salir fuera. Nos falta tomar conciencia de la acción del Espíritu, «que sopla donde quiere», es decir, nacer del Espíritu, como le dice Jesús a Nicodemo. Así lo reconoce el Papa Benedicto XVI al señalar como condición espiritual para la nueva evangelización que la Iglesia se deje regenerar y animar por el poder del Espíritu Santo.12

En lo que respecta a la nueva evangelización el mismo Papa marca senderos básicos y fundamentales: «Con frecuencia nos preocupamos afanosamente por las consecuencias sociales, culturales y políticas de la fe, dando por descontado que hay fe, lo cual lamentablemente es cada vez menos realista. Se ha puesto una confianza tal vez excesiva en las estructuras y en los programas eclesiales, en la distribución de poderes y funciones, pero ¿qué pasaría si la sal se volviera insípida? Para que esto no ocurra es necesario anunciar de nuevo con vigor y alegría el acontecimiento de la muerte y resurrección de Jesucristo, corazón del cristianismo, el núcleo y fundamento de nuestra fe, recio soporte de nuestras certezas, viento impetuoso que disipa todo miedo e indecisión, cualquier duda y cálculo humano. La resurrección de Cristo nos asegura de que ningún poder adverso podrá jamás destruir la Iglesia. Así pues, nuestra fe tiene fundamento, pero hace falta que esa fe se haga vida en cada uno de nosotros. Por tanto, se ha de hacer un gran esfuerzo capilar para que todo cristiano llegue a ser testigo capaz de dar cuenta siempre y a todos de la esperanza que lo anima».13

La voz de los últimos Papas

Pablo VI

Pablo VI, precursor de lo que estamos llamando nueva evangelización, dijo que la Iglesia tiene que vivir en Europa «nuevos tiempos de evangelización» (E.N.). De su pluma salió lo que, para mi humilde parecer, sigue siendo la Carta Magna de la evangelización: la Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi (1975). El punto de partida pudo ser hasta escandaloso cuando dice Pablo VI que «la Iglesia existe para evangelizar«. Basta una mirada rápida al esquema para descubrir la actualidad de este documento: Del Cristo evangelizador a la Iglesia evangelizadora; ¿Qué es evangelizar? (renovación de la humanidad…y de sectores de la humanidad; evangelización de las culturas; importancia primordial del testimonio; necesidad de un anuncio explícito; hacia una adhesión vital y comunitaria; impulso nuevo al apostolado); Contenido de la evangelización: contenido esencial y elementos secundarios; un testimonio al amor del Padre; centro del mensaje: la salvación en Jesucristo; bajo el signo de la esperanza; un mensaje que afecta a toda la vida; un mensaje de liberación; en conexión necesaria con la promoción humana; sin reducciones ni ambigüedades; la liberación evangélica centrada en el Reino de Dios, en una visión evangélica del hombre que exige una necesario conversión; exclusión de la violencia; contribución específica de la Iglesia; libertad religiosa; Medios de evangelización: a la búsqueda de los medios adecuados; el testimonio de vida; una predicación viva; liturgia de la Palabra; la catequesis; utilización de los medios de comunicación social; contacto personal indispensable; la función de los sacramentos; piedad popular; Los destinatarios de la evangelización: destino universal, a pesar de los obstáculos; primer anuncio a los que están lejos; anuncio al mundo descristianizado; religiones no cristianas; ayuda a la fe de los fieles; secularismo ateo; los que no practican; anuncio a las muchedumbres; comunidades eclesiales de base; Agentes de la evangelización: la Iglesia entera es misionera; un acto eclesial; la perspectiva de la Iglesia universal; la perspectiva de la Iglesia particular; adaptación y fidelidad al mensaje; apertura de la Iglesia universal; el inalterable depósito de la fe; tareas diferenciadas; el Sucesor de Pedro; obispos y sacerdotes; los religiosos; los seglares; la familia; los jóvenes; ministerios diversificados; Espíritu de la evangelización: exhortación apremiante; bajo el aliento del Espíritu; testigos auténticos; búsqueda de la unidad; servidores de la verdad; animados por el amor; con el fervor de los santos; Conclusión: … María, estrella de la evangelización.

¿Podrá añadirse algo más al hablar de la nueva evangelización?

Juan Pablo II

«Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, te lanzo, oh vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Reaviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de respeto con las demás religiones y con las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».14

La Nueva Evangelización es un tema estelar, central, en el mensaje de Juan Pablo II, su objetivo más ambicioso, según Benedicto XVI. Poco tiempo después de hablar de la necesidad de una nueva evangelización, con motivo del V Centenario de la primera evangelización en América Latina, Juan Pablo II dio el paso valiente e innovador de aplicar el mismo diagnóstico y presentar las mismas metas a las Iglesias de Europa.15 El Papa, en diversas intervenciones posteriores, quiere provocar un movimiento de revisión y de renovación espiritual y apostólica en las Iglesias de Europa. Juan Pablo II, cuando se refiere a la «nueva evangelización», concreta que se trata de una evangelización «nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión»,16 capaz de adaptarse a las circunstancias de esta nueva etapa histórica y de afrontar los nuevos desafíos de este momento Nueva evangelización en su ardor, sus métodos y su expresión, propuesta y analizada detenidamente en la exhortación Christi fideles laici. En ella señala que los países del llamado Primer Mundo, más afectados por la secularización de la cultura y de las conciencias, parecen ser los primeros necesitados de esta enérgica renovación pastoral que el Papa reclama. En otra exhortación apostólica, Iglesia en Europa, el Papa dedica una gran atención a la necesidad de una pastoral evangelizadora. Llega a decir que en algunos lugares de Europa «en amplios sectores sociales y culturales» de Europa, se necesita una verdadera missio ad gentes.17

Benedicto XVI

El Papa actual asume la totalidad de la herencia de Juan Pablo II sobre la nueva evangelización. Así pues, sigue la estela de Juan Pablo II en el interés pastoral y doctrinal por la nueva evangelización, evocando las palabras de su predecesor, quien dijo que «la evangelización de Europa al comenzar el tercer milenio debía tener como referencia imprescindible las enseñanzas del Concilio Vaticano II». El objetivo de la nueva evangelización para Benedicto XVI consiste en despertar una fe «viva, consciente y responsable», que debe ser una obra común de los obispos, de los sacerdotes, de los consagrados y de los laicos.

La nueva evangelización es un tema fundamental en la enseñanza y en la acción pastoral de Benedicto XVI, tanto en sus viajes pastorales como en sus discursos, documentos y Encíclicas, todos ellos desarrollados en clave de evangelización: explican los fundamentos de la fe, evitan las polémicas secundarias y se dirigen al incremento de la fe en Dios y en Jesucristo como fundamento del cambio de vida y de la renovación del mundo. A la vez que hace este anuncio kerigmático, en sus intervenciones tiene muy en cuenta las implicaciones entre fe y cultura tratando de animar a todos los cristianos a encarnar la vida cristiana en la vida real personal, social y comunitaria.18

El Papa Benedicto XVI ha instituido, el 21 de septiembre de 2010, un nuevo Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización y, al anunciarlo, dijo: «He decidido crear un nuevo Organismo, en la forma de «Consejo Pontificio», con la tarea principal de promover una renovada evangelización en los países donde ya resonó el primer anuncio de la fe y están presentes Iglesias de antigua fundación, pero que están viviendo una progresiva secularización de la sociedad y una especie de «eclipse del sentido de Dios», que constituyen un desafío para encontrar los medios adecuados para volver a proponer la perenne verdad del Evangelio de Cristo».19

2. La nueva evangelización

Desde que Juan Pablo II propusiera esta nueva evangelización hasta ahora, han pasado casi treinta años y los resultados no parecen ser muy halagüeños. Han surgido hermosos textos, Documentos de las Conferencias Episcopales, Planes Diocesanos, estudios y libros que tratan en profundidad el tema, pero la realidad es que la Iglesia sigue sin interesar al europeo de hoy, que el mensaje de Jesucristo y de su Evangelio «rebota» en un muro de indiferencia, de desprestigio eclesial, de materialismo, «de apostasía silenciosa». Ni siquiera, creo humildemente, la Nueva Evangelización ha entrado en las propias entrañas del pueblo más o menos fiel que se siente miembro de la Iglesia. Se ha hecho un cierto «aggiornamento», pero no se ha dado la transformación deseada por esa nueva evangelización. Tan es así que en octubre de 2010, como acabamos de recordar, se nombra el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, y el arzobispo y presidente del mismo, Rino Fisichella, reconoce que todavía sigue siendo un reto la nueva evangelización, cuando dice: «La nueva evangelización ha sido objeto de una cuidadosa reflexión por el Magisterio de la Iglesia en las últimas décadas. El objetivo se presenta como un gran desafío para toda la Iglesia».20 Y, por otra parte, como signo de la importancia, y a la vez de cierto fracaso, de la nueva evangelización el Papa ha convocado para 2012 un Sínodo especial sobre la Nueva Evangelización.

1. Las nuevas condiciones de la misión (que ya no van siendo tan nuevas)

En este apartado voy de la mano de José Antonio Pagola, teólogo y pastoralista, en su ensayo titulado Claves para una evangelización misionera en la sociedad actual.21

Antes que nada parece necesario tomar conciencia clara de las nuevas condiciones en que la Iglesia ha de realizar hoy su misión. Condiciones inéditas e insospechadas hace sólo unos años. Nos limitaremos a tomar nota de algunos datos básicos que parece necesario tener en cuenta para pensar hoy de manera renovada la misión evangelizadora de la Iglesia:

1.1. Centralidad de la crisis:

«La crisis es un fenómeno que se ha extendido a todos los dominios de la existencia humana, hasta el punto que viene a designar simplemente nuestra condición de hombres modernos».22 Aparece el descrédito y la desconfianza en las grandes ideologías, se experimenta como nunca la fragmentación. No se aceptan los grandes relatos de salvación, las grandes síntesis, los sistemas unificadores, las grandes religiones. Ya no es posible un mundo en común. En adelante se vivirá en el pluralismo.

Al tratar de buscar algunas claves para la evangelización hoy, parece necesario pensar, antes que nada, en cómo nos hemos de situar ante esta crisis tan global y profunda. ¿Qué ha de ser y cómo ha de actuar la Iglesia en esta crisis?, ¿cómo ha de entender y vivir su misión?

1.2. La «crisis de Dios»

La cuestión de Dios ni atrae ni inquieta. Sencillamente deja indiferente a un número cada vez mayor de personas. La fe en Dios parece diluirse en la conciencia del hombre moderno. Se diría que está desapareciendo del horizonte de cuestiones y respuestas posibles al sentido de la existencia. Dios no interesa. Cada vez son menos los que piensan en él como principio orientador de su comportamiento.

Estamos pasando del «orden de las creencias», en que los individuos actuaban movidos por alguna fe que les servía de criterio, sentido y norma de vida, al «orden de las opiniones», en que cada uno tiene su propia opinión sin necesidad de fundamentarla en ningún sistema ni tradición. Todo ello en el marco de un escepticismo y desencanto generalizado.

La nueva evangelización se mueve en esta «condición» y deberá responder a preguntas como: ¿dónde puede encontrar la convivencia humana un nuevo eje para orientar su caminar histórico?, ¿cómo repensar la Transcendencia y su relación con lo inmanente?, ¿dónde encontrar esa síntesis todavía no lograda entre lo sagrado y lo secular?, ¿en qué dirección buscar modelos adecuados para decir «Dios»?23

1.3. La crisis religiosa entre nosotros

Era necesario captar la crisis religiosa en toda su hondura y gravedad para no movernos de manera ingenua en la búsqueda de nuevos caminos pastorales. Nos toca vivir este momento histórico en esta Europa. Aquí y ahora hemos de vivir y comunicar la experiencia cristiana del Dios vivo de Jesucristo. Por ello, hemos de situarnos en la crisis religiosa dentro del contexto en el que nosotros nos movemos. Las gentes se van familiarizando a la cultura de «la ausencia de Dios»: se prescinde de Dios y no pasa nada especial. Los mismos cristianos se van acostumbrando a la nueva situación de indiferencia. Convivimos sin desazón alguna con personas a las que Dios no atemoriza ni atrae, no cuestiona ni fascina. Sencillamente, las deja indiferentes.

Podemos constatar diferentes formas de fe, de indiferencia y de increencia (creyentes y ateos convencidos, agnósticos y adeptos a nuevas religiones y movimientos, personas que buscan creer, quienes creen «en algo», individuos sincretistas y creyentes «a la carta»; personas que no saben si creen o no creen, gente que cree en Dios sin amarlo, personas que oran sin saber muy bien a quién se dirigen…).

Lo religioso se va reduciendo a un sector cada vez más restringido. Hace tiempo que la religión ha ido perdiendo influjo en el campo político, social, cultural o artístico. Crece la incultura religiosa. Los «media» difunden una cultura indiferente y frívola donde lo religioso aparece muchas veces vinculado o incluso mezclado con lo esotérico, la astrología, las creencias ocultas, la parapsicología, los tarot, lo visionario, etc. La vida moderna impide a muchos pensar y reflexionar. Bastantes no saben ni plantearse las grandes cuestiones de la existencia; no tienen palabras para hablar de la fe o de la experiencia. Lo desconocen casi todo. Crece el paganismo como forma de vida.

En este puzzle de «experiencias religiosas» hemos de encarnar la nueva evangelización.

1.4. Algunos cambios en los cristianos

a. Va creciendo la ambigüedad de la figura del cristiano.

  1. Los católicos no forman ya un todo homogéneo.
  2. Los que se dicen cristianos no difieren mucho en su estilo de vida de quienes no se reconocen como tales.
  3. Está cambiando también el modo de creer.
  4. Son cada vez más amplios los sectores que perciben a la Iglesia de manera negativa.

Debo decir que en este terreno tendría mucho que aportar la misión popular vicenciana, porque su estrategia y metodología se orientan principalmente, y desde sus orígenes, a fundamentar la fe y la práctica (la vida) de los católicos llamados, como siempre, a la conversión, a creer en el Evangelio y a seguir a Jesucristo.

1.5. El deslizamiento hacia la increencia

De manera general se puede decir que a no pocas personas la descristianización actual los va llevando poco a poco al desinterés, el abandono, la decepción, el silencio y olvido de algo que, tal vez, un día tuvo algún significado en sus vidas. Es cada vez más frecuente entre nosotros un agnosticismo difuso caracterizado por rasgos diferentes.

Para quienes trabajan con jóvenes, merece una atención especial la indiferencia de la juventud caracterizada más o menos por los siguientes rasgos: falta de trasfondo religioso y memoria cristiana, alergia a la Iglesia institucional, fuerte valoración de las propias convicciones, rechazo de normas rígidas y, casi siempre, inestabilidad y relativismo grandes.

Desde la perspectiva pastoral evangelizadora hay ahondar en la vida de la gente para preguntarnos de qué se vive y en qué se cree cuando ya no se cree en Dios ni en sus sustitutos: «la razón, el progreso, la historia».

2. Claves para la nueva evangelización

Ante esta situación vamos a reflexionar sobre algunas claves para una pastoral misionera en la sociedad actual. Partimos de que la respuesta a la situación que vive Europa debe ser una pastoral misionera, volviendo, como nos recordaba el Concilio y especialmente Juan Pablo II, a las fuentes de la primera evangelización y captar bien su verdadero espíritu para «reavivar en nosotros el impulso de los orígenes».24

Una pastoral misionera requiere algunos rasgos significativos y, podríamos decir, irrenunciables:

2.1.Evangelizar en situación:

Desde la Encarnación del Hijo de Dios, éste es un principio fundamental. Principio «viejo y siempre nuevo» que San Vicente recomendaba a un misionero: «la voluntad de Dios es que nos acomodemos a las circunstancias de las personas, de los lugares y de los tiempos».25

Una misión encarnada en una realidad asumida y amada. La nueva evangelización ha de realizarse en medio de una sociedad plural, en diálogo con otras religiones y confesiones. Pero ese diálogo debe hacerse extensivo también a todos los sectores de nuestra sociedad, algunos de ellos con una hostilidad creciente hacia lo religioso y, en concreto, hacia lo católico. Sin pretender ser exhaustivos señalamos algunos campos en los que la presencia y el diálogo son requisitos de la nueva evangelización: el voluntariado social; el mundo de la cultura (es lamentable que en España, proclamándose no creyentes solo el 15 %, se esté hablando de una «cultura de la increencia»); los medios de comunicación social; el sindicalismo; la política; la ecología y preservación del medio ambiente.

Bien claramente lo dice Benedicto XVI: La diversidad de las situaciones exige un atento discernimiento; hablar de «nueva evangelización» no significa tener que elaborar una única fórmula igual para todas las circunstancias. Y, sin embargo, no es difícil percatarse de que lo que necesitan todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es un renovado impulso misionero, expresión de una nueva y generosa apertura al don de la gracia. De hecho, no podemos olvidar que la primera tarea será siempre ser dóciles a la obra gratuita del Espíritu del Resucitado, que acompaña a cuantos son portadores del Evangelio y abre el corazón de quienes escuchan. Para proclamar de modo fecundo la Palabra del Evangelio se requiere ante todo hacer una experiencia profunda de Dios.«26

2.2.Actitudes internas de la Iglesia

El «éxito» de la segunda evangelización de Europa dependerá mucho de lo que sean la iglesia y los cristianos a quienes corresponde llevar adelante esa tarea. La evangelización implica esencialmente que la Iglesia sea una Iglesia «en oración» y «en escucha contemplativa de la Palabra de Dios»; una Iglesia «convertida»; una Iglesia que dé «testimonio» del Evangelio con la palabra y con la vida, una Iglesia «que sirve». En realidad sólo un Evangelio «testimoniado» de lo que anuncia es creíble.

El testimonio y la vida es el primer nivel de la evangelización, como decía Pablo VI.

La Conferencia Episcopal Española en 1990 escribía que se «precisan, antes que nada, determinadas actitudes interiores: la Iglesia ha de anunciar hoy la Buena Nueva como si se tratase de la primera vez que lo hace en el interior de un pueblo, con toda la fuerza de novedad y de escándalo que se entraña en el Evangelio, con todos los alicientes y con todo el atractivo de una gran empresa; ha de actuar sin temores ni complejos, con sencillez, sin privilegios».27

Por otra parte, decía Juan Pablo II en el VI Simposio de obispos de Europa (Roma, 7-11 oct. 1985) que «se necesitan heraldos del Evangelio expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del hombre de hoy, que participen en sus alegrías y esperanzas, angustias y tristezas, y al mismo tiempo sean contemplativos enamorados de Dios. Por esto son necesarios nuevos santos. Debemos suplicar al Señor para que crezca el espíritu de santidad de la Iglesia y nos mande nuevos santos para evangelizar Europa».28

2.3.Evangelización de presencia y de salida al encuentro de todos.

También este es un principio que se enraíza en la Encarnación y en la Misión de Jesucristo. La presencia y compromiso, así como la misión, ha de ser particularmente especial entre los más necesitados, porque eso es signo inequívoco del seguimiento de Jesucristo. La nueva evangelización no puede encerrarse en «cuarteles de invierno», en el «calor del hogar», de pequeñas y afectivas comunidades, sino que desde ellas se ha de salir a la intemperie, al encuentro, al diálogo, a la escucha del mundo moderno. Escribían también los Obispos españoles en el documento antes citado: «Se trata de llevar el mensaje de Cristo a las entrañas mismas del mundo moderno. Se trata de enseñar a los hombres de la nueva sociedad a creer en Dios que crea y salva. Se trata de iniciarles -en esta era concreta de la técnica y de la planetización- a vivir en alabanza de Dios, con un claro sentido de la fraternidad humana y abiertos a la esperanza de salvación eterna.»29

Hemos de vivir en el mundo, sin ser de él, pero metidos en su corazón, en su tejido social y humano, en su pensamiento y en sus sueños, y a ese mundo, a las personas que lo forman, la Iglesia es enviada a «predicar la conversión, a echar demonios, a ungir con aceite a muchos enfermos y a curarlos» (cf. Mc 6, 13).

2.4.Evangelizar desde la comunidad

Se insiste constantemente en que la nueva evangelización, como la «vieja», es tarea de todos los miembros de la Iglesia. Y podemos decir que no solamente en cuanto acción evangelizadora, sino también como expresión de lo que anuncia. Es patente, incluso para los no creyentes y críticos con la imagen de la Iglesia, que el lenguaje que alcanza más directamente el corazón son los hechos de misericordia y la belleza de esas acciones. El evangelio atrae por su hermosura, Jesús por su «encanto». La Iglesia, las parroquias, las comunidades religiosas y laicales deberían atraer por su «encanto», deberían ser significativas por su vida y su palabra, de manera que quienes viven dentro vivieran «encantados» y a los que están fuera les llegara y participaran de ese encanto.

Estoy casi convencido de que si no hay comunidades vivas, llenas del Espíritu, inmersas como levadura en el mundo, que sean luz en las oscuridades de la sociedad iluminando desde las obras que hacen sentir y glorificar a Dios, formada por todos los «santos» de la comunidad, desde la igualdad en sus diversos ministerios y carismas, serán inútiles una vez más todos los discursos y papeles, todos los Dicasterios y programas. La nueva evangelización ha de comenzar por la propia conversión personal, comunitaria y eclesial. Esas comunidades vivas son las misioneras, las que salen, las que convocan y provocan, las que entran en diálogo y comunión con el mundo. Y estoy convencido, porque es lógico, que tanto las comunidades como la misión es tarea fundamental de los seglares y de las nuevas llamadas a seguir a Jesucristo en nuevas formas de «consagración».

Esta clave evangelizadora tendría que hacernos replantear las estructuras que tiene la Iglesia, (las parroquias, las órdenes religiosas, los movimientos laicales) no nos vuelva a pasar como al comienzo de la «cristiandad», que se metió el vino nuevo en odres viejos, en estructuras cultuales y de pensamiento de otras religiones. Pueda ser que queramos meter este vino nuevo de la evangelización en las estructuras de la vieja cristiandad, en sus cauces evangelizadores que se han visto desbordados y poco capaces. La nueva evangelización necesita personas creyentes, testigos con experiencia de Dios y de los hombres, con creatividad y dinamismo profético. Algunos pesimistas y poco confiados en la fuerza del Espíritu pueden pensar que, como ironiza un dicho español, «ya no estamos para esos trotes».

Hemos de comenzar por nosotros mismos. La nueva evangelización está destinada a «asegurar el crecimiento de una fe limpia y profunda»,30 a recomponer el tejido cristiano de la sociedad humana. Eso presupone que se ha de reconstruir «el tejido cristiano de las comunidades eclesiales» mismas.

Como decía Juan Pablo II: la nueva evangelización está destinada a la «formación de comunidades eclesiales maduras, en las cuales la fe consiga liberar y realizar todo su originario significado de adhesión a la persona de Cristo y a su Evangelio, de encuentro y comunión sacramental con Él, de existencia vivida en la caridad y en el servicio».31

2.4. Evangelizar con estilo misionero, de cercanía, en comunión con el pueblo, en anuncio gozoso y liberador del evangelio. Ser siempre buena Noticia.

Despertar la fe es un verdadero reto para la iglesia. El panorama religioso actual nos obliga a presentarnos con menos instrumentos y medios, y más equipados de experiencia religiosa, de vivencia e intimidad con el Señor Jesús (cf. Mc 6, 7-12). No podemos competir en medios con los que la publicidad ofrece y no anunciamos por tener más, sino por ser mejores oyentes de la Palabra de Dios.

El estilo misionero indica apertura, valentía (parresía), ser de Dios para ser de los pobres, de las personas que necesitan también a Dios, aunque no sean conscientes de ello. Ser misionero es salir al encuentro de los que huyen por el camino de Emaús, actuar con misericordia de los asaltados en el camino de Jerusalén a Jericó, es ser persona de las bienaventuranzas y, para nosotros particularmente, es estar con los pobres con sencillez, humildad, mortificación, mansedumbre y pasión por su salvación.

2.5.Lenguaje adecuado y comprensible para anunciar el Evangelio

También fue Pablo VI quien dijo que al testimonio le sigue el anuncio. Que a la pregunta que provoca nuestra vida, podamos responder anunciando a Jesucristo. Y esto hacerlo con lenguaje comprensivo, sirviéndonos de todos los medios de comunicación, desde la palabra, fundamental siempre, hasta los actuales cauces de comunicación en la red, como nos recordaba el Superior General en su carta del 13 de enero de 2011, La Congregación no es ahora lo que era antes; ni lo que será un día, que concluía con una cita de Juan Pablo II: «Aunque la realidad virtual del ‘ciber espacio’ no puede sustituir de verdad una comunicación interpersonal, la realidad encarnada de los sacramentos y la liturgia o la proclamación inmediata y directa del evangelio, sin embargo puede completarla, puede atraer a la gente a una experiencia de vida de fe más profunda y puede enriquecer la vida religiosa de los que la utilizan».

Fijándonos en Jesús de Nazareth, cómo habla a las gentes en su «lengua», en su experiencia, con relatos/parábolas que entran en su concepción de la vida, con imágenes y gestos que superan la lógica, también en este momento la nueva evangelización tiene que utilizar el lenguaje de las personas a las que se evangeliza, debe estar en sintonía con su mentalidad. Una palabra que toque el corazón, que mueva a vivir, que entre en «sintonía», que esté «conectado». Un lenguaje que unas veces escandalice y otras consuele. Pero siempre un lenguaje en «la misma frecuencia» de quien escucha. Los nuevos evangelizadores, como los misioneros que van a tierras del tercer mundo y deben aprender su lengua, también ahora se necesitan misioneros políglotas, sabiendo que la lengua universal es el amor, que conozcan la lengua y el dialecto de las personas a las que va a servir y anunciar a Jesucristo, y no me refiero solo a la lengua hablada, sino a la lengua cultural, mediática, emocional, vivencial. Por otra parte, no nos tiene que angustiar cómo conectar, especialmente con los jóvenes, porque si hay algo en nuestro mensaje, en nuestras comunicaciones, en nuestra vida que interese, que sea bello o atractivo, serán ellos quienes conecten con nosotros.

2.6.Evangelizar con la Palabra, el Servicio, la Comunión y la Celebración gozosa de la salvación

No podemos olvidar, finalmente, que la Iglesia es sacramento del Reino de Dios y que se expresa, como hemos recordado hace un momento las palabras de Juan Pablo II, por medio de los sacramentos. Pero hemos de recordar también que la vida sacramental es culmen de un proceso de fe. La Iglesia convoca y anuncia cuando sus manos son, como las de Jesús, servidoras, dispuestas para tocar al leproso y lavar los pies a los discípulos; cuando anuncia de forma comprensible el misterio de la salvación en Jesucristo, rompiendo esquemas preconcebidos o desvirtuados de la fe cristiana; cuando vive en comunión fraterna, en corresponsabilidad de tareas y ministerios; y, finalmente, cuando celebra todo ello en Eucaristía, en sacramentos, en oración. La evangelización se sostiene en estos cuatro pilares.

Conclusión

Nadie tiene la receta para estos tiempos. Lo decía con claridad el mismo Juan Pablo II: «No nos satisface la ingenua convicción de que haya una fórmula mágica para los grandes desafíos de nuestro tiempo. No, no será una fórmula lo que nos salve, pero sí una Persona y la certeza que ella nos infunde: ‘Yo estoy con vosotros’».32 Y decía que «nos espera una apasionante tarea de renacimiento pastoral». El Papa esperaba que esta pasión por una nueva evangelización suscitaría «en la Iglesia una nueva acción misionera que no podrá ser delegada a unos pocos ‘especialistas’, sino que acabará por implicar la responsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios».33

 

BENEDICTO XVI, Cristianos, que la sal no se vuelva sosa, Homilía pronunciada en Lisboa el 11 de mayo de 2010.

  1. Cfr. Jakub Blaszczyszyn, SDV, Experiencias, perspectivas y esperanzas para la Vida Religiosa en Europa oriental, Asamblea Semestral de la Unión de Superiores Mayores, 2010.
  2. CEE, Testigos del Dios vivo, n. 53.
  3. Cfr. CEE, Plan de Acción Pastoral para el Trienio 1990-1993, n. 2.
  4. Asamblea General de la CM 2010, Fidelidad creativa para la Misión. 2010-2016, Línea de Acción 4: La creatividad en los Ministerios, 4.7.
  5. BENEDICTO XVI, Homilía en las Vísperas de la fiesta de los Apóstoles San Pedro y San Pablo. Fuente: www.vatican.va, 30 de junio de 2010.
  6. BENEDICTO XVI, Audiencia del 24 de marzo de 2007.
  7. Cfr. Wilhelm STECKLING, La Vida Religiosa en Europa. Hacia orientaciones concretas, Conventus Generalis. Unione Sujperiori Generali, Roma 2010
  8. BENEDICTO XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2011: «La libertad religiosa, camino para la paz«. Roma, 16 de diciembre de 2010.
  9. JUAN PABLO II, Exhortación apostólica Iglesia en Europa, n.9.
  10. José María BAUTISTA, Todo ha cambiado con la Generación Y. 40 paradigmas que mueven el mundo, en «Frontera-Hegian» 71 (2010) 15.
  11. Cita tomada de Wilhem STECKLING, art.cit.
  12. Cfr. BENEDICTO XVI, Carta Apostólica en forma de Motu Proprio Ubicumque et semper, Castelgandolfo, 21 de septiembre de 2010.
  13. BENEDICTO XVI, Cristianos, que la sal no se vuelva sosa, Homilía pronunciada en Lisboa el 11 de mayo de 2010.
  14. JUAN PABLO II, en su peregrinación a Santiago de Compostela, el 9 de noviembre de 1982, en Insegnamenti di Giovanni Paolo II, V/3 [1982] 1260.
  15. JUAN PABLO II, Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de Europa, 1986, AAS 78 (1986) 454-457.
  16. JUAN PABLO II. Discurso a la Asamblea del CELAM en Haití, 1983.
  17. Cfr. JUAN PABLO II, Exhortación apostólica Iglesia en Europa, n. 46.
  18. Cfr. Fernando SEBASTIÁN, Evangelizar, Ediciones Encuentro, 2010, Madrid, pp. 24-38.
  19. BENEDICTO XVI, Homilía en las Vísperas de la fiesta de los Apóstoles San Pedro y San Pablo. Fuente: www.vatican.va, 30 de junio de 2010.
  20. Mons. Rino FISICHELLA en la presentación del Motu Proprio Ubicumque et semper, Roma, 12 de octubre 2010, en «El Dia.es», edición digital.
  21. Cfr. José Antonio PAGOLA, Claves para la evangelizacvión misionera en la sociedad actual. Ensayo de búsqueda. Fuente: www.sanvicentemartirdeabando.org/pagola.
  22. J. L. SOULETIE, La crise, une chance pour la foi, L’Atelier, París 2002, 45.
  23. Cfr. J. L. MARION, El ídolo y la distancia. Cinco estudios, Sígueme, Salamanca 1999.
  24. JUAN PABLO II, Carta apostólica Novo MillennioIneunte, n. 40.
  25. P. COSTE (ed.), San Vicente de Paúl. Obras completas, Ed. Sígueme, Salamanca, 1972, I, 274.
  26. BENEDICTO XVI, Carta Apostólica Ubicumque et semper.
  27. CEE, Impulsar una nueva evangelización. Plan de Acción Pastoral para el Trienio 1990-1993, n. 5.
  28. JUAN PABLO II, Discurso al VI Simposio de Obispos de Europa, Roma, 11 octubre 1985.
  29. CEE, Impulsar una nueva evangelización. Plan de Acción Pastoral para el Trienio 1990-1993, n. 6.
  30. Cfr. BENEDICTO XVI, Carta Apostólica Ubicumque et semper; JUAN PABLO II, Christifideles Laici, n. 34.
  31. JUAN PABLO II, en Insegnamenti di Giovanni Paolo II, II/I [1979] 34.
  32. JUAN PABLO II, Novo Millennio Ineunte, n. 29.
  33. Ibidem, n. 40.

One Comment on “La nueva evangelización en Europa”

  1. Hola. Lo más importante es nuestra experiencia íntima con Jesús, tener la experiencia ďel Tesoro del Reino de los Cielos y comunicarlos. Un Santo dijo que lo que se hable de Jesús ha de ser la punta de un iceberg de oración. Compartir a Jesús en El día a día. Oro por Europa. Nuestra angustia no ha de ser las iglesias vacías sino las almas perdidas. El incendio de Notre Dame es señal de Dios de no atarnos a muebles «tesoros» del mundo. No teman Jesús está con nosotros hasta el fin de los tiempos

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