La Misión Vicenciana y la Parroquia de los itinerantes en Irlanda

Francisco Javier Fernández ChentoFormación Vicenciana, Misiones «Ad gentes»Leave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Frank Murphy, C.M. · Traductor: Teodoro Barquín, C.M.. .
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La parroquia de itinerantes[note]Nota del traductor. El original inglés utiliza las expresiones “travelling people” y “settled” para diferenciar y referirse a las comunidades y grupos de personas de los que escribe. Casi siempre traducimos “travelling people” por “itinerantes” y “settled” por “residentes”.[/note] fue fundada en 1980 por el arzobispo Ryan para responder a las necesidades pastorales de las personas itinerantes en la archidiócesis de Dublín. Como la diócesis no tenía personal, el arzobispo acudió a una congregación para que asumiera la responsabilidad de la administración de esta parroquia especial. La provincia de Irlanda consideró esta obra como una oportunidad para trabajar con la comunidad itinerante cuyos componentes han sido y son “la minoría más discriminada del país”, según descripción de la Conferencia Episcopal de Irlanda. La provincia nombró a un cohermano párroco y a otro coadjutor. A este equipo se añadieron después dos catequistas, una Hija de la Caridad, un Hermano de las Escuelas Cristianas y dos secretarias parroquiales.

I. La Comunidad itinerante en Irlanda

a) Cultura

La comunidad itinerante en Irlanda es una minoría étnica que, según fuentes históricas, ha formado parte de la sociedad irlandesa durante muchos siglos. Aunque los itinerantes tienen mucho en común con los gitanos europeos, sin embargo, son distintos, por ejemplo, en cuanto al estilo de vida nómada. Comparten una larga historia, un sistema de valores, lenguaje, economía y tradición nómada que les constituye en un grupo étnico distinto. La vida familiar es muy valorada por los itinerantes. Muestran preferencia por vivir juntos, en grupos de familias particulares. Esta cultura itinerante perdura, crece y se transmite al futuro en y a través de la estructura familiar. En Irlanda existen alrededor de 29.000 itinerantes (aproximadamente 5.000 familias) de los que 50% tienen menos de 15 años.

b) Discriminación

Los itinerantes viven la realidad diaria de sus vidas en un país que les discrimina como individuos y como grupo. Apenas tienen acceso a los bares, hoteles, peluquerías, discotecas, etc. Viven en las cercanías de los supermercados y, si a alguno se le da una casa en una urbanización estatal, los vecinos obstaculizan su entrada en las viviendas y les fuerzan a marcharse a otro lugar. No han vivido la experiencia de ser tratados como ciudadanos iguales a los demás. Un sociólogo irlandés dijo en un estudio reciente: “Los prejuicios del pueblo irlandés contra los itinerantes son semejantes a los de la discriminación racial”.

c) Alojamiento

El acceso a un alojamiento apropiado y digno es un derecho humano fundamental. Sin embargo, más de 1.200 familias itinerantes (unas 7.000 personas) no disponen en Irlanda de servicio, agua, electricidad y recogida de basura. Muchos otros viven en lugares con construcciones muy pobres, mal administrados, superpoblados y al actualmente sin los servicios más básicos, debido a su mal estado. En 1995, el gobierno prometió que, para el año 2000, todo itinerante podría contar con una vivienda digna gracias a un plan de construcción de unas 3.100 nuevas unidades de alojamiento. En los cinco años pasados, sólo se han entregado 136 nuevas viviendas. Y esto a pesar de que en estos años Irlanda ha experimentado el desarrollo económico más alto de la Comunidad Europea, fenómeno conocido comúnmente como el “tigre celta”.

d) Sanidad

Los itinerantes padecen un constante riesgo de sufrir problemas de sanidad debido a las condiciones desfavorables en que viven. Las estadísticas sobre la expectativa de vida son alarmantes:

  • El índice de los nacidos muertos, entre los itinerantes, supera en más del doble el mismo índice nacional.
  • El índice de mortalidad infantil es tres veces mayor que el índice nacional.
  • Sólo 1 de cada 20 itinerantes vive más de 50 años.
  • Los varones itinerantes viven un promedio de 10 años menos que los hombres residentes
  • Las mujeres itinerantes viven un promedio de 12 años menos que las mujeres residentes

e) Economía

En el pasado, los itinerantes eran gente rural cuya economía se basaba en oficios de herreros, ganaderos temporales, molineros, vendedores ambulantes, componedores, músicos y feriantes. Hoy día, el empleo autónomo, la flexibilidad, el nomadismo y la transmisión de habilidades tradicionales a través de la familia son factores que invitan al itinerante a trabajar en el comercio ambulante, la chatarrería, los arreglos de caminos y los negocios de antigüedades. Aunque la economía irlandesa ha sido la que más ha crecido en la Comunidad Europea, la comunidad itinerante, como grupo, no se ha beneficiado de este crecimiento.

II. Historia y desarrollo de la Parroquia

La parroquia ha crecido en este contexto y se ha desarrollado como respuesta a estas necesidades. La visita pastoral de sus emplazamientos, la celebración de los sacramentos, la atención pastoral general y, especialmente, para responder a las situaciones de grave crisis ha constituido la mayor parte del trabajo de la parroquia en sus ocho primeros años tras su fundación bajo la dirección del P. Michael McCullagh, C.M. En el desarrollo de estas actividades ha ido surgiendo una imagen clara de las serias necesidades de los itinerantes; tales como alojamiento, sanidad, empleo, desarrollo personal, educación de adultos, etc. La relación que se ha establecido con los itinerantes mediante la atención pastoral hacia ellos ha sido la base de la razón de ser de la parroquia.

Durante los diez primeros años, la oficina parroquial tuvo su sede en un edificio llamado “Exhange House”, que era a la vez la casa del Comité de Itinerantes de Dublín. El cuidado de los niños itinerantes “drogadictos” de las calles de Dublín fue fundamental en los primeros días de la parroquia, pues estos niños residían en la misma “Exchange House”. En 1989, la diócesis decidió vender el inmueble lo que significó que había que buscar otro local para la oficina parroquial. Como la parroquia estaba muy ligada al Comité de Dublín, el cambio a un local independiente fue un paso radical y, para los implicados, algo muy penoso. Sin embargo, bajo la dirección del entonces párroco, P. Sean Farrel, C.M., el traspaso al nuevo local en San Cook abrió camino a una nueva fase de desarrollo y de crecimiento.

a) Nuevos locales, nuevas direcciones

La parroquia de itinerantes se independizó y se afincó en sus propios locales de la Casa de San Lorenzo. Poner la nueva parroquia bajo el patrocinio de San Lorenzo simbolizaba su identidad católica y también significaba que su ministerio se extendía a toda la diócesis. El cambio dio a la parroquia la oportunidad de establecer su identidad haciéndose independiente del Comité de Itinerantes de Dublín. Se produjeron varias mejoras importantes hechas posibles en aquel momento especialmente por coincidir con el desarrollo y la ampliación del equipo parroquial con dos catequistas más y una Hermana.

El equipo parroquial se encontraba ahora en posición de regirse según su propio parecer. Se dio cuenta de que el objetivo de la parroquia era, mediante el aprecio y el apoyo a la cultura itinerante, ayudar a los itinerantes a crear una comunidad cristiana fuerte y desarrollar su propia fe desde su propia cultura. Los miembros de la parroquia que, en 1990, fueron a Roma para el Encuentro Internacional de Pastoral de Itinerantes, oyeron al Papa Juan Pablo II decir: “Vosotros habéis llegado a interesaros de manera especial por los itinerantes. Completad el trabajo de conocerlos y de que se les reconozca como son en realidad, y no como tan injustamente se imagina que son. Estudiad su historia, su psicología, su lenguaje. Compartid sus alegrías y sus sufrimientos. A este precio es al que vosotros podéis ayudarles a que se les oiga en la Iglesia y en el mundo”. Nuestro trabajo de ayuda a la comunidad itinerante tomó nuevas dimensiones al volver de Roma con este mensaje.

b) Una postura más agresiva y favorable hacia los itinerantes.

El traslado facilitó también al equipo parroquial su trabajo con los itinerantes que habían experimentado y aún experimentaban discriminación, racismo, prejuicios y en algunos casos adicción. El equipo parroquial se encontraba ahora muy a gusto, trabajando en colaboración con los itinerantes y con algunas de sus organizaciones. Como ejemplo de ello, mencionamos la “peregrinación a pie”, que trata de estudiar la cultura, temas de fe y de justicia social y que ahora es un acontecimiento anual. Todo esto ha hecho posible que la parroquia tome una postura más agresiva y más favorable y apoye el creciente reconocimiento de los itinerantes como grupo étnico nómada.

Gracias a un fondo del gobierno, se ha podido realizar un proyecto para estudiar la fe y las costumbres de los itinerantes. Los mismos itinerantes han realizado trabajos de investigación y han escrito un libro titulado “Envueltos en el manto de Dios”, en el que estudian la fe de los itinerantes respecto al bautismo, la confirmación, la comunión, el matrimonio, los funerales, etc. Posteriormente, han publicado otro libro sobre “Las drogas y la comunidad itinerante”.

c) Proyectos pilotos y publicaciones

El trabajo por ayudar a crear puentes entre el abismo existente entre los itinerantes y la sociedad civil y un proyecto piloto en el Instituto Marino de Educación para maestros aprendices ha culminado en la publicación de “¿Nos conoces?”. Todo esto se ha desarrollado posteriormente y se han celebrado diversos talleres de trabajo anuales en Maynooth College (el seminario nacional) y en All Hallows College para ayudar a quienes han de estar comprometidos pastoralmente con la comunidad itinerante a fin de tener un conocimiento de la cultura itinerante.

La preparación de programas de educación religiosa adaptados a su cultura para el uso en las escuelas ha sido el objetivo permanente de los cuatro catequistas de la oficina parroquial. Esto dio como resultado la publicación del libro titulado “Programa coordinado para la primera comunión, confesión y confirmación con hojas de trabajo”. El programa de educación religiosa para los Centros de Formación Profesional para Itinerantes son los únicos materiales culturalmente apropiados que existen.

III. Mi Llegada a la Parroquia

Una nueva fase de Consolidación

En 1995, cuando fui nombrado párroco sucediendo a Sean Farrell, comenzó otra nueva fase de desarrollo y crecimiento. Como en la fase anterior, esto requería sacrificio, ya que tendrían que introducirse nuevas estructuras para facilitar este nuevo desarrollo. Apenas asumí la dirección, surgieron inmediatamente un buen número de temas:

a) La función nacional de la parroquia

La publicación del Informe sobre la Comunidad Itinerante elaborado por un grupo de trabajo gubernamental, en julio de 1995, justo un mes después de mi toma de posesión como párroco, me ayudó a percibir que la parroquia tenía un cometido nacional, especialmente en relación con la Iglesia, pues nosotros éramos el único grupo eclesial a tiempo completo que trabajaba con la comunidad itinerante. El grupo de trabajo gubernamentel declaraba que “la mejora de las relaciones, por medio de la comprensión y el respeto mutuo, entre las comunidades itinerantes y residentes requiere un reajuste de las actitudes mutuas y una aceptación de la cultura ajena… El grupo de trabajo cree que los grupos eclesiales tienen que jugar un papel importante en este campo, especialmente en la mejora de relaciones entre la población itinerante y la residente”. Así que, pocas semanas después de llegar, escribí a la Conferencia Episcopal pidiendo a los obispos que diesen una respuesta a esta publicación de gran trascendencia para la comunidad itinerante. Esta función nacional habrá de desarrollarse en el futuro.

b) Estrategia con las parroquias locales. Estimular recursos versus servicio

Desde el principio ha habido cierta tensión entre el concepto de la parroquia personal especial y la parroquia local, y entre el papel de los servicios frente al de la capacitación de los itinerantes. Poco a poco, he visto con claridad que tenemos que trabajar más con las parroquias locales. Como parroquia especial, teníamos una puerta de entrada en la vida de otras 200 parroquias de la diócesis de Dublín, cosa que ningún otro grupo itinerante ha tenido. A largo plazo, era crucial para los itinerantes poder ser considerados y aceptados como miembros iguales que los vecinos residentes de su parroquia local. Sólo entonces, podrían crearse unas relaciones que tuvieran como resultado un verdadero cambio de actitudes, al llegar ambas comunidades a comprenderse mejor. Era claro que debíamos ser menos visibles para que el párroco local y su equipo tuvieran mayor protagonismo con los itinerantes. Siempre que celebrábamos una boda, un funeral o un bautismo en una parroquia local impedíamos al sacerdote local y al equipo parroquial crear una relación muy útil con los itinerantes de su parroquia. Algunos equipos parroquiales vieron esto claramente; otros no, y nos veían como las personas responsables de los itinerantes (punto débil de una parroquia especial que posibilita a las personas evadir responsabilidades). Esto se aplicaba a todas las dimensiones de nuestro trabajo: por ejemplo, era mejor que un miembro de la parroquia local instruyese a un niño para la primera comunión a que lo hiciese un catequista de la parroquia especial, pues el niño y su familia están íntimamente ligados a las estructuras de la parroquia local. Siempre que fuese posible, los sacerdotes y catequistas de la parroquia especial tendrían que capacitar y ayudar más que realizar ellos mismos los servicios.

c) Hacer de la parroquia una fuente de capacitación

Una reflexión más profunda nos ha conducido en los últimos años a centrar nuestra atención en la parroquia personal como movimiento para enriquecer a las parroquias locales, equiparando la participación de los itinerantes, a nivel local, a la de cualquier otro miembro de la parroquia. La idea de considerar este tipo de parroquia personal como una organización cuyo primer objetivo sea llegar a ser una fuente de capacitación para las parroquias locales a fin de implicar a los itinerantes en las actividades de las parroquias locales surgió en las reuniones de nuestros equipos parroquiales como medio eficaz para promover la implicación y representación de los itinerantes en la vida de la Iglesia.

d) Proporcionar más recursos

Proporcionar directrices a las parroquias locales sobre la formación de personal, etc. es hoy día un centro de interés importante en el trabajo por obtener recursos de nivel y utilidad local. Éstos incluyen la producción de un vídeo sobre la fe de los itinerantes titulado “La luz interior”, la elaboración de una exposición fotográfica itinerante sobre la “Cultura, fe, discriminación y alojamiento de los itinerantes” etc, la producción de un “Vídeo de preparación al matrimonio” con escenas escritas e interpretadas por itinerantes y la breve publicación de “La experiencia de la muerte en la comunidad itinerante”, que describe sus ricas costumbres y tradiciones en torno a la muerte y las compara con las de los Indios de América del Norte y las de las culturas nómadas aborígenes. Enriquecer la enseñanza de la Iglesia institucional sobre los itinerantes constituye una parte importante de nuestro trabajo en la actualidad y, en colaboración con otras organizaciones nacionales en favor de los itinerantes, estamos preparando un documento sobre la Comunidad Itinerante que será publicado el próximo año por la Conferencia Episcopal de Irlanda. La tensión entre proporcionar una atención pastoral, en el contexto establecer relaciones con los itinerantes y responder a sus necesidades, y el creciente perfil de la parroquia personal como una organización nacional que juega un papel a la hora de enriquecer a las parroquias locales constituye una constante preocupación del equipo parroquial y es algo en lo que intentamos mantener el equilibrio.

IV. Servicio ministerial en colaboración

Bajo la dirección de Sean Farrell, la parroquia intentó desarrollar un modelo de colaboración para trabajar en equipo. Sean había asentado los gruesos trazos de un modelo de colaboración en lo que se refiere a la dirección de la parroquia y a la toma de decisiones. En sus últimos años, muchos itinerantes consiguieron empleo a través de programas de trabajo patrocinados por el gobierno. Al mismo tiempo, se obtuvieron fondos para emplear a dos catequistas más. El equipo parroquial, que al principio era casi en su totalidad vicenciano, (dos sacerdotes paúles, una Hija de la Caridad y un Hermano de las Escuelas Cristianas) después estaba compuesto por religiosos y laicos indistintamente. Nuevos retos y tensiones surgieron como consecuencia de todos estos cambios. En especial, una reto de grandes dimensiones se presentó a los miembros residentes del equipo parroquial al afrontar la tarea de emplear a los itinerantes. Dado que el personal de la oficina parroquial se componía principalmente de personas residentes, los esfuerzos por incluir itinerantes en la vida de la oficina parroquial y, sobre todo, en el ámbito de la toma de decisiones se convirtió en una preocupación creciente en la misión de la parroquia. La implicación real de itinerantes en la parroquia experimentó un nuevo paso en 1999, cuando Cathleen McDonagh se graduó en teología en All Hallows College y se incorporó a tiempo completo al grupo de empleados. Para mí, el empleo de un itinerante como un teólogo profesional es un hecho muy significativo y que espero tenga gran repercusión para comprender y expresar la fe y las creencias de los itinerantes.

a) Los retos del trabajo en colaboración.

El éxito del trabajo en colaboración se construyó sobre las buenas relaciones personales. Un equipo de trabajo de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales dijo en “El signo que damos” (The Sign We Give) sobre el ministerio en colaboración: “Las personas que desean trabajar en colaboración necesitan un fuerte sentido de su propia identidad, madurez emocional y un deseo de mutua confianza y compromiso… En ocasiones, las relaciones entre los que trabajan en colaboración se desmoronan. Esto sucede por una comunicación deficiente, malentendidos, temperamentos diferentes, falta de sensibilidad y otras debilidades humanas… Cuando sucede esto, sea en una parroquia o en un equipo, se gasta mucho tiempo y energías en arreglar las cosas”. Aunque existía una entusiasmo por trabajar en colaboración, los factores necesarios para ello no estaban presentes. Nuestro intento por trabajar en colaboración ha supuesto una penosa lucha para todo el equipo, pero ahora veo que, tras cuatro años, se ha producido un gran crecimiento para la mayoría de los miembros del equipo. Esto ha sido a costa de mucho tiempo y energía, pero se han obtenido resultados muy positivos en la formación para el ministerio, sea dentro de la parroquia y fuera de ella.

b) Tiempo para el pragmatismo

El deseo de compartir la toma de decisiones es un resultado natural del trabajo en colaboración. Sin embargo, esto suscitaba sus propias dificultades porque, antes de iniciarse este proceso de colaboración, no se habían definidos claramente los límites en cuanto a la responsabilidad en la toma de decisiones. Existía la expectativa idealista de que todas las decisiones podrían ser tomadas por todos los miembros del grupo. Como resultado de ello y tras consultar al equipo, contraté a dos asesores en “relaciones familiares” para que trabajasen con el equipo, hicieran un informe sobre el personal de la oficina parroquial y nos hicieran algunas recomendaciones para el futuro. Estos asesores prologaron su informe describiendo las diferentes “Mentalidades, Ideologías, Marcos de referencia”que configuraban el modo de actuar de los implicados en la parroquia y los relacionados con ella.. Su conclusión era: “… existe una amplia variedad de opiniones en la parroquia. Esto debería considerarse como una fuente de riqueza. Sin embargo, parece que esto conduce a una notable fragmentación porque no parece existir un mecanismo por el que pueda obtenerse fácilmente la cohesión… En nuestra opinión, en esta situación, se necesita cierto pragmatismo en la parroquia”. Estamos experimentando lo que los grupos parroquiales de cualquier parte han experimentado y están experimentando; a saber, que hombres y mujeres, laicos y clérigos y, en nuestro caso, itinerantes y residentes, proceden de distintos orígenes y tienen diferentes mentalidades y que intentar y llegar a conseguir una visión común requiere mucho trabajo.

A partir de este informe, he adoptado un enfoque pragmático para el liderazgo propuesta y así mi estilo de dirección ha sido más consultivo, centrado en lo que funciona. Las decisiones estratégicas ahora son discutidas por todo el personal. Las decisiones se basan en una amplia consulta e intento llegar al mejor enfoque aplicable a la situación. Creo que esto ha tenido éxito y que la parroquia ha progresado y crecido. Se han creado condiciones correctas para que las personas asuman el liderazgo en diversos campos y eso es alentador. Existe, además, un deseo de caminar hacia una atmósfera más abierta y de confianza. Ahora es posible comenzar a trabajar en un modelo de dirección más realmente colaborativo.

c) Trabajando en unión con otras organizaciones de itinerantes

La parroquia está fuertemente comprometida en trabajar en unión con otras organizaciones y personas que trabajan con itinerantes. Al intentar crear una sociedad más justa donde los itinerantes sean aceptados como ciudadanos iguales, hemos visto la necesidad de trabajar en colaboración con otras organizaciones de itinerantes. Trabajar en cadena con otras organizaciones de itinerantes, tales como el Movimiento irlandés de itinerantes y el Foro nacional de mujeres itinerantes, etc., ha fomentado el intento y la consecución de cambios efectivos y de estructuras promotoras de justicia en diversos niveles: jurídicos, relacionales y sociales. Esto ha añadido otra dimensión al trabajo de la parroquia. El año pasado, la parroquia de la comunidad itinerante tomó la iniciativa de invitar a otras tres organizaciones nacionales de itinerantes (Movimiento Irlandés de Itinerantes y el Pavee Point y el Foro Nacional de Mujeres Itinerantes) para, en colaboración, presionar al Gobierno a fin de que éste destinase dinero a una campaña de publicidad para promocionar a los itinerantes como grupo étnico. El éxito fue rotundo y el Gobierno concedió un millón de libras irlandesas para un período de tres años. Este programa se llama actualmente “Citizen Traveller” (Itinerante ciudadano) y tiene por objetivo ayudar a que los irlandeses reconozcan y acepten a los itinerantes como una minoría étnica diferenciada, con los mismos derechos que cualquier otro ciudadano irlandés.

V. La misión

Para responder a la experiencia de vivir en relación con los itinerantes y con sus necesidades concretas, la misión de la parroquia incluye:

  • Solidaridad. La parroquia se sitúa en solidaridad con los itinerantes ofreciéndoles servicios culturalmente adaptados. La justicia es la preocupación fundamental para una parroquia que atiende a personas que viven en los márgenes de una sociedad que no acoge a los itinerantes “con mucho agrado” (palabras dichas a los niños itinerantes en el bautismo). La parroquia, en su trabajo, comenzó a concentrarse en una respuesta más profunda a la llamada del mensaje evangélico en pro de la justicia, haciendo eco, en su misión, de las palabras del Papa Juan Pablo II cuando dijo que “toda discriminación contra los itinerantes es injusta y cruel porque va claramente contra las enseñanzas del Evangelio, que nos dice que toda persona es hijo de Dios, hermana o hermano de Cristo”.
  • Comunidad cristiana constructiva. Creemos en la posibilidad de que la comunidad la itinerante y la residente sean el pueblo peregrino de Dios que camina unido en confianza y dignidad, dando testimonio del Reino de Dios. Para conseguir este objetivo, la parroquia favorece y desarrolla una comunidad cristiana constructiva creando buenas relaciones entre itinerantes y residentes y estimulando a la comunidad creyente residente sobre su respectivo papel a la hora eliminar esta opresión para que los itinerantes no sigan testimoniando su fe en el Reino en lugares aislados y al margen de la sociedad.
  • Fe. La fe del itinerante sigue siendo, a lo largo de generaciones, un rasgo de su cultura y de su modo de vida. Para los itinerantes, la fe es parte de su cultura y su forma de vida, que brota desde dentro y se expresa en todos los aspectos de su vida diaria. El trabajo de la parroquia incluye el ofrecimiento de servicios tradicionales y culturalmente adaptados, tales como, la atención pastoral, las visitas, la celebración de los sacramentos y la oportunidad para el desarrollo de su fe. La cultura del itinerante es una entidad dinámica, nunca estática. Hay que admitir que las expresiones de fe de los itinerantes también se encuentran en un proceso de cambio.
  • Identidad étnica. La parroquia trabaja en colaboración con los itinerantes para asegurar que su específica identidad étnica sea valorada y reconocida. Para obtener esto, la parroquia constantemente reflexiona sobre: 1) cómo enriquecer la espiritualidad cultural de esta minoría étnica, y 2) cómo organizar actividades antirracistas en el nivel parroquial.
  • Parroquias locales. La parroquia anima y capacita a los líderes eclesiales y a las parroquias locales para que incluyan activamente en su respectiva iglesia local a las personas itinerantes como feligreses de idéntica categoría a la de los demás parroquianos. Esperemos que iniciativas como la actual exposición fotográfica, por ejemplo, ayude a desarrollar relaciones sanas entre estos dos grupos de personas. Este aspecto se ha convertido en uno de los principales centros de atención de la misión de la parroquia en los últimos cinco años.

VI. La Misión Vicenciana

En 1986, en Roma, el Papa Juan Pablo II se dirigió a los delegados de la 37ª Asamblea General diciendo: “buscad ahora más que nunca con fortaleza, humildad y habilidad las causas de la pobreza y recomendad soluciones a corto y a largo plazo; soluciones concretas, eficaces y prácticas. De esa manera, trabajaréis en favor de la credibilidad del Evangelio y de la Iglesia”.La provincia de Irlanda ha sido capaz de hacer exactamente esto mediante la Parroquia de Itinerantes. Como Vicente de Paúl, los miembros de la provincia de Irlanda que han tenido el privilegio de trabajar con la comunidad itinerante no han sido llamados a llevar a Cristo a los itinerantes, sino a encontrar y a hacer visible a Jesucristo que ya está presente allí de manera muy real. Mediante nuestro trabajo con la comunidad itinerante, nos encontramos con personas que sufren discriminación y prejuicios en los márgenes de la sociedad irlandesa. Trabajamos en solidaridad y juntamente con la comunidad itinerante en sus luchas por la libertad. Luchamos con ellos de manera que sus luchas se conviertan en las nuestras. A distintos niveles, intentamos cambiar las estructuras sociales, económicas y políticas y también las actitudes de opresión.

Para mí, éste ha sido el período más estimulante y enriquecedor de mi vida en la Congregación. He sentido que, a través de la parroquia y a nivel personal, he sido capaz de cambiar hacia algunas personas individuales y de cambiar de actitudes en un nivel más general. Me he encontrado con personas que diariamente han sufrido opresión al tener que afrontar sus propias tragedias personales (enfermedad, muerte, incendios, condiciones indignas de vida) y he visto “el rostro de Cristo”, y esto me ha hecho más humilde y más humano.

La comunidad itinerante está viva en la actualidad. Todo es muy inmediato y, en consecuencia, uno se encuentra con imprevistos en todo cuanto ocurre. He tenido que responder con una breve nota a peticiones, muertes, tragedias; he tenido que hacer entrevistas en los periódicos, la radio y la televisión. Todo esto me ha enriquecido y me ha ayudado a crecer como persona. Como líder del equipo parroquial, me ha servido de reto para aumentar mis aptitudes de liderazgo. Siempre me he exigido a mí mismo y a los otros para reflejar lo mejor de lo somos capaces. He tenido que afrontar muchas luchas y conflictos dentro del equipo. Esto ha sido un verdadero desafío y estoy contento al ver que, a lo largo de estos años, se ha realizado un gran avance. El asumir la responsabilidad de la atención pastoral de la Comunidad Itinerante en la diócesis de Dublín ha hecho que el espíritu de San Vicente esté mucho más vivo y espero que, en el futuro, este espíritu llegue a encarnarse en los miembros de la comunidad itinerante.

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